Tierra, pan y salud: Lucha campesina en el norte de Misiones

Por Mariano Iturri

En momentos como el actual, cuando la salud es nuestra principal preocupación, quiero contarles sobre una experiencia vivida este año. A fines de enero tuve la posibilidad de conocer a un grupo de campesinas y campesinos del Movimiento Campesino de Liberación (MCL) en Montecarlo, Misiones. Me encontré con historias conmovedoras y una ejemplar construcción colectiva. Esta experiencia campesina, atravesada por la salud pública, la desigualdad social, la explotación laboral, el deterioro del medio ambiente y la lucha política, tiene mucho para decirnos sobre lo que debe hacerse para que toda la población alcance bienestar y salud.

 Injusticias y lucha en tierra Misionera

Antes que nada, debemos saber que, además de tener las Cataratas del Iguazú, Misiones tiene en su territorio muchísimos pinos y eucaliptus para la industria pastera. La provincia no escapa al modelo económico extractivo imperante en el resto del país y gran parte de su suelo apto para la agricultura está ocupado por estos árboles y no dedicado a la producción de diversos alimentos y yerba.

En las últimas décadas, para aumentar sus ganancias, los empresarios misioneros reestructuraron su producción y cambiaron las formas de organización del trabajo (con la aplicación de costosos paquetes tecnológicos). Este proceso, por un lado, fortaleció a los grandes propietarios y, por otro, tuvo consecuencias negativas sobre la naturaleza y empobreció a gran parte de los trabajadores de la tierra: aumentó la desocupación y el hambre.

Cansados de padecer esta pobreza, algunos sectores de la clase trabajadora instalaron el debate sobre la tierra. Sin recetas sobre cómo hacer la reforma agraria, quienes no tenían ni trabajo ni tierra comenzaron a pensar cómo conseguir una porción de suelo para cultivar y vivir dignamente y sin hambre. Fue así que unas 100 familias, organizadas en el MCL, ocuparon 300 hectáreas a unos pocos kilómetros de la ciudad de Montecarlo y se pusieron a producir.

Estas familias me recibieron en sus chacras y pasé unos 20 días entre las producciones, su escuela y su espacio compartido de cocina y comidas. Allí escuché sus historias, sus trabajos, sus luchas y sus razones.

Misiones

Historias de explotación

Hace unas semanas, leyendo sobre la pandemia, me encontré con textos del médico e investigador catalán Joan Benach. Él dice que las injusticias y las desigualdades sociales dañan la salud y producen, a gran escala, sufrimiento y muerte prematura de la población. Las personas más oprimidas, explotadas y excluidas de la sociedad son quienes mayores problemas de salud padecen. Los sectores de la clase trabajadora con menos recursos económicos, desempleados o con empleos precarios, con viviendas sin condiciones adecuadas en barrios con contaminación y sin los necesarios servicios sociales y sanitarios, están expuestos a mayor cantidad de factores de riesgo que afectan su estado de salud.

En mi estancia por Misiones, saqué un libro de la biblioteca de un amigo con textos de Rafael Barrett. Estos escritos de 1908 describen una realidad impactante que, tristemente, me resulta muy actual. Tras recorrer Paraguay decía:

“La degeneración más espantosa abate a los peones, a sus mujeres y a sus pequeños. El yerbal extermina a una generación en quince años. A los 40 de edad el hombre se ha convertido en un mísero despojo de la avaricia ajena. Han dejado en él la lona de su carne. Caduco, embrutecido hasta el extremo de no recordar quiénes fueron sus padres, es lo que se llama un peón viejo. Su rastro fue una lívida máscara, luego tomó el color de la tierra, por último el de la ceniza. Es un muerto que anda.”, Rafael Barret (1908), Lo que son los yerbales.

Las campesinas y los campesinos de Montecarlo me expresaron su cansancio por entregar su esfuerzo a un patrón y que su trabajo siempre beneficie a otros. La mayoría ha sido tarefero (trabajadores en la cosecha de la yerba) y vieron cómo con su esfuerzo en el yerbal estuvieron pagando lo que comen los zánganos… y solo recibían unas pocas migajas. Además de la explotación, recuerdan los señalamientos, la estigmatización, la criminalización de sus reclamos y la represión. Sienten que a los trabajadores siempre se les ha cargado la culpa sobre muchas cosas y que nadie habla de la responsabilidad de los ricos en los males que sufre la población. Afirman que las empresas no dieron trabajo, solo trajeron explotación, pobreza y enfermedades. Las y los trabajadores sufren en sus cuerpos los dolores que les quedaron por la explotación laboral y la producción extractivista, que contamina el aire, el suelo y el agua; son muchos los casos de hernias, cáncer, abortos espontáneos y muertes tempranas.

