Perspectivas. Macri ya fué, Alberto asumió

por Camilo Napalpí

Cambio de año ¿cambio de situación? 

Luego de la derrota del Macrismo, que empalmó con un profundo rechazo y resistencias a su gestión desde amplios sectores de la sociedad (en su mayoría asalariades y pobres), el PJ supo hacer lo mejor que sabe hacer: proponer una coalición política basada en la conciliación de clases que de una respuesta electoral al rechazo a 4 años de gobierno de cinismo y ajuste neoliberal. Para ello pusieron las mejores cartas que tenían: sumar a Cristina Fernández a la coalición en una variante que incrementara apoyos más allá del gran caudal electoral que aún mantenía. La victoria de Alberto Fernández confirmó el acierto político y el  pasado 10 de Diciembre asumió nuevamente un gobierno peronista al frente del Estado Argentino.

Lo que se abre en ésta nueva fase, en el marco de un continuo ajuste y ofensiva neoliberal mundial – entendiendo al neoliberalismo como estrategia del Capital transnacionalizado a escala global- es la necesidad de revisar los posicionamientos políticos y ajustar las tácticas políticas de acuerdo a un nuevo escenario. En el que es necesario comprender el estado de ánimo del pueblo trabajador y otros sectores agredidos en los últimos años. Quienes han depositado esperanzas en un nuevo gobierno que, por ahora, se presenta como una opción para terminar con el ajuste, el desempleo y el hambre. En el marco de una sudamérica asediada por gobiernos reaccionarios, golpistas y represores. Pero a la vez, con una serie de rebeliones populares que demuestran una nueva predisposición de lucha en las masas latinoamericanas. Como lo ocurrido en Ecuador, Colombia y particularmente en Chile, donde estalló en mil pedazos el tan propagandizado “Milagro Chileno”.

El papel de una organización revolucionaria en la situación actual

Entendemos que estamos en un momento de transición y reacomodamientos, luego de un gobierno de derecha que atacó derechos conquistados por las luchas de las clases trabajadoras durante décadas; que habilitó al gatillo fácil, otorgando licencia para matar; que volvió a apostar a la receta de endeudamiento descomunal re-lanzando un política de dependencia y subordinación que había sido relativamente cuestionada en gobierno anteriores. 

Sin embargo, quienes auspiciamos durante la etapa anterior que era necesario terminar con el gobierno macrista construyendo una salida desde abajo (con movilización y organización popular), fuimos mucho más débiles que los partidos del sistema, que lograron imponer la consigna de “hay 2019” con la cual lograron captar electoralmente la bronca y desesperación popular. Ya en el gobierno, han tomado algunas primeras medidas para consolidar la esperanza de quienes los eligieron, como por ejemplo el protocolo para el aborto no punible, la creación de los ministerios de las Mujeres, Géneros y Diversidad o el de Desarrollo Territorial y Hábitat. Además elevaron nuevamente el estatus ministerial de las ex secretarias de de Salud y Ciencia.

Urge preguntarnos ¿cómo y hacia dónde apuntamos en éste momento con nuestras municiones de la palabra y acción? En general siempre nos orientamos por la premisa de enfrentar a la derecha, donde sea que se ubique, y empujar hacia posiciones de izquierda a quienes aún no han perdido la sensibilidad ante la injusticia social, la destrucción ambiental, el sentido de comunidad, la solidaridad y sororidad. Porque en el marco de las disputas por el sentido común, en la acumulación de ideas y de fuerza, nunca una organización revolucionaria se puede amoldar al conformismo de cada coyuntura. 

La clase dominante lucha de manera permanente por ejercer y perpetuar su dominio. Y más allá de las victorias y derrotas en el marco de un sistema político, con la supuesta “alternancia” de los gobiernos, hasta hoy nunca han cambiado de manos la propiedad de los medios de producción, el crédito, la tierra y las divisas. Por ello cada momento de “calma”, de consenso, la clase explotadora busca reforzar los anclajes del control social y reproducir el sistema que sostiene  sus privilegios. 

Luego de haber derrotado electoralmente al “Virrey Mauricio”, y de una dura resistencia de 4 años a un gobierno de rapiña y despojo, el pueblo necesita recuperar sus energías, tomar aire y reponerse ante la embestida económica, psicológica y subjetiva que sufrió en manos del neoliberalismo. Entonces es natural caer en la idea de que “ante lo que era el gobierno de Macri, ahora cualquier cosa es mejor”. 

