Contra los sentires de derecha

Por Lucas S

Desde las primeras semanas de la cuarentena preventiva que tomó el gobierno, vienen apareciendo reacciones que podemos denominar de derecha. ¿Por qué de derecha? Porque defienden una supuesta libertad individual y la propiedad privada, dos de los pilares de la sociedad del capital. Sus fantasmas y enemigos ficcionados son el autoritarismo, la llamada “infectadura”, y el comunismo, tergiversado como dictadura, que creen ver en las políticas del gobierno.

Frente a estas reacciones surge el problema de si pensarlas y darles mayor entidad o subestimarlas por minoritarias y absurdas, y esperar que su fulgor se apague. Una dicotomía entre el ojo analítico que ve y reconoce el discurso de su enemigo y, al hacerlo, le da mayor importancia de la que merece o el ojo que mira para otro lado, evadiendo el asunto, para ni siquiera darle existencia. Este último puede ser efectivo en el caso de que las reacciones sean deslegitimadas y reducidas en el tiempo pero lo notable es que sus sentires seguirán latentes. Es innegable que, quieran estos sentires de derecha tomar cuerpo en la calle y expresarse en las redes o no, su fuerza persistirá dentro del campo social. Por lo tanto, subestimarlas no es una opción, decidimos ponerles el ojo encima y pensarlas para expresar una respuesta política que las ridiculice y las deslegitime, las derrote racionalmente con ideas y argumentos.

Las definimos como sentires porque su vivencia remite más a un sentimiento que a un racionamiento, más allá de que éste también exista. Lo que se expresa en estos discursos tiene un nombre y es odio. Este odio puede traducirse de varias maneras, se proyecta sobre otros sujetos dependiendo de la categoría que lo acompañe: odio de clase, patriarcal, racista. No es casual que siempre se repitan los mismos sujetos odiantes en las diferentes modalidades del odio. Es decir, los que salieron en estos últimos días a denunciar el autoritarismo y comunismo (pensado como dictadura) del gobierno son los mismos que defienden la propiedad privada de Vicentin a pesar del fraudulento préstamo y negocio con el Banco Nación en años del Macrismo, los que también se opusieron a la ley del aborto en el 2018, los que marcharon contra la ley de matrimonio igualitario en el 2008, los casos pueden enumerarse indefinidamente.

¿Qué moral une a este sector? Una moral tradicional, estanca, conservadora, que niega la vida porque se opone a la vitalidad de las disidencias, de lxs migrantes, de lxs pobres en sus vidas divergentes de la norma común. Así, para su propia identificación (la de los sentires de derecha) crean enemigos. Estos enemigos se delinean con lo que se opone a esa moral conservadora, todo lo que niegue esa moral o se corra de ella será el error, el problema, el germen.

Además del sentir, hay razones que persisten. Si se pone atención en el fundamento de lo que dicen, se encuentra una repetición automática y defensiva de los pilares de esta sociedad, como ya marcamos: la libertad individual y la propiedad privada. Estas son las razones de base de los sentires de derecha pero cabe preguntarse: ¿son pensadas efectivamente o solo reproducidas como quien acata una ley y no la problematiza? La primera opción cabría para quien se beneficia de dichas máximas, es entendible que un dueño de la producción o un CEO se identifique y replique esas tendencias pero ¿cómo llega la misma reacción a una señora que con suerte es dueña de un monoambiente en el centro de Buenos Aires y sale con un cartel que dice “La palabra expropiación en democracia es mala palabra”?. La expropiación aquí toca y vulnera el pilar de la propiedad privada. A esa señora no le beneficia que Vicentin siga con los mismos dueños, acumulando ganancia y haciendo su negocio entonces ¿por qué está ahí?. Un pensamiento puede detenerse sobre una máxima cuando se pone en función de sus intereses, en los dueños de Vicentin es entendible pero en la gente que está por fuera, no. El interés posible de la señora no tiene ninguna relación con la empresa, por lo tanto, lo que ocurre es un freno del pensamiento o su automatismo en función de una ley reguladora. Esa ley funda y sostiene a este tipo de sociedad.

mala palabra
Imagen: Kala Moreno Parra (Página 12)

De la obediencia a la ley (y por tanto el fin del pensamiento o su reiteración idéntica) al sentir de derecha hay solo un paso. Lo que vulnera el mandato de la ley es su amenaza y a la amenaza se le responde con un afecto que es el odio. Ya llegado a este último momento, los razonamientos posibles pierden su eficacia. Ir a conversar con el hombre que grita enfurecido a cámara denunciando a los enemigos que atacan su ley (la supuesta dictadura con la excusa inventada del coronavirus) e intentar discutir y argumentar para ejercitar el pensamiento y, tal vez, llegar a algún acuerdo es inútil. La lucha de ideas parece perder su fuerza aquí. No hay pensamiento que pueda determinar a la afección de un cuerpo, a menos que ataque y apunte al pensamiento que funda ese afecto. Entonces nos queda responder con otro sentir.