Gran parte de las personas con las que compartí esos días fueron expulsadas de su lugar de origen por falta de tierra y de trabajo y por las malas condiciones de vida. Como su territorio no era vivible, involuntariamente, tuvieron que migrar (desde Paraguay a Misiones o de Misiones a Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe o Buenos Aires, principalmente).  Y en los sitios a donde llegaron, generalmente las grandes ciudades de nuestro país, se encontraron, en la mayoría de los casos, sin servicios básicos, con trabajos de más de 14 horas, con la inseguridad, el narcotráfico, la contaminación y padeciendo el desarraigo. Esto último estuvo muy presente en sus anécdotas: no se hallaban en el lugar donde fueron a parar, se sentían extraños, como pájaro enjaulado.

El camino de la lucha colectiva

Hoy los campesinos y campesinas del MCL de Montecarlo tienen sus chacras para superar las injusticias sociales que han padecido. También han construido su escuela Ñande Kokue. En esta, además de aprender a mejor las técnicas de cultivo y de cuidado del suelo, también se forman política e ideológicamente. Es su espacio central porque también lo utilizan para hacer sus asambleas y llegar a acuerdos sobre las acciones de lucha para conquistar derechos. También es a donde acuden trabajadores municipales, de la cerámica, de salud, madereros y docentes en momentos de conflictividad en la búsqueda de solidaridad campesina… y la encuentran.

Durante mi visita, al compartir charlas y espacios, escuché distintas voces con sus historias personales. Estos relatos, sin embargo, daban cuenta de una historia común de padecimientos y luchas, que es quizá la razón que hace que hoy estén juntos y juntas.

Observé, a su vez, cómo compartían entre los campesinos sus conocimientos sobre la agricultura, sobre cómo aprovechar la naturaleza y cuidar el suelo, combinar cultivos, respetar los ciclos de regeneración de nutrientes, etc. Todos saberes aprendidos por ser hijos e hijas de familias campesinas o por trabajarles la tierra a diferentes patrones. Por su historia, ellos y ellas conciben a la tierra como forma de vida, de alimentación y de salud (mejoraron su alimentación y recuperaron saberes de la medicina ancestral).

Esta organización campesina se está construyendo poco a poco. No es un camino sin dificultades. Todavía se acarrean muchas prácticas individualistas y el poder político y económico no deja de ponerle obstáculos. Sin embargo, en cada actividad van estrechando lazos de solidaridad, responsabilidad colectiva y forjando proyectos comunes.

Reforma agraria y reforma urbana

La Reforma agraria es la bandera principal de estos hombres y mujeres del Movimiento Campesino de Liberación. Luchan por la tierra, el agua y las semillas, y consideran que son necesarias nuevas formas de propiedad, de organización del trabajo y de producción: la tierra debe ser para quien la trabaja y debe producirse de forma agroecológica y para la soberanía alimentaria.

Como continuidad de uno de sus objetivos principales de producir alimentos sanos –sin  agrotóxicos que enferman– para sus familias y para la comunidad, en el MCL también discuten y luchan por la Reforma Urbana. Consideran que las clases populares tienen derecho a disfrutar de la ciudad y que, por lo tanto, debe desnaturalizarse el hecho de que se los condene a vivir en malas condiciones. Es por esto que reclaman que el Estado debe garantizar condiciones de vida dignas y, entre otras cosas, debe apoyar la práctica de la agroecología.

La enseñanza del campesinado montecarlense

El campesinado de Montecarlo, en su lucha por conseguir la tierra, está haciendo su camino por la libertad y el fin de la explotación. Considero que su historia debe ser conocida ampliamente porque es un ejemplo a seguir: es el pueblo organizado, luchando y construyendo propuestas alternativas.

Las acciones de unidad de la clase trabajadora del norte de Misiones y su radicalidad no abundan en nuestro país. Allí, las necesidades fueron convertidas en una voluntad política de transformar la realidad y se le han arrancado conquistas al poder. A partir de una lectura sobre su situación social, económica y política fueron capaces de ampliar los márgenes de intervención y representan hoy una amenaza al empresariado local.

El esfuerzo cotidiano de la clase trabajadora para satisfacer sus necesidades básicas debe ser organizado para aspirar a algo más que la mera supervivencia, para ser gobierno, para vivir. Algo de esta épica, necesaria pasa acabar con el capitalismo, está presente en Misiones.

sendaguevarista

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