Notas sobre el trabajo estatal en tiempos de pandemia 

La coyuntura actual se encuentra atravesada por tensiones y contradicciones. La pandemia pone en manifiesto lo que implican las políticas de ajuste y austeridad, volviendo a revalidar el rol del Estado a través de “políticas de excepción” y preventivas, pero a la situación de emergencia la enfrentan trabajadorxs que vienen de un largo proceso de precarización. Como trabajadorxs estatales nos parece importante en este contexto repensar nuestros lugares de trabajo, las políticas públicas que llevamos adelante y los desafíos que se abren desde la acción sindical y el laburo estatal en general.

Que el árbol no tape el bosque o que la emergencia no tape la precarización 

Las situaciones excepcionales son complejas. Nos ponen frente al desafío de pensar alternativas en escenarios adversos, suspenden la vida tal como la conocíamos (con todos sus pros y contras) pero, sobre todas las cosas, sacan a relucir grandezas y miserias.

 Hoy el estado aparece como “esencial”, dato impensado hace un año atrás. En la línea de priorizar la prevención, el gobierno decidió ampliar el gasto social a servicios públicos. La mayoría de las áreas que se encuentran en funcionamiento debido a su calidad de esenciales,  se enfocan en el acceso a derechos para personas en situación de calle, hogares y refugios para adolescentes, niñas y niños, violencia de género, salud, comedores comunitarios, entre otras. Muchas otras áreas como educación y políticas agropecuarias también se encuentran trabajando de manera remota, lo que muchas veces, además de difícil por los medios técnicos y las tareas de cuidado, es verdaderamente esclavizante.  

La paradoja es que que en la mayoría de estos sectores encontramos desde salarios de miseria y formas de contratación precaria hasta falta de recursos básicos como barbijos y alcohol en gel. Esto se suma, fundamentalmente en los espacios de infancia, a la sobrepoblación y hacinamiento en los refugios y hogares, deterioros de infraestructura y falta de  servicios básicos. En efecto, desde fines del año pasado, paradores como CAINA y “boquita” vienen denunciando el resultado de años de vaciamiento de las políticas públicas en la ciudad de Buenos Aires: salarios que no llegan a la canasta básica, contratos precarios y en febrero incluso uno de estos dispositivos se vio obligado a cerrar sus puertas por falta de operadorxs.

Lxs trabajadorxs estatales vienen de recibir el 28% en la paritaria del 2019 a nivel nacional, que se terminó de cobrar en febrero del 2020 y del 19% en el GCBA, con una inflación que alcanzó el 50,3% en febrero de este año. A la ya histórica caída salarial de lxs estatales, que se profundiza durante el macrismo, se le suma la paralización de las recategorizaciones, falta de viáticos para garantizar traslados, reasignación de tareas sin garantía de las condiciones laborales, modalidades de contratación irregulares sin acceso a ART, haciendo visible la fragilidad de estxs trabajadorxs en momentos de emergencia. En algunas áreas como educación, las administraciones gubernamentales generalmente demoran el pago de salarios a monotributistas e intentan desligarse de su responsabilidad, no reconociendo la relación de dependencia laboral que mantienen. Otrxs trabajadorxs desprotegidxs en estos momentos de crisis, son lxs trabajadorxs tercerizadxs de limpieza, pertenecientes a empresas con las cuales el estado establece contratos que no garantizan la continuidad en los puestos de trabajos después de la cuarentena obligatoria. 

Mientras se afirma la necesidad de poner en el centro la vida, la pandemia hace perceptible las contradicciones que enfrenta el estado. En efecto, desde que comenzaron las restricciones se registraron 32 femicidios y travesticidios, desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad se ampliaron números para comunicarse por whatsap, pero su funcionamiento no es igual en todas las provincias: en algunos lugares no funciona, en otros la precariedad laboral como el recorte de horas extras, sin acceso al aguinaldo, licencias pagas, sobrecarga laboral  vuelve difícil la atención a las personas que sufren violencia de género. En muchos territorios el asesoramiento funciona pero no hay dispositivos de atención, las fiscalías y juzgados dedicados a estos temas decidieron no funcionar cuando comenzó la cuarentena y en otras provincias la articulación con el 911 no funciona. Hoy quedarse en casa se vuelve algo imposible para muchas y las políticas lanzadas como “el Barbijo Rojo” se vuelven insuficientes y exponen más de lo que cuidan en este contexto de emergencia que vivimos. Estas dificultades revelan la necesidad de presupuestos acordes y políticas integrales para comenzar a desmantelar las lógicas patriarcales que caracterizan las estructuras del estado.

