FMI: punta de lanza de la dependencia y la reacción conservadora

por Camilo Napalpi

Hacia mediados de 1944 las principales potencias Capitalistas aliadas se reúnen en un complejo Hotelero de Bretton Woods, Nuevo Hampshire, Estados Unidos (EEUU). Representantes de 44 países pretenden configurar el nuevo orden económico mundial, ante la inminente finalización de la segunda guerra mundial cuando se avizora la derrota del eje fascista y la configuración de un nuevo mapa geopolítico: Europa devastada, la Unión Soviética golpeada pero triunfante y expandida, y la hegemonía imperialista de los EEUU. El objetivo de aquella reunión consistía en  la articulación de las potencias Capitalistas más industrializadas, y no alineadas al eje fascista, para establecer nuevas reglas para las relaciones comerciales y financieras. Y sobre todo evitar la catástrofe económica que había desatado la crisis de fines del ‘20 y , en parte, una de las causas que configuró las condiciones para que se diera la segunda guerra mundial. En aquel momento, la agenda de los acuerdos estaba dirigida fundamentalmente a preservar los intereses económicos de los Estados Unidos, la más fuerte e indemne de la guerra.

Los acuerdos de aquel cónclave estarían vigentes hasta principios de la década de 1970, cuando el mismo gobierno norteamericano pateó el tablero, fruto de la finalización de la prosperidad de posguerra y ante una nueva crisis capitalista que estallaría por lo aires con la ‘crisis del Petróleo’ de 1973. De los acuerdos alcanzados en aquella reunión, nacieron el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, que es parte del actual Grupo del Banco Mundial) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), dos instituciones económicas todavía existentes y que cumplen un papel vital en el ordenamiento económico internacional, como instrumentos dominación del poder imperialista en el planeta. Es así, que con el predominio de EEUU en estos organismos, se convierten en la mano invisible de ordenamiento de la relación entre los intereses de los monopolios transnacionales con el grupo de los países oprimidos, comúnmente llamado el “tercer mundo”, “subdesarrollados” o en “vías de desarrollo”. En realidad países dependientes con sus economías distorsionadas por la acción imperialista.

El endeudamiento sistemático

La espada de Damocles es una frase popular que debemos a un historiador griego y que hasta hoy se utiliza para referirse a un peligro inminente, aludiendo a una espada que pende sobre nuestra cabeza y que en cualquier momento caerá sobre nosotros. Eso es para nosotros el endeudamiento de los países dependientes. Entendiendo así a los países que se han incorporado al mercado mundial de la mano de la explotación de los países más desarrollados, y que en la etapa imperialista del Capital, en su forma transnacionalizada, ven sus economías distorsionadas por las penetración de aquellos Capitales que buscan colocar sus manufacturas y garantizando el acceso a  materias primas baratas y abundantes. En ese esquema de dominación, el endeudamiento sistemático y exponencial de nuestros países busca reforzar esa dependencia. Cuanto más gravita por sobre nuestras cabezas, como aquella espada de Damocles, mejor cumple su papel y de ese modo refuerza las relaciones de intercambio “desigual”, tal como ya lo definiera hace más de 50 años con claridad Ernesto Che Guevara: “La razón de existir del imperialismo está precisamente en el intercambio desigual que mantiene con sus colonias económicas; pedir que renuncie a ello, es casi como pedir que renuncie al sistema y al imperialismo no se le puede hacer ese tipo de demanda, hay que conquistarla.”

La deuda externa ha acompañado a la Argentina durante casi toda su existencia como nación independiente. Entre el empréstito Baring de 1824 y el bono a 100 años del Gobierno de Mauricio Macri, se han sucedido diferentes momentos de esas relaciones dependientes. Pero para comprender rápidamente de qué modo se fue configurando el perverso esquema de endeudamiento, que rige desde los últimos 40 años, nos servimos de un informe[1] del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM):

 “El enorme aumento de la deuda pública comenzó a fines de los años 1960 y desembocó en una crisis de pagos en 1982. Ese endeudamiento tiene responsables, y éstos se encuentran, principalmente, en los países más industrializados: los bancos comerciales, el Banco Mundial y los gobiernos del Norte que, literalmente prestaron miles de millones de eurodólares y de petrodólares, forzando al pago a los prestatarios. (…)