 Métodos constitutivos en la imagen de derecha

El sentir se asocia a una imagen, como quien recuerda una escena graciosa y se ríe o como el recuerdo de la muerte de alguien y la angustia. Lo mismo pasa con el sentir de derecha, reacciona ante una imagen. ¿Cuál es esa imagen? La que ilustre y represente a sus enemigos, lxs pobres, las disidencias y lxs migrantes ya mencionados o las formas de gobierno asociadas a dictaduras que vulneran esa supuesta libertad individual. El método es sencillo y se despliega por todo el campo mediático, tanto en la televisión como en las redes. Consiste en asociar una imagen con un discurso que tendenciosamente la describe y así germinar un sentimiento. Vamos a poner un ejemplo: se coloca la imagen de cientos de personas haciendo fila en un supermercado con sus góndolas vacías, lx periodista o quien tuitea dice “esta es la realidad crítica de miles de venezolanos, cientos de personas están pasando hambre, este es el resultado del comunismo”; y de aquí su efecto, el rechazo y odio a esa realidad que de ahora en más estará asociada a Venezuela y al comunismo como monstruos políticos. Así nomás, en unos pocos segundos puede formarse este sentir que se repetirá una y otra vez indefinidamente, reproducido por otros programas de televisión o por nuevos tweets. La reiteración se condensa en un convencimiento más fuerte porque a esa imagen del supermercado de le sumarán un centenar de nuevas imágenes con casi el mismo epígrafe.

150110051807_sp_filas_venezuela_624x351_reuters
Imagen BBC, comentario en la nota: “A su juicio, hay fallas de abastecimiento que se vienen arrastrando desde 2013, lo que ha impedido una eficaz reposición de mercancía en los comercios”

En este proceso queda descartado completamente cualquier razonamiento o, mejor dicho, el silogismo es muy sencillo y no da lugar a otro pensamiento, está contenido en el mismo comentario hecho sobre la imagen y su pretendida evidencia asigna un significado que queda impregnado en el sentir de derecha que se está modelando. La imagen muestra pobreza, la pobreza es mala; el hecho que revela la imagen es a causa del país (Venezuela) o por el supuesto sistema de gobierno (comunismo); por lo tanto, Venezuela y el comunismo son malos. De esta simple asociación germinarán miles de expresiones como las que mencionamos anteriormente. Se borra cualquier contenido o trasfondo histórico, económico y político, no hace falta fundamentarlo, la imagen es mucho más contundente que cualquier explicación, algunos pretendidos analistas darán alguna explicación más o menos mala pero eso solo será algún detalle menor que se agregará a la obra ya consumada: la formación del sentir de derecha.

El mismo mecanismo sirve para darle al sentir de derecha, después de esta identidad por negación, una afirmación en lo que es el “bien”. Aquí aparece una imagen dichosa (mercancía / espectáculo), que ilustra múltiples posibilidades, el avance tecnológico, la riqueza, que se relacionan con el capital o con algunos de sus exponentes más destacados y que genera el efecto de desear todo aquello. Una Coca-Cola, un shopping con miles de productos, la nueva sede de Google o el último modelo de Audi son identificados como logros del desarrollo de Europa o de Estados Unidos generalmente y contagia el deseo de posesión, de consumo de esas productos. La forma mercancía lo consume todo y borra lo material que fundó a ese producto, todo lo que lo precede, su proceso de producción, la explotación que conlleva, la desigualdad de la que es resultado no tienen traducción posible en la forma mercancía como tal. No se queda solo allí, además se vuelve espectáculo, una imagen que se agranda con el diseño, con el marketing, con el efecto publicitario reproducido por todo el mundo.

El neoliberalismo ha perfeccionado esta técnica, se ha expandido notablemente con la globalización haciendo llegar las mismas mercancías a todo el mundo como también los mismos efectos y sentires de derecha o neoliberales. No es casual que en Argentina, como en Brasil, Estados Unidos o Inglaterra aparezcan estas reacciones, son productos de eso que expande el capital. En algunos casos este sentir agarra otras dimensiones aún más negativas, son las formas prefigurativas del fascismo. Un neoliberalismo exacerbado lleva a un sentir fascista que se iguala a lo que veníamos mencionando pero que toma un grado mayor. Si no entendemos y combatimos estas reacciones, pueden que terminen como base de gobiernos fascistas. En esta línea se leen los casos de Bolsonaro, Trump y Johnson que parecen ir en esa línea.

Ridiculizar y deslegitimar

Para no quedar solo en una descripción pesimista de la situación actual, se propondrá un doble movimiento de resistencia contra estos sentires: el reducir a lo ridículo y la deslegitimación argumental. Las dos son eficaces a lo hora de enfrentar estos discursos.