Otra de las dificultades es el sostenimiento de políticas públicas alimentarias con trabajo no pago. Actualmente  se sostienen comedores comunitarios con jornadas laborales de 6hs promedio, sin pagar salarios, solo se financia la compra de mercadería con presupuestos totalmente alejados a los precios que se encuentran en las principales empresas de alimentos. Aumentó la demanda de prestaciones alimentarias en los comedores comunitarios, solo en el barrio Don Orione de Alte Brown, por poner un ejemplo, están cocinando para más de 700 personas todos los días, allí trabajan mayoría mujeres y sin acceso a un salario. 

La necesidad de hacer respetar el aislamiento social necesario, recrudece la lógica de la vigilancia y estigmatización. Un ejemplo de esto es el intento de convertir la residencia de libertad restringida Juana Azurduy, perteneciente a la dirección penal juvenil del consejo de derechos de niños, niñas y adolescentes en una especie de “comisaría para jóvenes y niñxs que violen el aislamiento social”. Esta medida, decretada de manera sorpresiva y verticalista no sólo es violatoria de todos los protocolos sobre infancias a nivel nacional e internacional sino que tampoco tuvo en cuenta q la “juana” es exclusivamente para mujeres y tiene capacidad para solo 6 personas. El gobierno tuvo que retrotraer la medida por la presión social de trabajadorxs y organizaciones que trabajamos por los derechos de las niñeces. Se activó esa maravillosa red de organizaciones territoriales, sindicales y políticas que siempre está cuando el estado quiere “cuidarnos” tanto que nos expone a dispositivos penales lesivos para el goce de otros derechos.

Trabajadores de la Salud en la primera línea

Lxs trabajadores de la salud, por su parte, son noticia en diversos medios de comunicación,  incluso se ha instalado en torno a ellxs una imagen heroica, que no mejora un ápice sus condiciones laborales. Es necesario enfrentar esta  crisis con análisis y propuestas claras. Nuestro sistema de Salud, es mixto (público y privado) y se encuentra descentralizado a nivel nacional, por lo que existen 24 administraciones diferentes en todo el país, lo que implica distintos tipos de sueldos, contrataciones y protocolos de implementación, según cada administración. En el contexto de pandemia se potencia la necesidad de un sistema  único y centralizado. 

El sistema público de salud está compuesto, además de profesionales  contratados como planta permanente  (con salarios devaluados por la terrible inflación del 2019)  por enfermerxs que no son consideradxs como profesionales  y cobran por debajo de la línea de la pobreza; por residentes que llevan una lucha histórica por su reconocimiento como trabajadorxs y hoy día cobran aproximadamente $139 por hora y con una sobrecarga horaria no reconocida; concurrentes que trabajan de forma gratuita, sin tener ni siquiera ART,  trabajadores administrativos y trabajadoras de limpieza expuestas y poco reconocidas en estos contextos, en muchos casos se encuentran tercerizadxs, con contratos miserables e inestables.  Todas estas personas sostienen el sistema  público de salud  hoy día y se encuentran trabajando sin las pautas de  cuidados necesarias. No existen medidas oficiales en los hospitales,  para la distribución y rotación del personal en grupos con el objeto de evitar contagios, aún viendo que estos últimos días los casos sospechosos y confirmados  de COVID 19 en trabajadores de salud  han sido noticias recurrentes. 

