Ecuador: ¡Gran victoria del Movimiento indígena y el pueblo! Pero…

Después de 12 días de una batalla sin cuartel, el pueblo ecuatoriano, acaudillado por el movimiento indígena, logró imponer la derogación del odiado «decreto 883», que quitaba los subsidios al combustible. Durante estos días, y ante el asombro de los escribas del sistema, de los eternos derrotistas y justificadores de lo dado, se vivió una de las movilizaciones indígenas más importantes de lo que va del siglo XXI. Por miles bajaron de las sierras, por miles acudieron desde la selva y la costa. Los pueblos indígenas de pie, una vez más. Como en el ’97 contra Bucaram, como en el 2000 contra Mahuad.

El «paquetazo» de Moreno y el FMI descargaba, como siempre, el ajuste sobre las clases subalternas. Una medida que pretendía, en un país exportador de petróleo, poner los combustibles a precios internacionales. Todo lo cual conduce directamente a encarecer los transportes y los alimentos y, por ende, golpear de lleno las economías indígenas-campesinas y de los laburantes en general (¿les suena?).

Día a día, la movilización fue adquiriendo tonos cada vez más radicales, mientras se sumaban diversos sectores estudiantiles, trabajadores, de los barrios periféricos de Quito. El gobierno, por su parte, se dedicó a inventar teorías conspirativas y desató una represión nunca vista. Las redes sociales se poblaron de videos caseros que muestran una policía desbocada, asesina, inclemente, que golpeó hombres, mujeres y niños, y que arrojó bombas lacrimógenas en lugares de refugio como las universidades e incluso hospitales.

El día 12, el presidente decretó el «toque de queda y la militarización» del país. El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, declaró ese mismo día que harían «uso radical de la fuerza» y por las dudas aclaró: «no estamos hablando solo de armas no letales. No olviden que nuestra Fuerza Armada, orgullosamente, tiene experiencia de guerra».Así, sin tapujos se muestra la clase dominante ecuatoriana, dispuesta a hacer pasar el ajuste a cualquier precio. Hasta ahora se cuentan 10 muertxs, más de 2000 heridxs, 100 personas que aún permanecen desaparecidas y alrededor de 1000 presxs.

El acuerdo

Finalmente, el 13 de octubre se realizaron los «diálogos» entre el gobierno y el movimiento indígena. Allí, montado en su cinismo, el mal llamado Lenín descargó sus teorías conspirativas y sus excusas increíbles. Allí, los líderes indígenas enseñaron a miles de televidentes las diferencias entre una elite de mal gobernantes y una dirigencia que surge desde abajo, que responde a mandatos, que se encuentra movilizada por el impulso urgente de sus pueblos.

«Señor Presidente, el buen gobierno es el que escucha al pueblo. El buen gobierno no es el que defiende  a las transnacionales», le dijo Jaime Vargas, presidente de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador). Y agregó: «hoy se ve y se siente clarito que la derecha y el FMI están administrando el país».

«No venimos a conformar comisiones, el pedido del país es la derogatoria del decreto 883, si en este momento se decide, en este momento el país se tranquiliza en todo el territorio», sostuvo Vargas ante las propuestas del mediador de la ONU, claro aliado del gobierno. El truco de las «comisiones» es tan viejo y conocido…

A su vez, el movimiento indígena exigió la libertad de lxs presxs y la renuncia de María Paula Romo, ministra de Gobierno, y de Oswaldo Jarrín, de la cartera de Defensa. Además, algo muy importante: que se transparenten los acuerdos con el FMI.

Mientras tanto, Moreno, con un cinismo que hemos conocido por estos pagos, sostenía: «jamás ha sido mi intención afectar a los sectores más pobres». Afirmó que su medida quería atacar a los «ricos», a los «traficantes de gasolina». «Es por eso que he aceptado el dialogo», aclaró, sin sonrojarse, luego de haber intentado ahogar a palazos las luchas populares que durante 12 días exigieron la derogatoria del decreto.