Ante este panorama, el papel de la organización política que pretende transformarlo todo no puede acomodarse a las circunstancias y perder su capacidad crítica y movilizadora. Alentar a reflexionar sobre el momento, unir los hechos y las situaciones que parecen aisladas, dialogar con el conjunto del pueblo es imprescindible para que podamos comprender que la experiencia histórica enseña que nunca hay que dormirse en los laureles de una victoria parcial. Porque los intereses que sostuvieron, financiaron y protegieron al gobierno neoliberal de Macri no han sido derrotados; todavía mantienen el poder económico, tienen sus alfiles en el poder político y controlan siempre a los poderes permanentes del Estado. El Golpe de Estado de Bolivia, al cual seguimos repudiando,  es una clara demostración de ello. 

En ese sentido, no se puede dejar de observar que dentro del nuevo gobierno nacional, y en muchas provincias, aparecen figuras cuestionadas de ese poder fáctico, con prontuarios que no se referencian con las luchas e intereses de las clases subalternas. Figuras despreciables como Felipe Solá (relaciones exteriores), Sergio Berni (Seguridad Bs.As.), el sanjuanino Alberto Hensel (secretaría de Minería) y las alianzas con Gobernadores antiderechos como Juan Manzur, o claramente referenciados con la derecha peronista, como Omar Perotti. No hay que ser un analista experimentado para ver que es una alianza que hace equilibrio entre las clases dominantes, con fieles representantes políticos, y una crisis social que no ha explotado, pero que tiene todas las condiciones para hacerlo, como el mismo Alberto dijo en una entrevista televisiva. Por ello no es menor la incorporación al gobierno de amplios grupos, sindicatos y partidos del campo popular, que le permiten tener una referencia hacia abajo y regular la lucha social, para evitar el desborde de los límites del Estado. Algo que el PJ tiene larga trayectoria y experiencia.  

A modo de dar otro ejemplo, de la contradictoria situación, en los últimos meses los medios de comunicación global no pudieron evitar que se filtrara la noticia sobre una adolescente europea, que había atravesado un océano para hablar ante los principales representantes de los Estados del mundo sobre la crisis planetaria ambiental y los peligros que acechan el actual modo de producción y consumo de la humanidad. En los medios de comunicación locales se llenaron de elogios hacia la joven, les parecía curiosa la firmeza y convencimiento, como si se tratara de algo muy raro para su juventud, y cubrieron el hecho como una simpática noticia para vender. Pero esos mismos medios se sientan hoy en la mesa del nuevo gobierno, como en el almuerzo de fin de año de la Asociación Empresaria Argentina, donde se les habla de “Estado inteligente” y en favor de “explotación minera”. Esos mismos empresarios que no dudaron en apoyar el programa de Macri hoy celebran la “vía libre” que el conjunto del sistema político le da al saqueo de los bienes comunes en Mendoza, Chubut y otros territorios, permitiendo el avance del modelo de destrucción ambiental de la mega-minería y el Fracking, con sobradas pruebas de que contaminan el agua y la tierra. 

Pues así de brutal se revela el modo en que clase dominante instala la agenda política a pesar de la “alternancias” en los gobiernos. Y por ello el papel de nuestras organizaciones no pueden ser de simples aplaudidores de las medidas progresivas y críticos de las que no nos parecen populares. 

Porque tal vez derrotamos electoralmente un sentido común favorable al despojo de derechos y la meritocracia pero siguen en el poder las grandes alianzas de capitales nacionales e internacionales, que se fusionan y superan cualquier grieta. Tienen el visto bueno del amo imperial pues es quien administra, si nadie se opone, la división internacional del trabajo, siempre en clara sintonía con sus intereses hegemónicos de reproducción del control mundial. 

Sumando complejidades: un continente y un mundo en  abierta disputa

Lo más difícil de la situación actual es que se da en un momento muy dinámico por arriba, por el control de los Estados, y por abajo, en la movilización de masas de los pueblos de esta región del planeta. 

Desde rebeliones populares que ponen freno a la ofensiva neoliberal del capital transnacional y el imperialismo, hasta reacciones conservadoras que vuelven al modelo de golpe de Estado para sacar del gobierno a quienes se animan a cuestionar el poder hegemónico mientras se alinean sin tapujos al mando imperialista, de EEUU y Europa, en pos de acomodarse ante un nuevo escenario mundial en disputa. 

