Chile: el miedo cambia de bando. Un terremoto de dignidad popular aterroriza a las clases dominantes

Corresponsal desde Santiago de Chile

¿Cómo transmitir en algunas líneas el clima que se vive y se respira en este nuevo Chile?

Se respiran gases lacrimógenos, humo de las barricadas, se esquivan o se reciben perdigones de la represión, se reciben palos, se devuelven piedras. Se pierden vidas valiosas y valientes, se sufren ultrajes, se pierden más ojos en tres semanas que en años de represión en todo el mundo. Lo que más se pierde y no parece tener vuelta atrás, es el miedo. Los pacos tiran a la cara de la gente, la gente pone el pecho, la cara, el cuerpo, todo. El gobierno saca el ejército y declara la guerra al pueblo, toque de queda, estado de excepción. El pueblo redobla la apuesta, se juega todo, no tiene miedo ni respeto, enfrenta al ejército con lo que tiene a mano, piedras palos y una creatividad a prueba de balas. Las fuerzas represivas asesinan, torturan, violan y desaparecen jóvenes, sobre todo jóvenes. La saña contra la juventud no es de ahora, pero ahora está sin cadena en las calles. Si tenés cara de joven, sos un objetivo. Santiago es lo que nos toca ver en vivo y en directo, pero nos cuentan que todo el país está igual. El gobierno y los partidos burgueses de todos colores claman por la vuelta a la normalidad, a su normalidad. Pero se abrió uno de esos momentos únicos, excepcionales, donde la normalidad, la vida cotidiana es pelear. Los lugares de trabajo, si trabajan, tienen horarios recortados. Todos los sectores de trabajadores y trabajadoras,  estudiantes, poblaciones, llevan su cotidiano alrededor de la lucha en las calles. Todos los días, en la medida que cada quien va saliendo de su trabajo se va para la Alameda o a la Plaza Italia, las calles y las paredes están tomadas, la presencia en la calle no se corta nunca. Las barricadas no terminan. El gobierno ya no intenta arreglar ni los semáforos. Se destruyen cámaras de seguridad. Se ataca cada banco o empresa (extranjera o nacional identificada con el régimen). La marea popular tiene claro quiénes son parte del frente enemigo. Los pequeños comerciantes, casas de comida, kioscos, librerías, etc., son aliados, abren y no tienen miedo de saqueos, incluso los que están en el medio de la tormenta.

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Un joven salta arriba de un “guanaco” (camión hidrante) para tratar de romper el cañón de agua, otros y otras fabrican escudos que llevan a la batalla. Médicos y médicas, o estudiantes de medicina, arman brigadas de asistencia en las manifestaciones para atender heridas. Van más de 20 días, la intensidad no parece bajar, se reorganiza, se lleva a cada barrio. Se multiplican las asambleas populares que debaten desde la autodefensa hasta la constitución y la necesidad de una reforma constitucional. Hoy otra vez hay una convocatoria muy importante a la Plaza Italia, ayer no hubo pero la marea no entrega la calle, la ocupa lo mismo. Flamean banderas mapuches, se cortan cabezas de monumentos a conquistadores. Se prepara una huelga general, encabezada por el movimiento obrero organizado que trata de reconstruirse y ponerse al frente. El gobierno tiene miedo, desconcierto, duda, vacila. Actúa por naturaleza, hace lo primero que le sale, reprimir, y pide más recursos y modernización para sus perros de presa. Pero no tiene ya ni el consenso de todos los partidos burgueses, que ahora le piden por favor que haga alguna concesión, no porque empaticen con el pueblo, ni por un súbito progresismo. Porque también tienen miedo.

Con quien hables te dicen “los cabros chicos de los secundarios (y las cabras) son los primeros, despertaron al pueblo, ellos encabezan, ahí está el ejemplo a seguir, no podemos dejarlos solos”. En cualquier esquina o plaza, las conversaciones rondan sobre lo que paso hoy, ayer, “que tal le dio al paco, que cuando dispararon a tal o cual, respondimos así, que le di justo con la piedra al paco culiao, que no pudieron corrernos, que desarmaron la barricada y la armamos enseguida otra vez, que Piñera se tiene que ir,  que tiene que reformarse la constitución y es ahora o nunca, que la abuela le dio un palo en la cabeza al paco, que las cabras del colegio de mujeres se lo tomaron y enfrentaron a los pacos disparando adentro mismo de la escuela”. Las anécdotas no tienen fin. Por suerte miles de acciones de lucha, y de los abusos, de los secuestros, todo se registra. Con orgullo se respiran los gases, se llevan botellas de agua con bicarbonato, antiparras, máscaras anti gas, pañuelos.

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No faltan las operaciones de inteligencia para poder acusar de terrorismo. La quema del “Metro” (subterráneo) tuvo un nivel importante de sofisticación y de sincronización, operada desde un lugar inaccesible para casi nadie. Ojala algún grupo tenga esa capacidad, pero no parece. Y el gobierno lo uso de bandera para meter el discurso del terrorismo. Pero no prendió “¿se quemaron los metros? ¡¡Mejor!!”. En la quema de los hipermercados, aparecieron muertos, calcinados y con disparos de plomo, varios jóvenes desaparecidos. El gobierno dice que esos fueron los responsables de la quema y que no pudieron salir a tiempo. Habrán sido balas al aire.

  Violaron y mataron a la Mimo. La colgaron en la plaza. El patriarcado, con su nivel máximo de violencia y misoginia, también se juega mucho en esta parada. Pero las pibas, las cabras van al frente sin miedo y sin vueltas, también saben que se juegan mucho. Ellas metieron la movilización más grande desde la vuelta a la “democracia” el 8 de marzo de este año, entre 400 mil y 500 mil mujeres. Venían pateando fuerte, y ahora son protagonistas de esta batalla.

Hay final abierto, es difícil pronosticar por mas sesudo análisis que se haga, como se va a desenvolver esto las próximas semanas. Pero lo que no deja lugar a dudas es que esto, en serio, empezó. La huelga general del próximo martes 12 se ve como una bisagra, puede ser un salto en la relación de fuerzas. Hay que ver. Todo el mundo ya se está preparando. El gobierno le tiene miedo, el pueblo olfatea posibilidad de ganar.

Desde hace algunos años, visito Chile seguido. Ahora es otro país. No hay vuelta atrás, habrá si, nuevas batallas, se ganará y se perderá, se verá. Pero es otro vecino ahora, ya no es solo Chile, es el Chile rebelde, y ya no puede ser lo mismo. Ahora mismo vamos preparando el “kit”, mientras terminamos estas líneas: pañuelos, máscaras, agua, bicarbonato, botellas, antiparras. Ahí vamos. Esta es la normalidad ahora, es lo único que importa desde la mañana hasta la madrugada, no para nosotros/as, activistas, para todo el mundo. Felicidad y esperanzas, confianza y bronca, solidaridad y desahogo de este lado de la vereda. Miedo, terror, dudas y desconcierto en el bando de los “cuicos”.

Santiago de Chile, 8 de noviembre.

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sendaguevarista

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