«Teoría para la acción». A 202 años del nacimiento de Marx

El 5 de mayo de 1818 nacía en Tréveris, Alemania, el intelectual revolucionario más importante de la edad contemporánea: Karl Heinrich Marx. Su pensamiento y el debate en torno a sus ideas han marcado, sin lugar a dudas, el último siglo y medio. No hay corriente política o ideológica que haya sido imparcial a sus premisas, y que no se haya definido a favor o en contra de sus ideas.

El mayor legado de Marx ha sido su profundo, certero y radical análisis del sistema capitalista. En su obra más conocida, «El Capital», condensa y madura una serie premisas e intuiciones que lo condujeron a comprender las leyes (tendenciales) que rigen el funcionamiento del sistema en que vivimos. Lo fundamental de su análisis está en la «teoría del valor», a partir de la cual nos demuestra que el valor de los bienes y servicios que rodean nuestra vida cotidiana, está determinado por la cantidad de trabajo necesaria para producirlas. La filosofía marxiana coloca así a la humanidad y al trabajo en el centro de su reflexión. Con ello consigue quitarle el halo mágico, fetichista, que recubre a las mercancías, que parecieran llegar a las góndolas y a nuestras casas como movidas por sus propios pies, ocultando detrás de sus precios, etiquetas y envoltorios el trabajo humano que está contenido en ellas.

La paralización económica mundial en estos tiempos de pandemia y cuarentena han vuelto a poner de relieve que toda la riqueza es producida por nosotrxs, lxs trabajadorxs. ¿Donde están las máquinas que trabajan solas, el capital financiero que se auto valoriza y los empresarios que «hacen que las cosas sucedan»? Pura propaganda burguesa.

Marx demuestra científicamente de qué manera en la sociedad capitalista, los capitalistas o burgueses se quedan con la riqueza producida por el trabajo ajeno. En su estudio del capital descubrió la «plusvalía» y a partir de ella demostró que la burguesía paga a lxs trabajadorxs sólo una parte de lo que producen (lo necesario para su subsistencia) y el resto, el plusvalor, lo destinan a renovar los capitales y a la acumulación y despilfarro de sus vidas lujosas. Atado a este concepto, para quienes somos marxistas-guevaristas encontramos fundamental la categoría de «alienación». Término proveniente de sus reflexiones filosóficas y que la divulgación estalinista y estructuralista había caracterizado como pre-marxista. El Che, en sus años de mayor formación teórica y práctica, al frente del Ministerio de Industrias, redescubre que «El Capital», la dialéctica y los Escritos Filosóficos de Marx forman parte de un mismo corpus filosófico político. Ese es Nuestro Marx y ese es Nuestro Che.

Tan agudo fue el análisis de Marx que le permitió, aun habiendo vivido en los albores del capitalismo, predecir la tendencia a la concentración de la riqueza en pocas manos y la tendencia a la mundialización del capital. Fenómenos que han llegado a tales extremos hoy, que las 8 personas más ricas del mundo poseen una riqueza equivalente a la mitad más pobre: 3.650 millones. Esto no es un accidente, ni una deformación, es el comportamiento del modo de producción capitalista: concentración y centralización.

Desde la propaganda antimarxista se ha insistido que el marxismo «fomenta la lucha de clases». En realidad, lo que demuestra Marx es el carácter objetivo de la lucha. Más allá de nuestras voluntades, más allá del carácter que asuma (velada y silenciosa, o franca y abierta), «toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases». Ese enfrentamiento está fundado en la disputa por la riqueza producida por el trabajo. Mientras existan clases será porque hay una mayoría que trabaja y otrxs que viven del trabajo ajeno. Y para que eso suceda, ineludiblemente, debe haber alguna forma de violencia que garantice ese orden de la injusticia. Para nosotrxs, los sectores subalternos, la lucha de clases es y ha sido siempre mayormente defensiva. Luchamos para sobrevivir, para amortiguar la explotación, para impedir nuestro embrutecimiento cotidiano. En algunos momentos de la historia hemos pasado a la ofensiva. ¡Esa es la lucha de clases que tanto temen los explotadores!

Toda la obra de Marx es una obra para la acción. Desde joven criticó a los pensadores que intentaban comprender el mundo por puro goce intelectual. En su famosa «Tesis XI» decía: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo».

¡De eso se trata! La teoría y la acción son dos momentos necesarios para esa transformación. Por ello Marx dedicó horas interminables a la escritura de «El Capital», pero también a la construcción de organizaciones obreras, como la «Primera Internacional de los trabajadores», de la que fue uno de sus fundadores.

Partiendo de la radical crítica al sistema capitalista que hizo Marx, y de la tradición de lucha de nuestros pueblos, seguimos dando la batalla por la abolición de este sistema injusto y por la construcción de un sistema digno y humano donde no exista explotación, ni ninguna forma de opresión: El Socialismo.

sendaguevarista

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