Bachilleratos populares: 15 años de lucha y organización

Tras 15 años de existencia  los Bachilleratos Populares de Jóvenes y Adultos en la Argentina siguen constituyendo una experiencia organizativa de vanguardia a nivel latinoamericano y mundial. Aunque se los encasilló dentro del lugar de  “alternativa” a la educación neoliberal, los “bachi” son una forma de construir otra educación, que construye otro tipo de vínculos, otra sociedad, alejada de los valores capitalistas.

 Nacidas al calor del movimiento de fábricas recuperadas, las experiencias se han desplegado en todo el país, aunque su foco de mayor presencia son la ciudad y la provincia de Buenos Aires y siguen abriendo nuevos espacios con marcada inserción territorial, vinculando de esa manera la problemática educativa con otras propias de la explotación de clase. Tras estos 15 años, también, se han complejizado estas experiencias, determinando distintos matices en cuanto a su concepción. Algunas de ellas han reforzado el carácter autónomo de sus construcciones, limitando al máximo la relación con el Estado, del cual solo esperan reconocimiento para la titulación estudiantil (algunas, más autonomistas, niegan al Estado y no reclaman ni siquiera el reconocimiento de títulos). Otras experiencias han sucumbido a presiones partidarias, pasando a convertirse en meros centros de cooptación de militantes, subordinando a este objetivo sus luchas y reivindicaciones particulares. Sin embargo, la mayoría de los ‘’Bachis’’ hoy sostienen sus banderas reivindicativas, acumulan sus experiencias organizativas al calor de la historia de lucha en nuestro país y proponen un modelo de organización de clase.

Aportes para un balance

Existiendo varias fuentes de historización de estas experiencias que pueden ser consultadas, pretendemos más bien sumar a un breve balance que dé cuenta del aporte  político-pedagógico de los ‘’Bachis’’ a la construcción revolucionaria a la que, como guevaristas, adscribimos. Queremos destacar, en ese sentido, dos dimensiones de esta experiencia organizativa, las cuales hacen parte de la construcción de proyectos político-pedagógicos en los que la escuela adquiere un claro rol político, pero sin que se difumine el lugar específico que tiene la educación en el plano general de la lucha de clases.

En primer lugar, como lo sintetiza el filósofo Georg Lukács, ‘’la misión histórica del proletariado consiste, pues, en apartarse de todo entendimiento ideológico con las otras clases y alcanzar su clara conciencia de clase sobre la base de la especificidad de su situación de clase y la autonomía de sus intereses clasistas, que derivan de aquella’’. Nuestra experiencia cotidiana nos permite pensar que la clase dominante, siendo numéricamente minoritaria, ha sabido sostener su dominación sobre la base de eso que Gramsci llamó ‘’hegemonía’’, haciendo que la clase dominada, siendo mayoría, asuma como suya la ideología y los intereses propios de sus verdugos. Este hecho no nos debe hace tomar como propios ningún discurso populista, por progresista que parezca, sino que, por el contrario, debe invitarnos a asumir con responsabilidad la tarea histórica de aportar lo que podamos a la organización autónoma de la clase trabajadora, precisamente por la necesidad de que esas mayorías se deshagan del influjo que posibilita su opresión.  La educación popular se nos presenta entonces como un aporte de la clase trabajadora (no ‘’para’’ la clase trabajadora) nacido y criado al calor de las más combativas experiencias de lucha en nuestra-américa, sistematizado entre otros autores por Paulo Freire y que, en términos de la primera dimensión, la deconstrucción de la ideología dominante, se nos emparenta con la construcción de una consciencia de clase; reconociendo la dinámica actual de la lucha de clases y, en particular, los resortes sobre los que descansa la dominación en la formación social específica o el territorio en el cual actuamos.