Es así que muchas organizaciones ponen sobre la mesa los acontecimientos regionales y mundiales según les convenga. Por un lado quienes dicen que no debemos  ser tan críticos al nuevo gobierno porque la ofensiva imperialista está acorralando a los gobiernos progresistas (como si el imperialismo no estuviera a la ofensiva desde la caída del campo socialista en adelante). Pero por el otro las organizaciones que dicen que hay que ir con toda la crítica para sumarse a la oleada de las rebeliones populares contra el neoliberalismo y el golpismo. 

Claramente no pueden ser tan simplista las tácticas. Pueden que tengan algo de razón ambas. Pero el problema es que una es el seguidismo al que han convergido y al sectarismo por el otro lado que ha reducido sus construcciones y coaliciones. 

El ejemplo de las implicancias locales de estas lecturas son en primer lugar la de Itai Hagman, Frente Patria Grande, que a horas de haber asumido ya estaba defendiendo sin críticas al proyecto de emergencia económica presentado por poder ejecutivo nacional. A pesar de que el proyecto de ley atacaba, entre otras contradicciones,  las jubilaciones de los trabajadores del sistema público de enseñanza en todos los niveles, sabiendo que fue un sector duramente castigado durante el gobierno cambiemista. Es una clara demostración de los límites de aceptar la dirección burguesa de la oposición neoliberal. Y por otro lado, la justa denuncia del FIT ante la legitimación del pago de las Deudas públicas, mayormente la contraída con el FMI, sin investigación previa del uso de esos millonarios recursos. Esa denuncia quedó reducida a pequeñas movilizaciones que dan cuenta del método absurdo del “delimitacionismo” y las alianzas sectarias que propicia la coalición electoral de izquierda, donde parecen conformarse  con ser solo “tribunos del pueblo”, pero sin capacidad de aglutinar a ingentes porciones del pueblo trabajador a la movilización y la lucha, más allá de los simpatizantes de las corrientes ideológicas que pertenecen sus partidos. 

Para nosotres es primordial comprender que hay un cambio de situación, basado en algunos aspectos de la realidad:

-La derrota electoral de la derecha, producto de los resultados económicos desastrosos para el conjunto del pueblo. Como programa neoliberal fueron exitosos en el saqueo y endeudamiento, pero, a pesar que hicieron todo lo que pedían los grandes capitalistas, no hubo ningún resultado macroeconómico. Tampoco pudieron llevar adelante la reforma laboral, aunque se avanzó parcialmente en algunos sectores. Sí lograron abaratar brutalmente nuestra fuerza de trabajo. 

-La victoria de una coalición opositora en el marco de una crisis económica muy grave y  que accedió al poder con la promesa de revertir los principales indicadores macrosociales adversos: Hambre, desocupación y ajuste. 

-Una situación de recesión capitalista nacional y regional que presiona a los gobiernos a gravitar entre la austeridad de la inversión social, reclamada por el Capital, y la insurrección social. 

-Resolver las tensiones entre la inmensa demanda de divisas para el pago de Deuda Externa y la Deuda social interna. 

-La crisis energética y ambiental que pone en jaque los modelos de desarrollo del Capitalismo en todo el planeta, abriendo conflictos entre la voracidad extractivista y los pueblos que defienden su derecho a un ambiente limpio y habitable. 

-La tensión de sostener un lema de Capitalismo con “inclusión” ante un imperialismo cada vez más voraz , desestabilizador y guerrerista. 

Ejemplar lucha en defensa del agua y el hábitat

En las últimas horas, mientras cerramos éste editorial, ya hay novedades luego las inmensas movilizaciones populares en Mendoza. Como si la rebelión trasandina se propagara a través del gigante cordón montañoso, insurgió desde abajo con una fuerza inusitada en aquellas tierras, que hacen acordar a las mejores tradiciones de lucha. Como el heroico pueblo que nutrió las filas del ejército libertador de San Martín, durante las primera guerra de independencia. O las históricas luchas del mendozazo durante la década del 70, contra el aumento en las tarifas de electricidad que había dispuesto la dictadura que en ese momento gobernaba el país. 

