Quedar bien con les de abajo, pero servir a los de arriba. El programa de un posible Gobierno de Alberto Fernández

Camilo Napalpí

El 19 de agosto, Alberto Fernández sostuvo que era una “realidad incontrastable” que Argentina “no está pudiendo pagar las obligaciones que asumió”. De esta manera, el candidato del Frente de Todos y casi con seguridad futuro presidente, le exigía a Macri que inicie una renegociación con el FMI para definir nuevos términos para el pago del mega crédito de 56.300 millones de dólares que recibió su administración. Casi como adelanto de lo que vendría días después decía: “Tenemos que entender que estamos virtualmente en condiciones de default y por eso los bonos argentinos valen lo que valen, porque el mundo se da cuenta que no se puede pagar. Hay que actuar con sensatez, y sensatez es que Argentina debe cumplir sus obligaciones”. Sobre una eventual reestructuración de deuda, recomendó: “Hay que sentarse a discutir uno por uno, como hicimos con la deuda en su momento”.

Por otro lado, Matías Kulfas, el otro asesor económico de la fórmula de Alberto y Cristina Fernández, planteó la necesidad de que se haga una “convocatoria a un acuerdo de salarios y precios”, y agregó: “La inflación ha quedado demostrado que es un problema muy complejo que no se baja con política económica restrictiva. Queremos juntar en una mesa a los formadores de precios y a los sindicatos”. En cuanto a la deuda con privados, dijo que “si hay voluntad de extender los plazos (de pago), lo vamos a tratar de hacer. Y si no, se va a pagar. Tenemos un programa de crecimiento que nos va a permitir pagar las deudas”.

Con estos anuncios se puede ir palpando que la política económica del Frente de Todos es una variante más al servicio del gran Capital y que sólo plantea un cambio de administración de los recursos fiscales, para aminorar la crisis social que se ha desencadenado con los 3 años y pico de la gestión Cambiemos.

Aquí proponemos revisar el resto de los ejes programáticos que hasta ahora ha mostrado el bloque político con mayores chances para hacerse cargo del Poder Ejecutivo del Estado Nacional, por el próximo período constitucional.

 El plan económico del Frente de Todos

Los 10 puntos del “programa económico” de la alianza electoral que encabeza Alberto Fernández muestran una crítica bien moderada sobre las políticas macristas. En los grandes trazos programáticos se acepta el descalabro financiero. Sólo aparece como una expresión de deseo de renegociar las condiciones de pago, pero sin demasiada firmeza para concretarlo. En principio se muestra como una versión servil a los grandes capitales especulativos que hoy gobiernan la economía y que exclaman se garantice el pago de una deuda, ilegítima e ilegal, como lo ha probado un fallo de la justicia Federal del año 2000.

En lo que respecta a medidas para salir de la recesión plantean una tibia consigna de “ajuste de subsidios” en servicios. Con la aparente intención de extender los sectores beneficiados por la “tarifa social”. Esto se puede interpretar como “tirarle unos mangos” a la alicaída clase media. En segundo lugar plantean reactivar la ‘bendita’ obra pública, pero primero pidiendo permiso al FMI para la reasignación presupuestaria. Porque, como queda claro desde el principio, se reconoce la soberanía del organismo extranjero en el control de la economía, como una de las continuidades de la gestión Cambiemos. En ese sentido, apenas se sugiere una “dura” renegociación, como si nadie antes lo hubiese intentado, para redefinir los plazos de cancelación de una de los mayores empréstitos en la historia del FMI. Sería interesante estudiar los ejemplos de países europeos, como Grecia, que lograron “renegociar” esos acuerdos leoninos y ver las consecuencias catastróficas que tuvo para su economía.

La propuesta central de la dupla Fernández – Fernández es la de “prender la economía”, como si ya el Capitalismo no estuviese prendido hace rato. Nuevamente nos encontramos con la intención de “endulzar” y “humanizar” el sistema que desde sus entrañas es especulador, antihumano y que se mueve únicamente por la tasa de ganancia y el bajo riesgo. Lo que se lee son posibles medidas de maquillaje, pero nada más. En todo caso, se esconde la intención del ya anunciado “pacto Social”, que Kulfas enuncia, con el cual se querrá condicionar a la clase trabajadora para que acepte las nuevas condiciones de explotación que proponen todas las cámaras patronales. Al respecto, en una reciente nota de Horacio Verbitsky se menciona que “El Grupo de las 6 Cámaras Patronales decidió contratar economistas para «hacerle el plan» al candidato”, en clara alusión de que ya el poder burgués está trabajando al respecto.

