17M. Día de lucha de la disidencia sexual y de géneros. Por un feminismo disidente revolucionario

El 17 de mayo de 1990 fue el día en que la OMS quitó a la homosexualidad de su lista de enfermedades y con ello apuntaló la lucha de sectores organizados que denunciaban múltiples violaciones de derechos humanos para la colectividad gay: desde terapia de electroshock para tratamientos de “heterosexualizacion”, hasta la exclusión de ámbitos sociales, laborales y culturales.

En nuestro país esta lucha lleva mucho tiempo, pero resaltan los debates que a fines de la década del ’60 comenzaron a dar colectivos sexo-disidentes con perspectiva de clase, transitando una experiencia que culminó en la conformación del Frente de Liberación Homosexual que se enfrentó a la dictadura militar contrarrevolucionaria, entre 1971 y 1976.

A su vez, la organización de las marchas del orgullo en nuestro país y la conformación de organizaciones trans y travestis tuvieron un claro eje de enfrentamiento a la política de segregación de los Estados, que hunde al colectivo de las disidencias en la pobreza, y que tuvo en los ’80 un fuerte contrapunto en la política sanitaria a nivel internacional. Esto se dio a partir de la extensión del VIH a nivel global y al hecho de que, en su mediatización y moralización por los sectores cristianos, se pusiera en escena como el “castigo divino” a aquellxs que decidían no reproducir la norma sexo-genérica binaria. A partir de allí la asociación homosexualidad-vih signó el destino de muchxs luchadorxs historicxs, que murieron y mueren por el odio disciplinado que sobrevive en gran parte de los sistemas de salud. La lucha en los ’90 fue así también la respuesta de los sectores movilizados, el enfrentamiento a la Iglesia Católica como garante de la reproducción patriarcal, y la disputa no por “la tolerancia” del Estado sino por la visibilizacion de la violencia generada por la división sexual del trabajo y la heterosexualidad obligatoria de los Estados Modernos.

Los últimos logros en el plano institucional del colectivo sexo-disidente en nuestro país (ley de Matrimonio Igualitario, de Identidad de Género, etcétera) posibilitaron su avance en varios ámbitos dentro de la sociedad. Sin embargo esto implicó dos grandes tensiones después de este avance: las leyes parlamentarias no fueron acompañadas del desmontaje de las estructuras más masivas de reproducción de la cultura machista, por un lado, y por el otro, no existe un colectivo LGBT unificado que se plantee las acciones políticas para solucionar el primer problema y avanzar en conquistas sociales más amplias.

Esto se visualiza en el cotidiano en la política de persecución policial al colectivo trans travesti, el avance de violencia lesbo y homo odiante, junto con la ausencia de la aplicación de la ESI en todas las escuelas. A la vez que se fortalece el relato católico de la visión del mundo. Siendo esta la  base cotidiana de las violencias hacia la disidencia, podemos decir que se vuelve exponencial en la actual coyuntura de crisis sanitaria.

Este 17 de mayo nos encuentra con trans en la calle y en las cárceles, con personas con VIH sin acceso a medicación, personas que en plena vigencia de la ley de identidad de género no reciben sus hormonas, con miles de niñes encerrados en cuarentena con sus abusadores, con desempleo y con odio. Odio a los políticos, que en su cuenta de Twitter saludan este día, pero en la práctica dejan morir al pueblo en la pobreza y la exclusión, odio por los empresarios que especulan con nuestra salud y nos quitan los derechos que hemos conquistado.

Esta vez no sólo el odio de quienes nos matan por la acción o la inacción, sino también de quienes nos cansamos de esperar a que nuestras vidas y las de todo el pueblo valgan.

El silencio en esta pandemia a favor de quienes priorizan vidas, parte de la reproducción de entender como enfermedad, como factor de riesgo que conduce a la muerte, a la pobreza, la homosexualidad, a lxs encerradxs de la salud mental, a lxs presxs. Aceptar eso no es más que claudicar las banderas que en los setenta, en los ochenta y en los noventa el colectivo disidente ha levantado para pelear por sus derechos. Es necesario debatir esta fecha no sólo como la reivindicación de nuestra existencia, sino como una parte trascendental del pueblo en la lucha para la destrucción de este sistema que nos mata. 

Como dice Paco Vidarte en su Ética Marica:

“Hay una responsabilidad inalienable por todos aquellos a los que la lucha por nuestros derechos ha excluido, silenciado, pisoteado y mantenido al margen de cualquier mesa de negociación; responsabilidad por las prioridades que ha habido en la lucha, primero gays y lesbianas, luego transexuales… nunca los presos, los enfermos de SIDA, los chaperos, las maricas sin techo, las bolleras latinoamericanas, las maricas migrantes asiáticas, africanas; responsabilidad porque todo lo que se ha conseguido ha dejado sin discurso, sin recursos, sin capacidad de convicción, sin credibilidad a los colectivos e interlocutores que parecen haber sacrificado cualquier reivindicación, todavía pendiente y más urgente que las obtenidas, a cambio de no constituirse en un sector molesto para el sistema.”

sendaguevarista

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