Bachillerato “Puños de Libertad”. Parte III

por Mauro Conte

Educación Popular en tiempos de pandemia

El presidente Alberto Fernández establece a partir del 16 de Marzo de 2020 el Aislamiento social preventivo y obligatorio llamando a cuarentena en el contexto de la pandemia del COVID-19 con la consecuente suspensión de las clases presenciales en todo el país, afectando a todos los niveles educativos, primarios, secundarios y universitarios. La necesidad de una continuidad pedagógica por medio de la enseñanza virtual deja más preguntas que respuestas en la construcción de la educación popular y las posibilidades de acceso a las tecnologías con que cuentan los estudiantes.

Ante la imposibilidad de las clases presenciales, los docentes del bachillerato envían las tareas de las respectivas materias mediante las redes sociales, y de esta manera tienen cierto intercambio de enseñanza-aprendizaje, dándole mayor importancia a trabajar en el acompañamiento emocional y afectivo.

Reconocimiento

Las consecuencias que provoca la pandemia COVID-19 en términos económicos, afecta particularmente a la población que concurre a los bachilleratos populares, teniendo como dificultad el acceso a las herramientas tecnológicas para una transitoria continuidad pedagógica.

Lucas Stratico es profesor del bachillerato y nos cuenta la actividad que realiza el espacio colaborando con una olla popular para paliar las necesidades alimentarias de la gente del barrio, que se ve impedida a raíz de la cuarentena de salir a trabajar, ya que la mayoría de la población son trabajadores informales que ahora ven suprimidos sus ingresos.

“Desde principios de Mayo estamos colaborando en el comedor del FOL (Frente de Organización  en Lucha). A la gente del FOL la conocemos al compartir el espacio de la RPO (Red Popular que nose Oculta), desde la que, años anteriores, organizamos varias actividades en el barrio. Frente a la prolongada cuarentena que estamos atravesando y ante la imposibilidad de seguir con las clases presenciales en el bachillerato, nos comunicamos con el comedor para ofrecer nuestra ayuda con lo que haga falta. Los primeros días el comedor otorgaba raciones para 120 personas, con el correr de los días y las sucesivas extensiones de la cuarentena, este número creció debido al freno de la economía, la falta de trabajo y la necesidad de la gante. El comedor funciona de manera organizada de lunes  a viernes al mediodía siguiendo un menú  diario de comidas diferenciadas. En esta situación excepcional aplican su propio protocolo con la utilización de barbijos, guantes descartables y mascarilla de plástico para entregar la comida.

A mitad de Mayo empezamos a darle un plato de comida a 50 persona más, llegando a un total de 170 raciones por día, luego a principios de Junio, después de algunas marchas y protestas de los movimientos sociales, se logró otro aumento de raciones llegando a 200. Además de la ayuda a la cocina, también lanzamos una campaña de aportes solidarios desde el bachillerato para contribuir con mercadería y productos de limpieza al comedor, gracias a esto juntamos donaciones que acercamos a organizaciones amigas como Villeres Disidentes y la casa de María Rosa, donde el bachillerato realiza su olla popular. Estas organizaciones preparan comida los domingos ya que los fines de semana no funcionan los comedores del barrio.

Todo esto lo hacemos porque creemos fuertemente que uno de los  aspectos más importantes de la educación popular es el ejemplo. Dar el ejemplo solidario de comprometernos con las personas que necesitan, de acompañarlas, estar a su lado y ayudarlas en todo lo que podamos, impulsando a que se auto-organicen para, en este caso, preparar una comida para el barrio. La educación popular no se queda solo en el aula, también sale a la calle y se pone en función de la práctica y de la construcción de otro tipo de sociedad que siga estos valores solidarios que se muestran en nuestros actos”.

El grupo docente busca sostener la pertenencia de sus alumnos dentro del bachillerato, es así como  abre el espacio para que los egresados se integren al equipo docente como ayudantes, y de esta manera conformar pareja pedagógica aprovechando los conocimientos que tienen de la comunidad y sus experiencias de vida.