Luego de una rebelión popular que transitó la provincia entera, alzada por el derecho al Agua Pura, los legisladores/as del Frente de Todos, que habían votado en conjunto con el oficialismo provinciano, sugirieron al gobernador que no promulgase la ley. Suárez intentó aplacar el descontento popular con una medida mentirosa. Dijo que no reglamentaría la ley. El pueblo le dio otra clara respuesta: ese mismo día se produjeron nuevas movilizaciones en la provincia. En la ciudad de Mendoza se concentraron unas 50 mil personas. Finalmente, asediado, tuvo que derogar la ley. Y todos los legisladores que habían votado envenenar al pueblo, debieron aprobar la nueva ley que derogaba lo que habían sancionado hacía apenas una semana. Mientras los partidos del sistema quedaron pedaleando en el aire, el pueblo escribió una formidable lección democrática. El pueblo es soberano, y no entrega cheques en blanco. “El pueblo unido, jamás será vencido”, se cantaba en las calles. Junto con la consigna más coreada en las calles cuyanas: El Agua de Mendoza, No se Negocia”. Nuestros recursos naturales no pueden rifarse en la pira del supuesto desarrollo. 

También la Patagonia rebelde se suma a la misma lucha. En una histórica jornada, nuevamente la movilización permitió frenar otro frente que el lobby minero intentó penetrar. Luego de una jornada con vigilia de organizaciones populares y ambientalistas, la  Legislatura provincial evitó tratar la modificación de la ley 5001. 

De éste modo se cierra un año que marca un rumbo para lo que viene. Ante la crisis capitalista que atraviesa nuestro país y en el mundo, los pueblos no están dispuestos a sacrificar cualquier cosa en nombre del “crecimiento” y “saldar las deudas”. 

Un 2020 de grandes debates y resistencia

No será nada fácil lo que viene por delante los próximos años. Como bien nos anticipamos en el editorial de septiembre, el presidente Alberto Fernández decía que “Hay que actuar con sensatez, y sensatez es que Argentina debe cumplir sus obligaciones”. Las declaraciones del nuevo ministro de Economía, Martín Guzmán, confirman aquellas directrices previas: El pago de la deuda con el FMI y otros acreedores. Que como ya dijimos, es la ‘espada de damocles’ sobre la economía argentina

En ese sentido debemos impulsar un amplio debate que ponga en la agenda la necesidad de investigar el uso de las deudas contraídas ya que hay múltiples indicios de que fue ilegalmente contraída y que su utilización solo fue para financiar, en gran parte, la fuga de capitales. 

Todas las leyes de emergencia económica que se presentaron en las legislaturas nacional y provinciales son de “austeridad”. El debate en todo esta historia es que los números no estarían cerrando. Pero el quid de la cuestión es quién hace el “esfuerzo” al que convocan los gobernantes. Si es el pueblo trabajador o los grandes capitalistas, sobre todo quienes se enriquecieron en los últimos años de macrismo. Las exportadoras, los bancos, los grandes pooles de siembra, las mineras, petroleras y los oligopolios comerciales se enriquecieron y fugaron miles de millones de dólares. Por lo tanto, la resistencia continua porque quieren que paguemos el pato del festín neoliberal, cuando los dueños de todo siguen disfrutando en la abundancia más inmoral a costa de  millones que viven una desgracia cotidiana. 

Para terminar con los males que azotan la vida de millones de desposeídos no alcanza con leyes de “solidaridad” y “emergencia” económica. Necesitamos un programa político que permita salirse del marco del sistema capitalista y confrontar con los monopolios imperialistas y sus organismos supranacionales. Porque si no terminamos con el sistema dependiente al que las transnacionales, el FMI y otros organismos someten nuestros países por mucha “alternancia” de los gobiernos, seguirán perdurando los problemas que aquejan nuestros pueblos, más allá de pequeños períodos de relativa estabilidad o prosperidad.   

Con el ejemplo de las resistencias al neoliberalismo y su extractivismo, con la fuerza del movimiento trans-feminista y la experiencia acumulada de 4 años contra el macrismo, debemos seguir construyendo organización independiente del capital y sus partidos tradicionales. Con la seguridad de que los pueblos están despertando de la larga pesadilla neoliberal y más temprano que tarde venceremos. 

Por un 2020 de prospera lucha y nuevas fuerzas para el combate a la injusticia y la opresión! 

En la senda guevarista, continuaremos hasta vencer! 

sendaguevarista

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