Para colocar su excedente de capitales y de mercaderías, se concedieron créditos con tipos de interés muy bajos. De esa forma, la deuda pública de los países dependientes se multiplicó por doce entre 1968 y 1980. En los países más industrializados, el endeudamiento público también aumentó con intensidad durante los años 1970. Los gobiernos trataban así de responder al fin de los «treinta gloriosos» de la posguerra con políticas keynesianas de relanzamiento de la maquinaria económica. (…)

Un cambio histórico se inició entre 1979 y 1981, con la llegada al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en Estados Unidos. Ambos gobernantes aplicaron a gran escala las políticas con las que soñaban los neoliberales. De entrada, el gobierno de Estados Unidos procedió a un fuerte aumento de los tipos de interés con el objetivo de frenar la inflación y una masiva salida de dólares. Ese aumento unilateral, seguido por numerosos países, obligó a los Gobiernos endeudados a transferir ingentes cantidades de dinero a las instituciones financieras privadas y a otros tenedores de títulos de la deuda.(…)

 Es ahí donde el Grupo de los Siete (o por la sigla G7), países del mundo que representa a los siete principales países, encargó al FMI realizar y dirigir los planes de ajuste a los gobiernos de turno:

“para que los países deudores cumplieran con el pago de sus compromisos a fuerza de reducir sus gastos sociales y de inversiones públicas. Luego recurrieron a nuevos préstamos para hacer frente al aumento de los tipos de interés: es decir, se produjo el famoso «efecto bola de nieve» que consiste en contraer nuevos préstamos para reembolsar los anteriores. Los impuestos, que habían sido utilizados abundantemente por los gobiernos para pagar la deuda pública, fueron modificándose en forma regresiva a partir de los años 1980-1990. La parte de la recaudación fiscal proveniente de las retenciones correspondientes a las rentas del capital disminuían mientras, por una parte, aumentaba la recaudación proveniente de las retenciones correspondientes a los trabajadores, y, por la otra, la recaudación sobre el consumo masivo, mediante la generalización del impuesto sobre el valor añadido (IVA). En resumen, el Estado tomó más de los trabajadores y de los «pobres» para dar a los «ricos», al capital: exactamente a la inversa de una política redistributiva que debería, sin embargo, ser supuestamente la preocupación principal de los “poderes públicos”.

Desde entonces el FMI fue el organismo especializado en las “recetas” de “austeridad” (ajuste) para cumplir con los anhelos del Capital transnacional, oculto detrás de burócratas de corbata y vestidos formales como la tristemente célebre Christine Lagarde o su sucesora Kristalina Georgieva. Con la excusa de ordenar las cuentas públicas se teledirigen las políticas que hacen a los destinos de organizar la economía y así garantizar las relaciones de intercambio desigual y la hiper especialización del modelo exportador de materias primas y derivados.

En el caso de nuestro país, podríamos hacer un largo listado de medidas ilegales, ilegítimas y fraudulentas para lograr conformar esa gigantesca “espada de Damocles”,  llamada Deuda externa. Se puede buscar en las redes el fallo de la Justicia Federal del Juez  Ballesteros, del año 2000, que demuestra  la estafa perpetuada, donde  y le tira la pelota al Congreso de la Nación, para que resuelva qué hacer con el resultado de la investigación. En aquel fallo, que luego de 18 años de investigación no tiene ningún procesado, ya que habían “prescrito los delitos”, decía:

“La existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto  plazo  y  altas  tasas  de  interés  en  el  mercado  interno  y  el  sacrificio  correspondiente  del  presupuesto  nacional  desde  el  año 1976   no  podían  pasar  desapercibidos  en  autoridades  del  Fondo  Monetario  Internacional  que  supervisaban  las  negociaciones  económicas”.

 Ahí duerme, en el “Honorable” Congreso de la Nación, éste “sumario federal” hasta el día de hoy. De este modo se pone en evidencia la trama de complicidades que se entretejen detrás del negocio del endeudamiento.