Marilus Cardozo es la primera egresada del bachillerato y cuenta con la particularidad que, actualmente, es profesora del mismo en el área de Salud, nos cuenta su experiencia en el bachillerato:

“soy de Bolivia y vivo acá en la villa hace 33 años, me vine desde muy chica, tengo dos hijos. Soy bachiller allá en Bolivia, era alumna de derecho y abogacía pero me case y no pude seguir estudiando, mi esposo me trajo a la Argentina, entonces nació mi primer hijo, empecé a trabajar y no tuve tiempo de terminar mis estudios, me ocupe mucho de mis hijos y mi familia.

Entendí que nunca es tarde para terminar los estudios y en una oportunidad que fui para la casa de María Rosa porque una amiga me comento que se abría un bachillerato, fui a preguntar y me dijeron que sí podía estudiar, me emocioné un  montón, agarré mis carpetas y fui al día siguiente.

Después comencé a conocer a los profesores, Andrés, Agus, Lucas, a Natalia que era mi profesora de matemáticas, me sentí muy bien como si fuera mi familia, yo tenía muchos problemas en mi casa pero cuando llegaba las 18 horas me quería escapar,  porque sentía un escape en mi vida con el bachillerato y ellos me contenían, me ayudaban, me daban consejos todos los profesores y profesoras. Ese año estaba estudiando enfermería y me ayudaron mucho, con todas las materias que estaban un poco flojas, y cada vez me gustaba ir más al bachillerato, me sentía muy bien como si fueran mis hermanos.

Ese primer año fue en la casa de María Rosa, eran muy lindas las clases, éramos diez alumnas, después fueron dejando de apoco y quede sola, me siento  muy orgullosa de haber seguido porque era algo importante para mí, me sentía muy bien, muy feliz, y así aprobé primer año. El segundo año fue en mi casa, justo mi hijo se fue a alquilar afuera, quedaron habitaciones vacías arriba y mi hijo  se los dio en un alquiler muy bajo, tampoco les podía cobrar mucho, y ahí empecé con el segundo año.

También fue lindo, emocionante, un bachillerato en mi casa, me sentía orgullosa, muy feliz. Después el tercer año fue en el comedor “El elefante blanco”, ahí me pusieron con segundo porque era la única de tercero y me daban trabajos prácticos de tercero, estudiaba y los aprobaba, en el transcurso termine enfermería, luego entré a estudiar  técnica en radiología que también lo aprobé y me siento muy contenta con todos mis logros, y a fin de año aprobé tercero, y cómo te digo era la única egresada.

Cuando terminé el bachillerato me metí en un curso de cuidado profesional, lo aprobé, luego uno de acompañante terapéutico que también lo aprobé, pero siempre con el empuje y el aliento de los profesores. Hoy soy docente, enseño lo que aprendí, me siento muy bien en aprender a enseñar. Mi compañera de aula es Adriana y estoy aprendiendo mucho de ella, y dice que ella de mí también, siento que los profes del bachillerato es una familia para mí.

Mi proyecto a futuro es entrar a una universidad en enfermería a nivel profesional y la licenciatura, espero quedar porque es por sorteo. Seguir en el BP estudiando, superándome para poder enseñar, colaborar en todo lo que uno aprendió y sabe. Los quiero mucho a todos y agradezco enormemente lo que hicieron por mí.”

María Rosa González, emprendedora del proyecto, es alumna de segundo año y nos comparte su reflexión:

“empezó a surgir la idea con los  profes que venían a dar talleres, de cómo llegar a los demás a través de la educación, esos era un paso muy importante porque sigo pensando que es una salida que tienen las chicas y los chicos que consumen droga. El bachillerato es un espacio que abarca la educación, la contención y muchas cosas más en la parte humana. Dentro del bachillerato se conocen todos, los que han consumido, los que han abandonado el colegio, los que han vuelto a retomar el estudio,  hoy en día los que terminan su tercer año del bachillerato tiene un futuro distinto. Y los profesores ponen lo mejor, no reciben un sueldo y vienen con la mejor voluntad y eso lo sabe la gente. Vienen de todas las edades, yo veo una de 40 otra de 17, 19 años y somos todos iguales, compartimos todo, no hay diferencias entre sí.

Para mí es lo mejor, esto es un lugar de contención, el que tuvo una recaída por droga puede terminar el colegio y no recaer porque hay gente que los acompaña y tienen la ayuda de ellos y la confianza de todos para hablarlo en clases.

