Estados Unidos vs. la República Popular China: una Guerra comercial, antesala de conflictos mayores.

Las noticias internacionales vienen reflejando desde hace más de un año el conflicto comercial que enfrenta a las dos economías más grandes del planeta, desatada por una nueva política proteccionista de la administración Trump. Es importante pasar revista de la situación que ha desencadenado una ola de repercusiones, que presuponen la apertura de una nueva etapa para el conjunto de las relaciones internacionales.

Es un hecho indiscutible el crecimiento sin parangones de la economía de la República Popular China (RPC) y su aparición en el teatro geopolítico mundial. La “fábrica mundial”, metáfora con la que se describe su rol en la economía del mundo, representa la mitad de las exportaciones del mercado mundial (50%). El departamento de Estado Norteamericano ha definido, curiosamente, como “voracidad”, las nuevas apetencias expansionistas del régimen oriental.

En primer lugar, la tesis que permitiría comprender las motivaciones del enfrentamiento en curso se pueden resumir en lo que describe el economista Claudio Katz analizando las causas y fundamentos de la crisis del 2008 -con el estallido de la “burbuja” inmobiliaria en Estados Unidos (EEUU)- “la sobreproducción corroe al capitalismo mediante batallas competitivas que generan sobrantes”. Pero el hostigamiento yanqui se produce porque la RPC viene desplegando una segunda era de su desarrollo, disputando en el terreno de las manufacturas de bienes de capital y alta tecnología. Y además lo está haciendo utilizando una apropiación de patentes y derechos intelectuales que el gendarme imperialista no aprueba e interpreta como un verdadero desafío a su hegemonía, como principal productor y exportador en ese rubro. En simultáneo, se están jugando movimientos y re-posicionamientos que permiten comprender hasta que punto no es solo una disputa coyuntural sino estratégica. Acontecimientos que tensionan al mundo en este momento son la primera fase de un enfrentamiento que marcará las disputas geopolíticas de las próximas décadas. La intervención política y militar de la RPC en la guerra civil en Siria, eje de disputa por el control del corredor geo-estratégico de medio oriente frente a la alianza  Irán, Rusia y RPC. Además del posicionamiento de RPC en favor de Nicolás Maduro, presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela, marcan de qué modo los rivales en disputa están decididos a jugar en el teatro geopolítico mundial y que el conflicto comercial no obedece sólo a una disputa económica convencional, sino, que es la posible apertura de una nueva etapa en la disputa por la hegemonía imperialista.

Notas sobre evolución y actualidad de las economías de ambos países.

En los últimos 30 años, EEUU registra un retroceso general en sus indicadores económicos. Con los actuales valores de endeudamiento, balanza comercial y déficit fiscal estaríamos hablando de una situación crítica o de emergencia si en vez de la potencia imperialista se tratara de algún país del “tercer mundo” o, como decía el Che Guevara,  “suavemente” llamados “subdesarrollados”, en verdad países coloniales, semicoloniales o dependientes.

Por ejemplo, el derrumbe de la balanza comercial de EEUU no ha cesado de caer desde la década del ‘70, a partir de la llamada ‘Crisis del petróleo’, hasta la actualidad, incluida la recuperación actual de algunos de sus parámetros económicos. A partir del derrumbe financiero del 2008, con consecuencias a lo largo y ancho del planeta, con las caídas de las principales bolsas de valores, se dio inicio a una larga recesión económica que tensiona al comercio internacional. Varios análisis coinciden en que la crisis del 2008 fue el desenlace, luego de 30 años de acumulación de contradicciones no resueltas en la economía mundial Capitalista a partir de la gran “crisis del petróleo” de 1973, que terminaron de implosionar como resultado de la receta que utilizaron para superar aquella crisis: abriendo la puerta a una descomunal y exorbitante financierización de la economía.

Aunque la economía doméstica yanki ha logrado recuperar terreno, utilizando medidas desesperadas de proteccionismo, reimpulso del complejo industrial militar y una histórica transferencia de riqueza desde las clases trabajadoras e intermedias hacia el sistema financiero, gracias al multimillonario salvataje que realizara el gobierno del por entonces presidente Barack Obama.