Ni los más “progres”, como Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se animaron a sacar el fallo de los archivos del Congreso Nacional, y optaron por pagar sistemáticamente la Deuda. Obviamente que un gobierno de derechas como el de Macri, no hizo otra cosa que profundizar la dependencia y el endeudamiento. Tomando uno de los mayores empréstitos de la historia  con el FMI. Todo un monumento al alineamiento proyanqui del gobierno de Macri.

Los territorios de nuestra América que se rebelan

Los pueblos de Ecuador  y Chile representan las rebeliones más recientes contra las consecuencias de la dependencia que motorizan y propician los organismos imperialistas como el FMI, el Banco Mundial y la OMC. En el caso de Ecuador el estrangulamiento presupuestario, producto de la baja de los precios internacionales de materias primas y el petróleo, que constituyen los motores de sus economías, en conjunto con las pobres políticas de desarrollo independiente que motorizaron los gobiernos del llamado “ciclo progresista”, que inició Correa y heredó Lenin Moreno, termina arrodillando a las administraciones de turno a los designios de esos “organismos especializados” del ajuste.

Por otro lado Chile viene siendo el ejemplo mimado de los países de la OMC por tener todo lo que les interesa tener de los países dependientes: Materias primas (Mineral de cobre, Pescado y Sulfato pasta química de madera), mercantilización de los derechos esenciales (Salud, educación, agua) y tratados de libre comercio (al menos 20)  para colocar sus manufacturas industriales. El Capitalismo en Chile, era el ejemplo de las derechas mundiales y siempre se ponía sobre la mesa para demostrar que “derechas e izquierdas” podían convivir sobre un mismo proyecto económico. Pero todo se fue al tacho de basura de la historia cuando la irrupción de las masas populares, pobres, precarizadas y sin derechos, tomaron  las calles y enfrentan los toques de queda militar y las nefastas fuerzas de Carabineros. La consigna “no son 30 pesos, sino 30 años”, refiere a que están hartos del “modelo” que les impusieron a sangre y fuego la dictadura genocida de Pinochet, con el beneplácito de EEUU y Gran Bretaña, máximos representantes del imperialismo. Cuando se habla de Neoliberalismo, que fue la modalidad de organización del Capital y su integración transnacional, Chile fue el primer laboratorio del experimento. Si en su momento, con el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende,  fue el ejemplo para el mundo de intentar una alternativa anti-capitalista accediendo al poder por la vía de la democracia Burguesa, hoy lo és por la lucha de los pueblos que habitan aquellos territorios detrás de la cordillera, tratando de terminar con el Neoliberalismo y su más preciada joya. Ese es el ejemplo que irradia como ninguna otra rebelión y sobre esa gran movilización popular debemos sumar nuestras humildes y modestas fuerzas.

Si no derrotamos las fuerzas representantes de la dependencia al sistema imperialista, es imposible augurar un futuro que resuelva las necesidades y demandas de las inmensas masas trabajadoras de nuestros pueblos.

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El Golpe en Bolivia, no es casual

En Mayo de 2018 el ahora depuesto vicepresidente García Linera señalaba:

“Que desde 2003, Bolivia no recurre a esa organización financiera (FMI), como sucedía anteriormente cuando el país tenía problemas en su economía interna. E indicó en este 2018, por quinto año consecutivo la economía boliviana será la que registre mayor crecimiento en América Latina.”[2]

Linera remarcaba que las políticas que le permitían evitar caer en las garras de un rescate del organismo imperialista eran que su proyecto económico se asentaba sobre “la recuperación del excedente económico, la redistribución de la riqueza, la nacionalización de empresas, la bolivianización de la economía y la creciente diversificación económica”. Claramente, un conjunto de medidas que están en las antípodas del “recetario” de ajuste y primarización productiva que proponen siempre los “expertos” conservadores y reaccionarios de aquel organismo.