No hay diferencias ni de edades ni de nada, es un espacio muy lindo. Es una experiencia muy linda y ojala que se abren en otros lugares, hay muchos lugares que le hace falta un BP, y eso te hace ver que es necesario, que la educación hace falta todavía y muchos no tiene la posibilidad de terminar, y este BP, debería haber uno en cada barrio, por lo menos uno.”

Estudiantes de distintas cursadas nos brindan interesantes testimonios de experiencia en el bachillerato, relatando parte de sus pasos en las escuelas públicas estatales, en las que fracasaron y fueron excluidos del sistema educativo sin poder retornar sus estudios. Encontraron en la educación popular la comprensión, el afecto, el aprendizaje colectivo, la escucha y el consejo de  docentes en relación a sus problemas personales, una puerta abierta a creer en sus condiciones y potencialidades intelectuales. Nahuel cursa el tercer y último año para recibirse:

Fin de año
Docentes y estudiantes compartiendo un fin de año.

“yo por ejemplo hice primero cuatro veces y repetí,  vine al bachillerato y pasé a segundo por primera vez, increíble, saqué matemática con un diez pero estudié. Es otra cosa, no es lo mismo que en otros colegios, podes quedar libre por las faltas o con dos materias pasas el año pero te quedan tres y estás afuera, y así quedé yo afuera dos o tres veces, en cuatro lugares diferente hice el colegio, acá empecé a estudiar y no paré, tengo solo cinco faltas este año.

Acá venís y mas allá de la nota sabes  lo que estás haciendo, si te copias no sirve porque el año que viene en tercero, ¿qué haces?, no sabes dividir y le vas a decir al profesor que no sabes dividir si el año pasado aprobaste la materia con ocho o nueve ¿Cómo hiciste?, acá te enseñan hasta que aprendas.

Se paran todos para escribir en el pizarrón, en los secundarios que yo fui no pasaban al pizarrón, somos personas grandes, pone el profe cosas en el pizarrón y nos paramos solos para hacer los problemas, no tienen que andar obligando a nadie hasta que lo saben hacer. En otro colegio común no (escuela pública), te dan la prueba y arréglate y si te sacas mala nota y no sabes nada es peor, no aprendiste, no te apoyan y sigues perdiendo tiempo haciendo el colegio y nunca terminas de recibirte hasta que encuentras el bachillerato Puños de libertad.

Lo bueno es que siempre venís y está el ambiente familiar, algún día que otro se pelean, pero estamos todos juntos y nos vemos todo el tiempo, es la convivencia. Algunos vienen porque en sus casas se aburren, yo vengo todos los días porque me río y de paso estudio, no es lo mismo que un colegio normal que esta la presión de rendir, o llegar a todas las materias. Hay gente que tiene problemas personales y charlan con los profesores, hay ese trato que no está el profesor que tiene que decir qué hacer, tus reglas de ir al baño, hay esa libertad y está muy bueno”.

Brian es alumno recibido del bachillerato, termino su cursada en el año 2019, nos cuenta como su profesora potenció sus habilidades en el arte:

“A mí me gusta dibujar, es lo que más me gusta y lo que tengo dibujado en la gorrita me lo hice yo, me gustaría hacer arte reciclable y aprender más cosas, todavía no terminó mi aprendizaje. El arte es una forma de expresión, podes hacer un argentino, todo de gaucho con una bandera wiphala de Bolivia y alto cuadrito. La profesora me estaba diciendo que haga artística y a mí me interesa eso.”

Los bachilleratos de ciudad y provincia de Buenos Aires buscan unificarse en la lucha por los reclamos de reconocimiento estatal, mejoras edilicias, financiamiento para el sueldo a docentes, el reconocimiento a las plantas orgánicas funcionales, boleto estudiantil, viandas y los espacios para cuidados de hijos o hijas de  estudiantes para garantizar su acceso y permanencia, es por eso que se reúnen en cooperativas. El BP se incorpora en el año 2018 a CEIP (Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares), coordinadora que nace en el año 2004 por iniciativa de un grupo de docentes que toman una perspectiva de lucha en el campo educativo y popular. CEIP lleva más de diez años construyendo escuelas públicas y populares en las que día a día concurren más de 3500 estudiantes, llevando adelante estos espacios 600 trabajadores de la educación.  En la actualidad lo conforman siete bachilleratos: Raíces (Tigre), 19 de Diciembre (San Martín), El Cañón (Moreno), todos estos pertenecientes a La Provincia de Buenos Aires, el Bariloche (Provincia de Río Negro), y en la capital de la Ciudad de Buenos Aires: Chilavert, Paulo Freire y Puños en Libertad, conformando articuladamente la cooperativa de educadores.