La ridiculización tiene una de sus expresiones más contundentes en los memes. Por más que parezca a primera instancia algo banal y superficial, su efectividad puede ser tan fuerte como la del método que modela el sentir de derecha (que también utiliza los memes, la técnica es compartida). El meme suele exponer un absurdo o un discurso que no se sostiene y que logra el efecto de la risa. Quien se ríe de su oponente consigue ridiculizarlo y desprestigiarlo. Los disparates que salen a flote en los sentires de derecha son conocidos, es lo primero que se destaca por su insensatez, a veces hasta generan gracia por su propia exposición ridícula, ahondar sobre esto es clave. Profundizar lo absurdo de una figura o de un discurso hace que pierda seriedad, que no cuente como algo válido que se pueda sostener y replicarse en la vida. Este efecto de invalidez se sostiene por la risa, por la gracia que da contrastar su expresión con los hechos. Así se ve, por ejemplo, el “veníamos bien pero pasaron cosas” de Macri o los señalamientos ante los discursos machistas, tan naturalizados hace un tiempo en lo social, que lograron poner en tela de juicio y evidenciar las contradicciones y violencias que escondían. El hecho de resaltar una frase como “pasaron cosas” al ridículo (que ya es ridícula por sí misma al no poder dar más explicaciones que las abstractas nombradas como “cosas”) hace que la figura oficial de un presidente pierda seriedad. Es un modo de respuesta dentro del mismo juego marketinero y publicista en que se había basado dicho gobierno con su asesor de campaña, Duran Barba, donde la política perdía el argumento y se respaldaba en la liviandad de palabras simples y en la búsqueda de generar un afecto hacia sus votantes. En el caso de lxs feministas es similar, se toma un programa de televisión que reproduce ese sentir machista, podríamos decir en la misma sintonía en la que venimos, y que se pregunta “¿Qué significa machirulo?”. Lo ridículo se expone al identificar la respuesta con el programa como tal. El meme es efectivo en tanto que contiene una denuncia y llamado de atención sobre todo un trasfondo patriarcal en la televisión. Lo que hace divertido al meme y genera risa es que la respuesta está allí en donde salió la pregunta, es lo que ellos vienen haciendo hace años.

machirulo

Como toda técnica, tiene sus riesgos. El riesgo de ridiculizar es permanecer siempre en esa esfera, es basarse y reducirse a repetir lo mismo una y otra vez y perder el contenido político de fondo. Para no caer en eso es necesaria que se acompañe de la deslegitimación argumentativa. El ridículo se acompaña con la reflexión que desentraña los fundamentos de tal discurso. Por lo tanto, en la misma lógica del caso anterior, un análisis del discurso macrista lo puede ubicar dentro de las técnicas publicitarias de venta de mercancías y así denotar que, tal como se vende un producto, el armado neoliberal del gobierno quería venderse como si fuera un consumo necesario para lxs votantes. No solo eso, también podría extenderse a pensar las bases de sus discursos y develar el proceso antes expuesto, la formación de sentires de derecha en razón de ciertos pilares. En el caso feminista el camino sería parecido pero acentuando la estructura patriarcal de fondo. Por este lado se lograría deslegitimar el marco de los sentires neoliberales y sus leyes fundamentales.

En búsqueda de algunas respuestas y fuerzas políticas

Al odio se lo debe combatir, en principio, con otro sentir. Esto sin perder de vista al pensamiento, obviamente, sino reproduciríamos el mismo método del enemigo pero a la inversa. Decir que al odio se lo enfrenta con el amor puede sonar un poco romántico, así que podemos usar alguna otra palabra que se parezca en su significado pero que no resuene de esta forma: la compasión y, en consecuencia, la solidaridad. La compasión puede quebrar ese odio que se basa en rechazar y negar al otrx. Frente al rechazo se opone la empatía, el “ponerse en el lugar de”, para sentir lo que siente aquel otrx. Esta respuesta se concretiza en imágenes y experiencias que aparecen frente a la situación de pandemia: las ollas populares y las redes feministas son muestras de esto.

El sentir que puede aflorar como respuesta y defensa contra los sentires de derecha no es algo trivial y menor, no es algo que quede reducido a la esfera personal y subjetiva, sino que adopta implicancias políticas, se vuelve un aspecto de lo político una vez que la derecha traza esos mismos sentires en su favor. Y se expresa en el trazado de redes compañeras entre distintos sectores que sufren las distintas opresiones de esta sociedad y de su odio. Entendiendo, poniéndose en su lugar y confluyendo entre sí, esto puede traducirse en luchas políticas que salgan a la calle y que se vuelvan organización por otro tipo de sociedad.

Ahora bien, esta respuesta no se agota allí, en este otro sentir que combate. Sino que también debe afirmarse en el pensamiento. Todo este desarrollo es parte de eso. Poder leer con detalle las reacciones de derecha, develar sus fundamentos políticos, entender la reproducción de los sentires en base a una ley incuestionable, enfrentarlos con otro sentir contrario, de empatía, y componer nuevos fundamentos o bases políticas; todo esto es parte de la reflexión que es indispensable tener.

Este combate toma dos dimensiones que no pueden perderse de vista: el sentir y el pensar como puntas de lanza para desarmar a la derecha y recomponer formas prefigurativas de izquierda. Esto es lo que está abierto en el campo político y por donde deberemos movernos para desarticular las nuevas reacciones que se seguirán repitiendo.

sendaguevarista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s