Al cierre, intervino Miriam Cisneros, representante de los pueblos amazónicos, la única mujer de todo el diálogo. Sus palabras enmudecieron el salón:

«Nosotros hemos venido con un objetivo: pedimos la derogatoria del 883 porque estamos siendo afectados, estamos siendo violentados.
Me duele, he llorado. Me duele cuando nuestros pequeños han tenido que entregar sus vidas,ahogándose por bombas lacrimógenas. Han muerto nuestros hermanos. Eso quiere decir que nuestro presidente nos manda a atacar con hombres armados, cuando nosotros hemos venido con una lucha pacífica. (…)
Yo no me siento sola. Ha sido la lucha de todos los pueblos ecuatorianos: mestizos, campesinos, afros, indígenas, como una sola voz. Todos nos hemos unido como una sola voz.
Se me han secado las lágrimas de tanto estar llorando por nuestros hijos que han dejado sus vidas en las calles. Las mujeres que han sufrido los golpes de los policías y los militares.
¿Acaso no te duele señor presidente que tengas que ordenar a hombres armados que nos vengan a enfrentar a mujeres, a jóvenes? ¡Que en su conciencia quede todos los hermanos caídos en esta lucha!»

Después de su intervención se llamó a un cuarto intermedio. Posteriormente, la CONAIE comunica: «Atención: El acuerdo público con el presidente Lenin Moreno fue la derogación del decreto 883. Este momento una comisión trabaja en la redacción del decreto que lo reemplaza. Festejamos la victoria pero esto no termina hasta que el acuerdo se concrete a cabalidad».

Este último párrafo tiene un sentido. Después de cerrado el acuerdo,se pudo ver una encendida discusión de los líderes indígenas con los funcionarios del gobierno. «¡Nunca quedamos en eso, nunca quedamos en eso!», gritaba Leónidas Iza, presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi,en el salón[1]. Mientras tanto, los funcionarios intentaban echar a la prensa, diciendo que ahora empezaba a funcionar la «comisión».

En ese momento,en las calles explotaba la alegría. Miles festejaban el enorme triunfo contra el «paquetazo», contra el gobierno represor y el FMI. ¡Gran victoria del Movimiento indígena y el pueblo! Pero…

Victoria parcial

El gobierno tiene el cuchillo abajo del poncho. No había pasado un minuto de la firma del «acuerdo» que ya se vio con claridad su intención. Los pueblos lo saben. Los dirigentes lo denunciaron de inmediato. Es probable que hayan aceptado la tregua frente al enorme desgaste que supuso la lucha. El gobierno estaba acorralado y ha quedado gravemente herido. Sin embargo, es seguro que intentará aplicar una medida similar, aunque de manera más maquillada y cuidadosa, segmentando los efectos perjudiciales.

En los próximos días o meses se podrán medir mejor los resultados de la «Batalla de Ecuador». Hasta ahora decimos: Victoria parcial.

El gobierno no ha sido derrotado en toda la línea. Está herido, pero con vocación de venganza. Con la urgencia política y económica de hacer pasar el ajuste del FMI y las clases dominantes parasitarias del Ecuador.

Las lecciones de la «Batalla de Ecuador»

Como toda confrontación abierta, la «Batalla de Ecuador», deja profundas lecciones para el pueblo ecuatoriano y para todos los sectores subalternos de Nuestra América y, quizá, del globo.

A modo de ensayo provisorio, decimos:

1- La primera lección es que a las medidas del FMI y de las burguesías parasitarias se las combate con la movilización. Es necesaria la más amplia movilización de los sectores agredidos por el ajuste, los tarifazos, los paquetazos, el saqueo, la redistribución regresiva del ingreso. No hay otra forma. La calle es el único terreno donde los sectores subalternos podemos torcer las decisiones que tan sólidamente sostienen los organismos multilaterales codo a codo con los gobiernos entreguistas, y frente a la resignación y justificación de los sectores «progres», reformistas y «malmenoristas».