Las reuniones de CEIP se realizan una vez al mes y se plantean como espacios de discusión y síntesis política de los diferentes bachilleratos que integran la cooperativa, un espacio donde confluyen las múltiples miradas y de esta manera establecen conjuntamente criterios y ejes en común.

Desde el punto de vista del BP visualizan que las experiencias de educación popular no deben limitarse solamente a la construcción de espacios que son alternativos a la educción formal impartida por el estado, ni estar sujetas a victorias tácticas que logren frente al estado. Consideran que la lucha debe ser pensada en plazos prolongados y con una visión estratégica clara, en la que no solo se movilicen por el reconocimiento en certificados y salarios, sino también junto al resto de los sectores sindicales, organizaciones sociales, territoriales, empresas recuperadas,  para construir  herramientas de una nueva educación, una nueva sociedad y un nuevo tipo de estado. Un horizonte de perspectiva estratégica en donde en el futuro se hable de escuelas puestas al servicio de las clases trabajadora y el pueblo.

Andrés Pabón Lara es profesor del bachillerato, y  además, fue representante del espacio frente a CEIP. Nos cuenta su experiencia y su postura frente a la educación popular:

“mi acercamiento al Bachillerato tiene que ver con la doble circunstancia previa de pertenecer a una organización política de izquierda revolucionaria, y por ser docente. Así, conocimos a María Rosa González, quien nos permitió acercarnos a su trabajo social en ciudad oculta, y nos propuso trabajar, desde la educación, de cara a una de las mayores problemáticas del barrio; la falta de oportunidades de jóvenes que estaban asediados por el consumo de drogas, la desocupación y la estigmatización social.

Luego, contactamos a docentes de CEIP y allí empezamos a planificar, en 2015, el Bachillerato, que vio la luz al año siguiente. La experiencia como profesor del Bachillerato ha sido la de un aprendizaje permanente.

Momentos
Momentos de una clase en el bachillerato con alumnos recibidos en el ciclo 2019

Por un lado, la selección de contenidos y preparación de clases es un desafío muy enriquecedor, ya que la idea es encontrar la significatividad para las particularidades de las personas del barrio, sin perder la necesaria vinculación con los valores de universalidad que están detrás del acumulado de conocimiento social. Para decirlo de otra manera, es aprender a ver los mismos temas que nos enseñan en la escuela tradicional, pero con otros ojos. Por otra parte, el aprendizaje de las experiencias de lucha de todas las personas que hacen parte del Bachillerato. La lucha cotidiana por sobrevivir en este sistema explotador y la lucha por defender el derecho a educarse. Además el aprendizaje sobre los valores de la cooperación y la autogestión; esos que no se aprenden en los libros sino en las prácticas.

Creo que la Educación Popular es un espacio de lucha fundamental. Se lucha cotidianamente por disputar con la ideología dominante, que ha sido interiorizada por muchos en las clases dominadas. Esa ideología se representa en valores individualistas y competitivos. Pero también se expone en derrotismo o desesperanza. Se trata primero de que podamos aprender que este mundo no es el mejor de los mundos, que tampoco es el único posible, que es necesario y urgente de cambiar, y, sobretodo, que si es posible cambiarlo. Y mientras estamos generando esa ideología revolucionaria, vamos prefigurando las prácticas sociales en las cuales se pongan en juego esos valores de la nueva sociedad que queremos y soñamos.

