A 55 años de la fundación del PRT, su legado es nuestra tarea: hacer la revolución.

por Santiago Stavale

Un 25 de mayo hace 55 años en una peluquería del barrio porteño de Once, un grupo de militantes revolucionarios sellaban el acuerdo que daba nacimiento al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En aquellos años, la mecha encendida por la Revolución Cubana aún seguía incandescente, animando el surgimiento de centenares de núcleos militantes y organizaciones revolucionarias a lo largo y ancho de toda América Latina. El impacto de aquella heroica gesta había generado la ruptura con las estrategias reformistas de los históricos partidos socialistas y comunistas del continente, así como motivado las síntesis de distintos grupos que hasta el momento parecían impensadas.

En esa dirección, dos organizaciones de orígenes totalmente distintos, como Palabra Obrera (PO) -trotskista- y el Frente Revolucionario Indoeamericanista Popular (FRIP) –indigenista-, se unieron para dar origen al PRT. Dos años de militancia común en los ingenios azucareros y acuerdos políticos básicos fueron suficientes para la fusión. Ambos grupos coincidían en la importancia de construir un partido revolucionario y en el papel dirigente que debía asumir la clase obrera, así como en la certeza del carácter socialista de la revolución.

Aquel Partido, sin embargo, sufrió diversas rupturas hasta consolidarse en el gran Partido de combate que fue. La convicción guevarista de que el único camino posible para hacer la revolución en Argentina y en el continente era la lucha armada del pueblo y su vanguardia, dividió aguas al interior de la organización. Así, en 1968 -dos años después del golpe de estado encabezado por Juan Carlos Onganía- el sector dirigido por el líder santiagueño Mario Roberto Santucho rompió con aquellos sectores que se negaban a empuñar las armas y en 1970 decidió fundar el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Desde sus orígenes el PRT-ERP buscó organizar a la clase obrera y el puebloen el marco de su estrategia de guerra revolucionaria. Y en esa búsqueda, pese a sus dificultades y limitaciones (propias de la praxis revolucionaria), logró importantes resultados, incorporando y formando a gran parte de los dirigentes surgidos entre los trabajadores; siendo parte y dirigiendo grandes conflictos político-sindicales; disputando la hegemonía de la clase obrera a través de múltiples herramientas (periódicos, revistas, diarios comerciales, propuestas culturales, etc.); creando organismos de doble poder; y construyendo uno de los ejércitos revolucionarios más audaces de América Latina, al punto tal de poner a la burguesía contra las cuerdas por primera vez en nuestra historia.

Es que el PRT-ERP estuvo lejos de ser una organización “foquista” o “sustitucionista” como suele acusarlo la derecha e incluso ciertos sectores de izquierda. Aquellas acusaciones apuntan a que el PRT-ERP reemplazó la política por las armas, y no hay nada más falso que ello. Si existe una constante en los esfuerzos de aquella organización, esa fue la incansable búsqueda por fundirse entre las masas y organizarlas para la revolución, tanto militar como políticamente.

Como enseñaban lxs revolucionanrixs vietnamitas: “mantener y desarrollar la lucha política de las masas no significa de ninguna manera aminorar la lucha armada. Si la lucha política impulsa y ayuda a la lucha armada, la lucha armada a su vez estimula y respalda poderosamente la lucha política”[1]. Aquella fórmula dialéctica -que se resumió en la consigna “la política manda al fusil”- funcionó como un mantra para lxs perretistas, quienes desplegaron una batería de herramientas e iniciativas políticas, organizativas y de propaganda, pocas veces vista en la historia de la izquierda argentina. Así, hacia 1973, se esforzó por construir plataformas políticas y sindicales amplias como el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS) y el Movimiento Sindical de Base (MSB), con las cuales logró organizar a una parte muy importante de la vanguardia revolucionaria, además de penetrar en los principales establecimientos industriales del país y apostar a la organización de base de la clase obrera. No conforme con ello, buscó hasta el hartazgo ampliar aún más su política de alianzas para construir el verdadero “ejercito político de masas” que necesitaba –y aún hoy necesita- la Argentina: el Frente de Liberación Nacional y Social.

Es que el PRT-ERP comprendió cabalmente lo que significaba y significa la lucha por el poder en todas sus dimensiones, y sus esfuerzos estuvieron puestos en ello. Convencidos de que “en una revolución verdadera se triunfa o se muere”, se preparó para el combate político y militar como ninguna otra organización revolucionaria logró hasta ahora en nuestro país. Ello no pasó desapercibido para el enemigo quien no titubeó en concebirlo como el mayor peligro para el capitalismo argentino[2].

Sin indulgencias ni saludos a la bandera, sin sectarismos ni esquematismos, la experiencia del PRT-ERP, con sus aciertos y sus errores, debe servirnos como guía para la acción revolucionaria. Apoyarnos en su ejemplo no supone ni calcarlo ni copiarlo. La situación actual requiere de nuevas síntesis y de nuevas experiencias organizativas que puedan hacerle frente a los desafíos que atraviesa la humanidad. Hoy más que nunca se reactualizan las palabras del Che: “Nadie puede solicitar el cargo de partido de vanguardia como un diploma oficial dado por la universidad. Ser partido de vanguardia es estar al frente de la clase obrera en la lucha por la toma del poder, saber guiarla a su captura, conducirla por los atajos, incluso. Esa es la misión de nuestros partidos revolucionarios y el análisis debe ser profundo y exhaustivo para que no haya equivocación”. Seguir al pie de la letra estas líneas es el mejor homenaje que podemos rendirle al PRT-ERP y, sobre todo, a lxs militantes que le dieron su vida.

¡VIVA EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES!

¡POR LA REVOLUCIÓN OBRERA, LATINOAMERICANA, SOCIALISTA Y FEMINISTA!

¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!

 

Notas

[1] “El desarrollo paralelo de la lucha política y la lucha armada. Problemas de la guerra revolucionaria en Vietnam del Sur”, nota publicada en El Combatiente Nro. 89 de septiembre de 1973

[2]Como confesó el propio Jorge Rafael Videla en el año 2012: “Por su preparación militar e ideológica, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) era más enemigo que Montoneros; era algo ajeno, otra cosa.”

sendaguevarista

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