21N Paro General en Colombia

Por Adri P

Colombia es un país con tradición de protesta, a pesar del miedo generado por una  violencia estatal sistemática,  un conflicto armado de más de 60 años y a una sumisión total por parte de la élite dirigente con el Imperialismo Norteamericano, que no han logrado apaciguar un pueblo que sigue levantando su voz de protesta.

Hace un mes atrás en una confluencia de sindicatos y movimientos sociales, nació la convocatoria al paro nacional para el 21 de noviembre. El llamado empezó a  gozar de adhesiones y con el transcurso de los días de fueron sumando organizaciones estudiantiles, campesinas, colectivos feministas, comunidades indígenas. En los últimos  años ha habido marchas masivas, pero quizás está es la primera que cuenta con el acatamiento de prácticamente todos  los sectores de la economía. Sólo dos gremios no se sumaron: camioneros y el sindicato de trabajadores bananeros SINTRAYNAGRO, presidido por Guillermo Rivera, aliado del uribismo y del paramilitarismo. El gremio bananero sufrió en los años 90 el terrorismo de Estado, que exterminó a los integrantes del sindicato clasista.

El gobierno de Iván Duque no tardó en tomar medidas para intentar deslegitimar la organización del paro y una semana antes de la fecha convocada, Bogotá y las ciudades más importantes del país estaban fuertemente militarizadas (más que de costumbre). El Ejecutivo otorgó a Gobernadores y Alcaldes facultades extraordinarias para poder aplicar toque de queda; las fronteras terrestres y fluviales fueron cerradas, se ordenó la alerta máxima a las fuerzas militares, se  presentaron allanamientos en casas donde funcionan  colectivos de artistas y medios de comunicación alternativa.

A pesar del terror y la zozobra generada, la disposición del pueblo colombiano para salir a las calles seguía intacta y así fue como el paro convocado para el 21 de Noviembre rompió cualquier expectativa, y las calles de Bogotá, Medellín, Cali, incluso aquellos pueblos olvidados por el Estado Colombiano, marcharon hermanados en un grito de protesta que le dijeron basta al Gobierno de Duque.

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Las demandas que impulsaron el paro nacional tienen que ver con reformas laborales y previsionales, medidas  económicas apoyadas por el FMI y sobre todo el pedido de  parar con el asesinato sistemático de líderes y liderezas sociales que han sido ampliamente denunciados  y descaradamente ignorados por parte del Gobierno. Aunque Duque ha negado la existencia de proyectos de reforma se sabe que existe el plan para introducir una reforma laboral, que pretende que a los jóvenes que entran al mercado laboral se les pague el 75% del salario mínimo legal, que se permita la contratación laboral por horas, lo que generaría la imposibilidad absoluta para jubilarse. La protesta también va dirigida  a oponerse la eliminación del fondo estatal de pensiones COLPENSIONES, que dejaría los aportes de los colombianos en manos de  fondos  privados; a la reforma tributaria que busca rebajar impuestos a  las multinacionales y empresas mientras suben para el pueblo trabajador, a la privatización de ECOPETROL, ISA, CENIT y aquellas empresas en que el estado tiene acciones del 50 %. Otros temas indiscutibles de hartazgo en el país son la corrupción que salió  a flote con casos como los de Odebrecht y Reficary, que dejan pérdidas de 50 billones  de pesos al año (1456 millones de dólares), los tarifazos, el descontento con el salario mínimo legal de $828.116 (U$240 dolares) que no cubre la canasta básica.  El paro también también busca defender el derecho a la protesta social ya que el Gobierno quiere reglamentarla y criminalizar a quienes se manifiesten en las calles.

Como si fueran de manual, el Gobierno de Duque y sus aliados, tal como lo hiciera Macri en la Argentina, niegan la existencia de  proyectos que sólo beneficiarán a los dueños del poder económico; como si fueran de manual, intentaron boicotear por cualquier medio el paro convocado del 21N. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, las calles se  inundaron de gente y a pesar de la represión, de la violencia ejercida contra el pueblo, de los heridos, de los muertos; la gente salió a  la calle y gritó  y bailó. Porque con lo que no cuentan sus manuales es con la dignidad y el hartazgo del pueblo oprimido. Y la realidad es que hoy, un par de  días después del 21N, los colombianos siguen en las calles, haciendo cacerolazos, marchando con antorchas, en bailatones monumentales.

No se si será mi enorme deseo de que el pueblo Colombiano también despierte, o si realmente las señales que está dando la gente que continúa de paro, apuntan a que nos estamos alineando. Y que seguimos el claro ejemplo del pueblo Chileno, el faro que guía las insurrecciones populares de los pueblos latinoamericanos golpeados y saqueados, pero también hartos y dignos.

sendaguevarista

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