Uno de los pilares de la educación popular se fundamenta en la necesidad de acompañar la renovación de los contenidos educativos que han sido tradicionalmente diseñados por los sectores dominantes de la sociedad, por contenidos flexibles diseñados colectivamente y que integren dialécticamente las experiencias del estudiantado, sumando a esto una transformación radical de las formas con las cuales estos mismos sectores construyeron el sistema escolar como parte de un esquema de dominio; como transmisor de la jerarquización. Hablar de educación para  trabajadorxs debe apuntar al reconocimiento de estos dos aspectos; formas y contenidos de la educación.

En cuanto a las formas, dos factores cobran meritoria relevancia. Por un lado, la importancia de que la perspectiva de construcción colectiva del conocimiento se vea sostenida por una transformación de los presupuestos tradicionales de distribución de poder en el aula. La modificación del rol docente hacia una posición de coordinación y acompañamiento del trabajo estudiantil puede manifestarse concretamente en la generación de espacios que superen la exposición magistral. Esto requiere un esfuerzo especial para que lxs docentes escuchen y mensuren las diversas trayectorias de formación que caracterizan a lxs estudiantes, y puedan valerse de ellas para encaminar el grupo hacia una construcción común. Se trata de docentes que lean las divergencias y sean capaces de armar grupalidades a partir de ellas.

Por otra parte resulta esencial que la lectura integradora de los procesos sociales y su formulación en el ámbito docente se construya con prácticas igualmente integradoras y críticas. Por ello, es esencial la articulación entre las materias, sus programas, los trabajos, las lecturas y las prácticas que se llevan adelante. Se busca generar correspondencia entre las formas que nos proponen para estudiar y los resultados que se esperan obtener. Para educarnos de forma crítica y con una lectura integradora hay que tener prácticas educativas igualmente críticas e integradoras.

Desde la educación popular se entiende que todo proceso de comprensión de la realidad presupone siempre un modo determinado de intervención en la misma, ya que la interpretación de los fenómenos de la realidad no es independiente de una acción/actuación sobre los mismos. Comprender, desde esta perspectiva, no es sólo interpretar sino, sobre todo, “aplicar”. La “aplicación” está contenida en la comprensión en la medida en que siempre comprendemos desde nuestra pertenencia a un mundo en el cual estamos ya siendo (‘’nuestro’’ territorio). Se repele el ideal ‘’objetivista’’ de la ilustración, según el cual es posible una explicación distanciada de los acontecimientos sociales. Toda pedagogía considerada “neutral” está destinada a reproducir las desigualdades, al aceptar y legitimar las condiciones de existencia de los sujetos; en este caso, la explotación del trabajo. Por este motivo, una educación popular no puede desconocer esta dimensión aplicativa de la comprensión y por ello se enriquece desde una mirada específica de la realidad social que se inscribe en la perspectiva del materialismo histórico, ya que es éste una “filosofía de la praxis” que ha sabido condensar el análisis científico de la estructuración capitalista, al tiempo que ha propuesto un marco de intervención para su superación. Contribuir a la construcción de una pedagogía emancipadora que ponga en cuestión la aceptabilidad del actual orden social debe apuntar indefectiblemente a destruir los discursos que han legitimado ese orden. Para alcanzar este objetivo no se trata solamente de ‘’revisar’’ los mismos temas para darle otra lectura. Hay que atreverse a más. Hay que atacar radicalmente el recorte hecho por la narrativa dominante. Toda una historia de lucha del pueblo está ahí para ser contada. Algunos dicen que hay que aprender el discurso del enemigo para poder deconstruirlo, y que entonces, después, contaremos nuestra historia como trabajadorxs. Sin embargo, hoy desde los ‘’Bachis’’ se intentan romper periodizaciones dominantes, temas eurocéntricos, lecturas prejuiciosas, tabúes históricos.