Mientras escribo éste artículo el golpe de Estado en Bolivia se muestra con sus peores aberraciones. Propias de su contenido antipopular, proimperialista, racista y de restauración colonialista, resuenan las palabras del presidente Evo Morales Ayma, cuando en junio de éste año decía que el FMI:

“continúa promoviendo políticas neoliberales que aumentan la pobreza y la desigualdad en la mayor parte del mundo(…) Cada vez crece más la brecha de desigualdad en la redistribución de los recursos económicos. Lamentamos el hecho de que el FMI continúe promoviendo políticas neoliberales que alientan la concentración de capital en pocas manos, comportando un aumento de la pobreza”. [3]

Cómo no iban a tener razones e interés el Departamento de Estado de EEUU, y sus títeres neocoloniales, en derrocar al primer presidente campesino-indígena de Nuestra América. Porque más allá de las contradicciones de un proceso de cambio que intentaba salir de una matriz económica dependiente, desarrollaba una perspectiva anti hegemónica y opositora a los organismos de dominación moderna como el FMI, la OEA, DEA y todos esos monstruos burocráticos creados para servir al sistema imperialista.

bolivia

Romper con el FMI una tarea política innegable

Por todos los elementos expuestos aquí resulta indudable que primero hay que derrotar la colonización subjetiva que intenta mostrar las “necesidades” y “urgencias” por las que debemos acudir el endeudamiento son falaces. Sólo buscan reproducir una lógica de dominación y ordenar las relaciones internacionales al servicio de los intereses de EEUU y las transnacionales que aquel Estado acaudilla. De este modo mantener a raya los pueblos a través de mecanismos complejos, superestructurales, que garanticen el acceso barato y abundante de productos primarios y recursos naturales (bienes comunes de los pueblos), a cambio de resolver sus crisis productivas, colocar  sus manufacturas y tener caudales de liquidez a través del pago de servicios de deuda.

Por lo tanto urge romper el eslabón de dependencia a través de desprenderse de aquellas cadenas que nos sujetan a ese perverso esquema. Romper con el FMI no sólo es necesario, sino además es educativo. Porque la tarea pedagógica-política que conlleva permite disputar la lógica del Capitalismo en nuestro país, y los intereses en pugna, con las complicidades lógicas de tal contubernio.

El camino no es simple, pero debemos sumar esfuerzos al de los pueblos latinoamericanos que hoy se han rebelado. Hay condiciones absolutamente favorables para enfocar nuestro trabajo revolucionario para el debate y la movilización que permita rechazar cualquier negociación con el FMI, y todo organismo derivado, y volcar los recursos que produce el trabajo de nuestro sacrificio diario para ponerlo al servicio de una verdadero, integral , ecológico, y justo de desarrollo para el pueblo.

El no pago de la deuda, el rompimiento de los acuerdos firmados de manera ilegal por el gobierno de Macri, las pruebas de las causas que demuestran la ilegitimidad y fraudulenta deuda sobre la que se acumula, son suficientes argumentos para no reconocer tales estafas y movilizar para que esa “espada de damocles” deje de pendular sobre nuestras cabezas y utilizar esos cuantiosos recursos para resolver los problemas estructurales de nuestra economía. No es necesario explotar el petróleo y gas no convencional, como los yacimientos de Vaca muerta, con sus nefastas consecuencias ambientales. Si no disponer de los recursos que ya generamos con nuestro trabajo y ponerlos en otra dirección.

Por ello, la postura del presidente electo Alberto Fernández de re-negociar con el FMI, conlleva una trampa insalvable y que posterga cualquier posibilidad de caminar en sentido contrario al que hemos tenido los últimos 40 años.

Sin lugar a dudas, transformar ese horizonte que aparece como “inevitable”, como lo venden oficialistas y opositores de los partidos tradicionales del empresariado, requiere de una gran fuerza social y política. Y por ello movilizar para romper acuerdos con el FMI es uno de los caminos que haría converger ese cuantioso mar de voluntades que es el pueblo trabajador. La vida y futuro de millones están en juego, por la sobrevivencia material y ambiental. No debemos dudar en emprender el desafío.

 

Notas

[1] Del Sur al Norte del planeta: breve historia de la crisis de la deuda y de los programas de ajuste. Eric Toussaint , Daniel Munevar , Pierre Gottiniaux , Antonio Sanabria. 19 de febrero de 2015

[2] https://www.alainet.org/es/articulo/193008

[3] http://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/bolivia/2019/06/08/evo-morales-ataco-al-fmi-aumenta-la-pobreza_b9432bfc-5c5a-4297-a2f1-8106fc887de3.html

sendaguevarista

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