Lo más peculiar del posible decálogo Albertista es el control de capitales y la consigna de “ni cepo, ni libertad total”. Esto es una clara concesión al capital transnacional. Porque le garantiza seguir fugando, pero con ciertas “tiradas de oreja” a la especulación. Así se asegura que continuará la sangría hacia el exterior del excedente amasado fruto de la explotación de millones de trabajadoras/es a cambio de condiciones de vida no satisfechas.

Hasta aquí está claro que el programa es una carta de buenas intenciones para sembrar alguna esperanza, sin dejar de hacer buena letra ante el Gran Capital. Aunque éste último no deja de aclamar la reforma laboral, que ya avanza en otros países de América Latina, pero que casualmente no se menciona en el “programa de todos”. Ponemos en duda tal omisión pero entendemos que es una táctica electoral para diferenciarse del contendiente principal. Porque ante la ausencia de verdaderas medidas para resolver los cuantiosos recursos que requeriría seguir con el FMI y maquillar los circuitos de fuga de divisas, vemos que alguien más tendrá que poner el esfuerzo. Y no vemos ninguna medida en la que sea la gran Burguesía quién haga el sacrificio necesario para ello.

Desde el campo del pueblo trabajador: ¿Qué hacer?

La inmovilidad a la que empujan pejotistas, burócratas del estado y sindicalistas empresarios, es para permitir que la clase dominante pueda imponernos éste programa que no resolverá en lo más mínimo las deterioradas condiciones de vida actuales. Menos aún puedan siquiera alcanzar a resolver la inhumana situación de más de la mitad de nuestros/as niños/as, que viven en la pobreza o indigencia total.

De más está decir que no hay nada en el horizonte que haga presuponer que se piense en una transformación de la estructura dependiente de la economía y proponga un rumbo distinto de desarrollo. Más bien es una hoja de ruta en la misma dirección de la integración mundial Capitalista, como peón de las guerras comerciales entre las grandes potencias, para intentar recoger las migajas de la gran mesa del capital transnacionalizado.

Más allá de comprender porque gran parte del pueblo trabajador puede llegar a aceptar, por extorsión y/o engaño, mantener las condiciones que perpetúan la explotación, es que constituyen una tímida promesa de frenar la sangría de lo poco que le queda por el pago de sus agotadoras jornadas de trabajo. La esperanza inmediata de superar la etapa macrista, sumada a la debilidad política de fuerzas revolucionarias y socialistas, impiden abrazar otras alternativas más audaces y de esfuerzo prolongado, como lo puede ser un proyecto anticapitalista. Aunque las elecciones no son el principal indicador para medir el estado de conciencia de las masas trabajadoras, ésta debilidad se expresa en el 3% en las primarias para la izquierda. Por lo que ni siquiera hay en curso una crisis de la política burguesa como si lo hubo en el 2001.

En función de éste análisis, debemos seguir alentado, sin miramientos, a la movilización y el protagonismo desde abajo para seguir derrotando el programa de ajuste y disciplinamiento de Macri, y a la vez poner en evidencia el programa del “orden” del Frente de Todos.

Y con cada lucha en defensa de las reivindicaciones obreras y populares configurando la fuerza social y política para impulsar un programa que verdaderamente se asiente en el bienestar del conjunto del pueblo trabajador. Programa que debe partir como mínimo en recuperar el control de las divisas que se producen y terminar con la fuga y el saqueo de la deuda externa que sólo beneficia la profundización de la dependencia al imperialismo y la distorsión de nuestras economías. Ya con esa recuperación de divisas se contaría con cuantiosos recursos para desplegar un verdadero plan de desarrollo con armonía eco-social y una mejor calidad de vida, justa y solidaria. La vivienda digna, nuevos hospitales y escuelas, impulso de la Ciencia y Tecnología, diversificación productiva, mejora y ampliación del transporte público, etc. Sería un verdadero shock de ánimo y entusiasmo, porque resolver las principales necesidades y sentar una nueva infraestructura que permitiría empezar a hablar de otra sociedad con otros valores y nuevas formas de organización social. El eje de éste programa no puede ser la rentabilidad de los monopolios y las grandes empresas, sino el desarrollo humano y la felicidad y bienestar del pueblo trabajador. Éste vea realmente que su trabajo sirve para algo y no para engrosar las arcas de una minoría.

Aún tenemos mucho trabajo organizativo y lucha para superarlo. ¡En nuestra organización hay puestos de lucha para lograrlo!

sendaguevarista

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