Los límites del Frente de Todxs

por Lucas S.

Siguiendo con las reflexiones planteadas en nuestra nota anterior –Teoría y práctica de la conciliación de clases en tiempos de pandemia quedan algunas cuestiones en relación al bloque de poder, al gobierno de turno representado por el Frente de Todxs, que es necesario caracterizar.

El Frente de Todxs sale a la luz a partir de la publicación del video de Cristina Kirchner, donde anuncia la conformación de una alianza electoral entre distintos sectores del Partido Justicialista (PJ),  el Kirchnerismo y otros sectores políticos. Este movimiento pragmático fue necesario para poder enfrentar al macrismo. Con el diario del lunes, después del triunfo, podemos decir que la jugada salió bien.

Más allá de la victoria electoral y el festejo en la plaza de mayo, ¿qué significa este frente? ¿cuál fue el derrotero anterior de las fuerzas que lo integran? Haciendo un repaso, mucho se habló de las críticas que Alberto Fernández y el resto del PJ realizaron al gobierno kirchnerista de aquel entonces. Críticas que comenzaron por el 2008 con la discusión de la ley 125 de retenciones a los grandes terratenientes, y que se consolidaron con el quiebre y distanciamiento de estas figuras y sectores que se pasaron a la oposición. Más adelante, las críticas contra la “media nacionalización” de YPF, la ley de medios, entre otras. Es decir, frente a toda política progresista impulsada por el gobierno se anteponían límites por derecha desde el mismo peronismo, principalmente el PJ.  Es interesante resaltar que estos límites se procesan desde el interior mismo  del PJ. No se trata de una oposición desde las fuerzas que conformaron Cambiemos solamente. Aún no conocemos un balance público sobre este proceso. Quizás, resulte oportuno recordar que si el actual jefe de la cámara de Diputados y todo el Frente Renovador, no hubieran roto con Cristina, el macrismo no hubiera llegado nunca al poder. Vale traerlo a cuento, porque todavía hay quienes siguen responsabilizando a la izquierda. 

A estas políticas mencionadas las podríamos caracterizar como progresistas, que hasta nosotrxs mismxs apoyamos en parte con la pretensión de radicalizarlas, por ejemplo, proponiendo una nacionalización total de YPF o una ley de medios que fuera más a fondo contra los medios masivos y hegemónicos. 

No es casual que el PJ haya tramado esta alianza actual de gobierno, su rol histórico en la Argentina ha sido la del partido del orden, garante de la acumulación capitalista y de la subordinación del movimiento obrero. Muestras paradigmáticas de esto fueron el tercer gobierno de Perón, el gobierno de Menem en los ‘90, que posibilitó el ajuste neoliberal que profundizó lo que ya había empezado la dictadura, así como el papel que jugó el gobierno de Néstor Kirchner como estabilizador en el año 2003, cooptando y desmovilizando al movimiento popular. En la actualidad, frente a la profundización de la crisis abierta en 2008, el rol del PJ no es menos evidente. La figura elegida no es tampoco azarosa, Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, representaba la posibilidad de acuerdo con el kirchnerismo, por la reunificación del PJ.  Entendemos que esta reunificación, no sólo acumula votos, sino que también devela la política con la cual se pretende enfrentar la crisis. En este sentido, leemos la decisión de Cristina Kirchner de levantar una candidatura conjunta con el PJ, precisamente como un “regreso al redil”, una definición política de enfrentar la crisis desde dentro del partido.

Podemos observar el corrimiento hacia la derecha en varios aspectos, incluso simbólicos. Mientras que las actitudes del kirchnerismo fueron más duras y críticas hacia el macrismo, al punto de no mostrarse juntos, Alberto Fernández alivianó esa dureza y se abrazó con Macri en una misa previa a la asunción del nuevo gobierno. Mientras que la polémica contra los medios masivos encabezados por Clarín fue tenaz y apuntó contra el jefe de la compañía, Magnetto, Alberto Fernández se juntó con grandes empresarios, entre ellos Magnetto, buscando dejar atrás la disputa. El gobierno busca garantizar una buena relación con el empresariado que se volcó el último tiempo en favor del macrismo, como si le quisiese decir que la mejor apuesta y opción para sus ganancias es él, es el PJ.

Lo que vemos es una táctica pragmática, fiel al estilo histórico del peronismo, saber ubicarse en ese lugar intermedio ficcional entre explotadorxs y explotadxs, cuando sabemos que ese lugar no existe realmente. Las demostraciones simbólicas no son ingenuas: un pibe fue discriminado, señalado por su vestimenta y tildado de chorro mientras ejercía como fiscal de mesa en las elecciones, Alberto Fernández sale a defenderlo y en respuesta se pone la gorra de Brian para acercarse a lxs villerxs, a lxs más pobres, parecer unx de ellxs (como la marcha peronista reza que Perón es el primer trabajador). Pero por otro lado, en el inicio de sesiones de marzo en el congreso, se sienta a Menem (nada menos), junto a Kicillof, al lado de las autoridades máximas de gobierno. El nuevo gobierno se posiciona en la conciliación de clases de forma explícita: del uso de la gorra al abrazo con los reyes (dueños) de la producción.