Creo que la Educación Popular, como dicen algunos autores, es la dimensión pedagógica de la lucha revolucionaria. Y eso significa que no corre por un carril distinto al de esa lucha a nivel político general. Me parece que hoy la lucha de la clase trabajadora está viviendo un momento que no es de avanzada. Hemos sufrido duros golpes en los últimos años en toda Latinoamérica. Pero eso no quiere decir que estamos derrotados, al contrario, creo que ver eso debe servir para saber cuáles son las tareas más urgentes que tenemos los militantes de izquierda revolucionaria. La educación popular, que obviamente no se limita a los BP, sino que está compuesta por muchísimas experiencias de lucha y organización, creo que tiene su tarea específica. Veo que uno de los puntos débiles hoy de esas experiencias es el nivel de fragmentación. Creo que la debilidad hoy es que estamos defendiéndonos encerrados en las trincheras de nuestras especificidades. Por eso creo que la tarea más urgente es reencontrarnos como experiencias, nutrirnos colectivamente y, sobretodo, posicionarnos fuertemente de cara a la sociedad para mostrar los enormes avances que estamos proponiendo no sólo para mejorar el sistema educativo público, sino para generar un nuevo modelo de sociedad desde los cimientos de la formación de las personas.”

A modo de conclusión

El BP Puños de Libertad se conforma como un espacio alternativo para llevar a la práctica una acción concreta político-pedagógica, que permita seguir luchando por la defensa de la educación pública, pero con una propuesta superadora, que posibilite a la educación, además de pública, que sea popular, es decir: liberadora en términos de Freire. La educación popular cuenta con una vasta experiencia en toda Latinoamérica, anulada por las políticas de estados que veían el peligro mayor en su orden constitucional: la disputa del poder por parte de  los sectores populares. La cultura de la dominación ha ganado terreno en nuestra subjetividad a partir de la expresión del neoliberalismo como modelo mundial del capitalismo.

La conquista y colonización de América promulgo la cultura y la educación burguesa hegemónica racista, sexista, esclavista, acompañada del exterminio de los pueblos originarios y el saqueo de los bienes comunes naturales del pueblo. Simón Rodríguez[1] planteaba la ruptura con ese discurso pedagógico burgués europeo  dominante y construir una pedagogía que respondiera a las necesidades de la realidad latinoamericana. El maestro imaginaba un proyecto emancipatorio con una escuela poblada negros, indios, esclavos y trabajadores para la construcción de una nueva sociedad, donde enseñar equivalía a pensar y hacer pensar la realidad, explicitando que la educación popular es sinónimo de general, entendiendo por general a lo público.

El proyecto educativo del BP lleva introyectado la praxis de lo que Mariátegui llamaba “elementos del socialismo práctico”, facilitando el desarrollo educativo de la comunidad de Ciudad Oculta adecuado a la realidad del territorio, incentivando los núcleos de buen sentido de Gramsci, que se visualizan en las clases populares, apostando a la gran política: intensidad en toda práctica. La educación popular es un camino para desterrar las desigualdades sociales, lingüísticas, culturales y económicas que vemos en las aulas de la escuela tradicional, en un sistema educativo que formatea futuros ciudadanos y ciudadanas para que se amolden a las diferentes políticas de estado dentro un sistema capitalista y patriarcal.

La cultura burguesa se apropia de lo que genera colectivamente con su fuerza de trabajo el conjunto de los trabajadores, por eso el BP tiene como objetivo el crear una nueva cultura para formar un nuevo germen de cultura emancipadora, para que las clases populares creen sus propios intelectuales. José Carlos Mariátegui escribía en 1937 un texto sobre las Universidades Populares del Perú como una extensión de los BP: “Las universidades populares no son instituciones agnósticas e incolora extensión universitaria.        No son escuelas nocturnas para obreros. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de clase. Son escuelas de renovación. No viven adosadas a las academias oficiales ni alimentadas de limosnas del estado. Viven del calor y de las savias populares. No existen para simple digestión rudimentaria de la cultura burguesa. Existen para la elaboración y la creación de la cultura proletaria”. En la educación popular encontramos una alternativa en la que se aloja al sujeto recibiendo sus culturas, sus saberes, sus complejidades, sus historias de  vida, sus lenguajes, pero no tomando a la cultura popular desde una manera romántica, sino desde la mirada de sus culturas que también traen prácticas patriarcales, sexistas, discriminatorias, educando desde estas complejidades para una teoría de la liberación. Por una Indoamérica con más Bachilleratos Populares para alzar Puños de Libertad.

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