2- La segunda tiene que ver con la respuesta del gobierno: Estado de sitio, Toque de queda, una represión salvaje. Justamente, durante los «diálogos», Leónidas Iza decía: «desde el ‘98 he estado en procesos de movilización, pero nunca he visto una violencia como la que estamos viviendo». Si vemos la militarización que cunde en Nuestra América, detrás de las doctrinas de la «lucha contra el narcotráfico», las leyes «antiterroristas», etc., veremos que el imperialismo y las burguesías criollas se estaban preparando para situaciones como estas. Es decir, no les tiembla, ni les temblará la mano. En Ecuador o donde sea. Justamente, el Secretario de Estado de EEUU, Michael Pompeo, emitió un comunicado el 11 de octubre donde decía textualmente:

«Estados Unidos apoya los esfuerzos del presidente Moreno y del gobierno de Ecuador para institucionalizar las prácticas democráticas y aplicar reformas económicas necesarias (…) Reconocemos las decisiones difíciles tomadas por el gobierno de Ecuador para avanzar en la buena gobernanza y promover un crecimiento económico duradero».

Por otro lado, como es de esperar, los grandes conglomerados mediáticos promovieron la desinformación sistemática. Por supuesto hablaron de infiltrados (igual que el gobierno) y eludieron mostrar lo que pasaba. Incluso, como ocurrió durante el intento de golpe de Estado a Chávez en el 2002, mientras Quito era un polvorín, Teleamazonas pasaba dibujitos animados…

El rol de los medios alternativos y la comunicación desde abajo fue fundamental.

3- La tercera tiene que ver con el debate abierto en los últimos años: ¿América Latina giró a la derecha, fin del «ciclo progresista»?. Evidentemente hubo partidos políticos y gobiernos «progresistas» que giraron a la derecha, y hubo una gran ofensiva del capital sobre el trabajo y la vida. Pero Ecuador nos muestra que, aún cuando todo parece calmo, cuando todo parece consenso y resignación, hay ríos subterráneos, hay tradiciones y experiencias de los pueblos que emergen, que estallan y cambian de golpe la percepción de la «realidad». La «Batalla de Ecuador» es un sacudón para los escépticos, para los conformistas y malmenoristas. Es un sacudón para los resignados que la miran por TV. Es una gran lección para los pueblos de Nuestra América que padecemos similares recetas, con similares cinismos y represiones.

La tarea es organizarnos, desde abajo. Sembrar esperanza y confianza en las organizaciones del pueblo, independientes de los distintos sectores de las burguesías.

4- La última, de esta lista provisoria, tiene que ver con las características de la conducción del movimiento. El domingo las negociaciones fueron televisadas. El Movimiento indígena así lo exigió. Las bases del movimiento así lo exigieron. Jaime Vargas de la CONAIE lo decía: «tengo atrás un pueblo que también me presiona». Durante los días del conflicto hubo grandes asambleas, donde se discutió el rumbo a seguir. Esos son los métodos de los pueblos que luchan: el debate colectivo, asambleario y democrático y las negociaciones transparentes.

La «Batalla de Ecuador» es una victoria parcial, decíamos. El gobierno todavía está en manos de los que impulsaron el «paquetazo», en manos de quienes desataron la salvaje represión al pueblo… ¿Qué se puede esperar de ese gobierno?

Por ende, la lucha sigue. Es más, nos atrevemos a afirmar que se abre la lucha por el poder, ese objetivo tan vilipendiado y caricaturizado en las últimas décadas de hegemonía de las teorías posmodernas y neoliberales. Es decir: el gobierno de los pueblos o el gobierno del capital. Las jornadas de los últimos días desgarraron los velos que encubren esa disputa cotidiana. No habrá términos medios. Si los pueblos no avanzan, las burguesías y el imperialismo «harán tronar sus escarmientos». Ellos no soportan el empate.

El movimiento indígena se replegó tácticamente. El desgaste ha sido enorme. Pero Jaime Vargas lo dijo clarito:

«No vamos a negociar esa dignidad, no vamos a negociar nuestros caídos. Si eso no se cumple seguiremos firmes y unidos por el compromiso inclaudicable de defender a nuestro pueblo».

¡Viva la lucha del pueblo ecuatoriano!

¡Juicio y Castigo a los responsables de la masacre!

¡Ni olvido, ni perdón!

¡Por un gobierno de los pueblos!

¡Por la Segunda y Definitiva Independencia!

Notas

[1] https://youtu.be/LOSti01bTQo

sendaguevarista

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