 

En términos concretos sucede lo mismo. Retomando la nota anterior de la que partimos, el gobierno saca un DNU (Decreto de Necesidad de Urgencia) prohibiendo los despidos pero Techint y tantos más echan trabajadorxs de todas maneras y no pasa nada, el gobierno mira para otro lado. Diputados del Frente de Todxs anticipan que van a presentarle al presidente un proyecto de impuesto a las grandes fortunas pero pasan los meses y no se dice nada, no aparece. Alberto Fernández decide expropiar Vicentin con causas y argumentos sólidos basándose en el fraude y el negocio corrupto de la empresa, junto a objetivos necesarios como la soberanía alimentaria pero, una vez más, dan marcha atrás, queda a medio camino, pasa de expropiación a una mera intervención que no toca a los dueños de la empresa, los mismos que habían amenazado con despedir miles de trabajadorxs.

Podemos pensar ahora: ¿Qué imposibilita al gobierno a seguir con estas medidas? ¿Quiénes le presentan un límite en sus políticas? La respuesta, una vez más, no está sólo por fuera. El Frente de Todxs pareciera que no puede ni llegar a desarrollar las políticas progresistas típicas de otros tiempos. Los mismos que antes rompieron la unidad y se fueron son los que ahora limitan el marco político del gobierno desde adentro. El PJ delimita por dónde se puede ir y, cuando tocan los intereses de las grandes corporaciones, salta la cuerda. Por lo que tenemos un panorama político más a la derecha y conservador que el gobierno kirchnerista anterior. Esto no es especulación, esto se ve en los hechos. El mismo Fernández se ocupó de clarificar que la expropiación no era lo deseable, que dicha medida no pretendía aplicarse a otras empresas y que si había otra propuesta, quería escucharla. Fue efectivamente lo que sucedió. 

Sin embargo, más allá que el kirchnerismo y el PJ tengan diferencias, unos sean más progresistas y otros más conservadores, ambos mantienen un límite estructural que es el sostenimiento del sistema capitalista en Argentina. Desde su fundación, en las políticas y discursos de Perón, el peronismo ha instaurado la idea de una tercera vía, de un camino del medio entre derecha e izquierda, que no es otra cosa que un enmascaramiento que oculta en políticas inclusivas su trasfondo capitalista. La mediación inclusiva, la inclusión al consumo del 2003 al 2015 del kirchnerismo no es más que una reversión de esto. La política actual, llámese pacto social o como quieran decirle, es una nueva versión de lo mismo.  

Por lo tanto, ubicamos un marco estructural del peronismo, tanto pejotista como kirchnerista, vinculado necesariamente a la pretensión de conciliar las clases antagónicas. Si el kirchnerismo es más progresista y pudo serlo en los años anteriores, cuando muchos países de Latinoamérica estaban transitando modelos similares, e incluso más avanzados, ¿es acaso esperable, que en un momento de auge neoliberal vuelvan a darse esas políticas? Y más aún considerando que ahora se suman las tensiones internas del bloque de los gobernadores del PJ ¿Qué revela la marcha atrás con el impuesto a las riquezas y la expropiación de Vicentin? ¿Son límites que el Frente de Todxs no podrá sobrepasar sin romperse? ¿Acaso hay intención de sobrepasarlos? Tal vez el pensamiento pragmático de la dirigencia del Frente haya decidido no aventurarse en estas políticas tanto por el desgaste y la tensión a la interna que podían llegar a generar, como por ser fieles a su papel de “partido del orden”. Entendemos que la aparición misma de estas propuestas que luego retroceden, está en relación directa con encontrar una vía para salir de la crisis: Las tensiones que puedan generarse por abajo en la sociedad (como consecuencia de la desocupación, del hambre, de la precarización de la vida en general), empujan hacia medidas progresistas, sin embargo, la puja de lxs capitalistas empresarixs, tensiona al gobierno también, pues pretende equilibrar gobernabilidad con ganancias empresarias, garantizando la continuidad del capitalismo en Argentina

Al mismo tiempo, cabe pensar en las organizaciones populares, o las que se reconocen de izquierda popular, y que hoy forman parte de dicho Frente. ¿Tendrán alguna incidencia para tensionar por izquierda al gobierno? Una respuesta rápida mostraría que no tienen mucha implicancia política a la interna contra la fuerza de los grandes partidos y poderes concentrados. No pudieron insistir y asegurar que el gobierno tome la decisión política que esperaban. Aun así, la respuesta en las redes no demoró en aparecer, con un divertido juego de palabras, se lo llamó al presidente como “Alcentro” o “Almedio” Fernández ¿Serán estas las primeras expresiones de un malestar de esa izquierda popular que aún deposita esperanzas en el peronismo? ¿Hasta cuándo se sostendrán estas organizaciones en el Frente si las políticas que más esperan del gobierno amagan con suceder pero se caen en el camino? ¿Qué pasará cuando el gobierno presente un proyecto de aborto legal distinto al histórico exigido por la Campaña y por el que lucharon más de 2 millones de mujeres y disidencias en las calles en 2018? 

Seguir de cerca estas contradicciones internas nos puede dar material para pensar el panorama político actual de la Argentina.

Los límites del Frente de Todxs marcan los alcances y grados de sus políticas. Desde la izquierda no podemos delimitarnos dentro de ese marco de acción, tenemos que hacer la crítica, como es la idea de esta nota, y plantar la lucha para exigir las políticas y leyes necesarias para los sectores explotados y más perjudicados por esta situación. Hacen falta medidas urgentes para que la crisis no siga precarizando nuestras vidas.

En este sentido, como plantamos en nuestra nota editorial –Una política Urgente-  resulta fundamental establecer un programa mínimo que permita ordenar nuestras tareas políticas. Y  en función de ello apostar a construir la coalición de fuerzas que nos permita enfrentar poderosos intereses. 

 

sendaguevarista

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