La organización de la clase

Las estructuras administrativas típicas de la escuela burguesa brillan por su ausencia en los Bachilleratos Populares. Estas son reemplazadas por espacios asamblearios, toma de decisiones democráticas, división de tareas,  rotación en los roles de responsabilidad, entre otros. La dinámica de existencia de lo educativo tampoco se limita a los horarios del tiempo áulico. La inserción de las problemáticas territoriales tensionan los límites entre el adentro y el afuera de la escuela; limites que se borran para ganar en perspectiva política y para que la experiencia educativa se vincule con la realidad material y concreta. La escuela no aspira resolver todos los problemas comunitarios, pero si se propone generar lógicas de organización autónoma en donde los valores de solidaridad, cooperación y combatividad se impregnen en las subjetividades críticas que, en medio de dinámicas dialécticas de reflexión, practica y nueva reflexión, se autoeducan como clase explotada para liberarse de las cadenas de su explotación; empezando por donde hoy es posible empezar, pero sosteniendo al tiempo una vocación de construcción futura. Aprender a juntarse como clase para reconocer y luchar por resolver los problemas que nos afectan a partir de nuestra condición.

Actualmente, las lógicas de individualismo, competición y mercantilización se impregnan en el ámbito educativo, reconociendo la relevancia social de la escuela como espacio del desarrollo humano y las posibilidades de negocio que en este se vislumbran. La privatización neoliberal apunta también al vaciamiento de la educación pública. Esto se vive tanto con la precarización laboral docente, como en las políticas ‘’de reforma educativa’’ del gobierno que atentan contra el financiamiento y los contenidos de la educación. No hay duda; quieren meter sus dientes pues, a pesar de todas las críticas que se tengan contra el sistema educativo, la posibilidad de educarse sigue siendo un motor de las aspiraciones sociales de toda la población.

Por ello, teniendo bien claras las críticas que le tengamos que hacer al sistema escolar heredado de la añeja aspiración de homogenización nacionalista, la educación popular que reivindicamos se mantiene firme en la idea de defender la educación pública. Ello no solo significa la gratuidad, implica además algo mucho más importante; la participación colectiva frente a la construcción de lo común. La educación es la posibilidad de construcción del ser social y, en ese sentido, un espacio concreto de definición de la equidad. Eso debe ser nuestro; una conquista y un derecho, un espacio de participación y un horizonte de lucha. Ni la forma de pagar favores a los punteros políticos ni el negocio de los ladrones de cuello blanco que habitan La Rosada. Los ricos y poderosos solo aspiran a mejorar el sistema de dominación; para eso quieren usar la educación; pero la escuela pública es una conquista histórica y no se la vamos a regalar.

Mucho se ha escrito para reconocer en la escuela su carácter reproductor de los valores capitalistas que hegemonizan nuestras sociedades. Pero, al mismo tiempo, ese mismo espacio de construcción de lo común puede y debe ser transformado en herramienta para edificar el necesario nuevo orden que se disponga para beneficio de las mayorías. Eso puede empezar a hacerse ahora: reforzando nuestra autonomía organizativa, defendiendo nuestra cultura y valores de clase trabajadora, actuando como docentes que con el ejemplo de la praxis les diremos a lxs estudiantes que educarse no es lograr un éxito personal, pasar de año o tener buenas notas, ¡no!. Los ‘’Bachis’’ apuntan a crear subjetividades críticas. Educarse es formarse para participar colectivamente en la transformación del mundo, por otro en el que, como dicen los zapatistas, quepamos todxs, y vivamos dignamente.

Educación pública es la que el pueblo construye para liberarse; por eso desde los ‘’Bachis’’ hablamos hoy de educación pública popular. Los Bachilleratos Populares de Jóvenes y Adultos en la Argentina constituyen no solo una experiencia histórica de organización de clase sino, además, hacen su aporte en la prefiguración de una escuela pública que nos permite vislumbrar el horizonte de trasformación revolucionario que está, sin duda, por venir.

RECONOCIMIENTO DE LOS BACHILLERATOS POPULARES

FINANCIAMIENTO INTEGRAL – VIANDAS Y BOLETO ESTUDIANTIL

SALARIO PARA LXS DOCENTES

NO A LA REFORMA DE ADULTXS

sendaguevarista

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