La cuestión de los insumos no es menor, son tan insuficientes como ineficientes; se entrega un barbijo quirúrgico por día (cuando la recomendación es de uso por 2 horas pero se usan entre 6 y 8 horas), escasez de alcohol en gel,  faltantes de repelentes  (porque el Dengue es otra de las enfermedades a la que nos exponemos en el cotidiano), entre otras cosas. Asimismo, las medidas que se van tomando desde las autoridades  tienden más al control que a la participación colectiva, como es costumbre. En este sentido las decisiones son tomadas por unxs pocxs e incluso la información sobre los casos  en los efectores es negada, llegando en algunas instancias a enterarse por los medios de comunicación antes que por autoridades oficiales sobre casos de compañerxs confirmados. La opinión de la mayoría de lxs trabajadores, que son  quienes ponen su cuerpo en el cotidiano, no es tomada en cuenta.

En este contexto de emergencia, además  se presenta la  dificultad en  la atención de otros padecimientos y enfermedades que han quedado relegados, pero no por esto son menos graves para las personas que los atraviesan, aún no hay protocolos sobre la atención de estas situaciones, dejando de lado a la salud desde una perspectiva integral, sin tener en cuenta todas las situaciones, esas  que algunos medios comienzan a llamar “daños colaterales”.

La crisis pandémica muestra claramente que los trabajos necesarios para la reproducción social son los más explotados, feminizados y precarizados. Señalamos estas dificultades no solo por las condiciones materiales de existencia de lxs trabajadorxs, sino también recuperando el esfuerzo militante de varios sectores organizados, la relación entre las condiciones laborales de lxs trabajadorxs del estado y la relevancia que se le da a las políticas públicas. Una gestión estatal que le pone relevancia al presupuesto y a los salarios  es darle centralidad a políticas que se dirigen directamente a sectores vulnerables, hoy en riesgo, dada una situación que expresa y profundiza la desigualdad en la que nos encontramos.   

Desafíos para lxs estatales

A todas luces se hace necesario, en estos tiempos, refundar la idea de solidaridad, pero no como una prerrogativa individual e individualizante, que apele a un carácter moral del laburo,  práctica patronal desplegada por el kirchnerismo y hasta por Vidal para mellar las huelgas docentes pensando en “lxs niñxs” hoy reciclada para apelar a nuestra responsabilidad como “trabajadores esenciales” mandandonos a  cubrir baches que dejan los años de vaciamiento, sino como espacios de construcción solidario en las bases y por lxs mismos trabajadorxs que claramente somos capaces de auto-regularnos y auto-gobernarnos. En efecto, somos lxs que más sabemos qué se necesita y dónde. La construcción de espacios sindicales de base es la tarea. 

Revertir la histórica precarización laboral de nuestro trabajo es uno de los grandes desafíos gremiales que tenemos les laburantes y activistas sindicales del estado, para ello fortalecer las articulaciones ya impulsadas entre estatales y organizaciones sociales puede ser uno de los caminos, como así también impulsar redes gremiales de base para sostenernos en estos contextos de tensión e incertidumbre, no solo ahora sino también para nuestros futuros cercanos. Hoy las seccionales tanto a nivel nacional como capital de ATE, UPCN y SUTEGBA mantienen una relación estrecha con el gobierno, incluso llegando a aceptar y promover la cuotificación de aumentos y las suspensiones salariales, lo cual impacta fuertemente en las posibilidades de revertir nuestra situación.  

Creemos que recuperar la organización de largo aliento de nuestra historia como clase trabajadora, hoy sumando los aportes de los  feminismos respecto a la importantancia de los trabajos que sostienen la vida y la reproducción social, es crucial para los escenarios que se abren. Junto a estos movimientos sociales nos podemos permitir pensar ¿Qué está en juego en esta crisis?. Articular agendas, fortalecer las luchas que se vienen acumulando para visibilizar la contradicción de nuestro estado empleador nos permitirá dar la disputa de sentido sobre esta crisis. La organización colectiva es la principal estrategia para prepararnos a responder y fortalecerla es el desafío que tenemos frente a  esta coyuntura.

sendaguevarista

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