Pero aun así, no termina de revertir una tendencia declinante frente al crecimiento de otras economías. El nuevo equilibrio depende además de un entramado internacional que empuja a una política exterior más agresiva y belicista. Esa interdependencia se refiere a los niveles de endeudamiento de aquella economía, equivalente a un poco más de un PBI de EEUU. Ese esquema se sostiene gracias a la ayuda financiera desde el sudeste Asiático y las monarquías petroleras de medio oriente. Abandonar el estilo de vida “americano”, como les gusta llamarlo, significaría una caída catastrófica para estos países, ya que verían caer al principal consumidor de sus exportaciones.

Como plantea el intelectual marxista David Harvey, “es en este contexto que vemos que sectores de las elites políticas estadounidenses buscan ejercitar el músculo militar como el único poder que les ha quedado, hablando abiertamente de Imperio como una opción política (presumiblemente para obtener tributos del resto del mundo) y buscando controlar la provisión de petróleo como un medio de contrarrestar las amenazas de pérdida de poder de la economía global. Los intentos de EEUU de incrementar el control sobre las reservas petroleras iraquí y venezolana –en el primer caso, con la intención de establecer la democracia y en el segundo derrocándola– cobran pleno sentido.” [2]

Por otro lado, se encuentra la RPC que viene destacándose en el comercio internacional, con un crecimiento acelerado que por varios años llegó a alcanzar los dos dígitos en relación de su PBI.

Luego de casi 20 años de crecimiento ininterrumpido, sobre todo desde el 2001 cuando se incorpora a la Organización Mundial de Comercio (OMC), alcanza en el presente el primer puesto como fabricante mundial de artículos textiles, calzado, productos electrónicos de consumo (teléfonos celulares, reproductores de video, televisores, etc.), muebles y juguetes.  En la actualidad es la nación con mayor número de usuarios de Internet y de teléfonos celulares del mundo. Además, es el primer productor mundial de carbón, cobre, aluminio, acero y cemento. Representa el 30% del consumo mundial de carbón, algodón, arroz y acero, y entre un 15 y un 20% del consumo mundial de cobre, soja, trigo, aluminio y platino. La RPC alcanzó a ser la primera potencia del comercio mundial, sobrepasando a EEUU, al cierre de 2013.

Por último, entre los años 2011 al 2016 se ha dado una paulatina desaceleración del crecimiento de su economía. La causa interna fundamental se debe a un cambio en el modelo económico con una reconversión industrial, pasando del modelo “Hecho en China” al “Hecho por China”. Esto significa superar la simple apertura a los capitales transnacionales, en la que se montaban plantas industriales atraídos por facilidades para instalación de infraestructura: una clase obrera controlada y barata, y permisos para el movimiento de ganancias. Además del ingreso a un formidable mercado con millones de nuevos consumidores.

La RPC ha llegado a un techo y para ello esa reconversión con un plan para ingresar a la industria manufacturera avanzada, representado por el plan “Made by China 2025”, con el objetivo de mejorar su tecnología en pocos años. Para lograr este objetivo, China estuvo adquiriendo activamente tecnología extranjera a través de varios medios. Esto hace que la violación y defensa de la propiedad intelectual, sea un punto clave de disputa con los Estados Unidos. Porque entienden que no es sustentable como base de su desarrollo continuar con la exportación manufacturas de consumo, sino que tiene que mudar su modelo industrial al de manufactura de Capital, o sea, maquinaria y tecnología de avanzada.

Éste es el verdadero conflicto de fondo detrás de la guerra de aranceles a las exportaciones de china hacia EEUU.

La Guerra comercial, antesala de conflictos mayores. 

La guerra comercial entre la RPC y EEUU es un conflicto comercial iniciado en marzo de 2018, después de que el presidente Donald Trump anunciase la intención de imponer aranceles de 50.000 millones de dólares a los productos chinos argumentando “prácticas desleales de comercio” y el robo de propiedad intelectual. En represalia, el gobierno de la RPC impuso aranceles a productos estadounidenses, en particular la soja, una de las principales exportaciones de EEUU hacia aquel país. En toda esta guerra de aranceles el mayor perjudicado sería la misma RPC porque EEUU es la principal economía receptora de sus exportaciones.

Por supuesto estas tensiones se han traslado a los países dependientes como el nuestro. En la reunión del G20, que realizó el año pasado en nuestro país, el presidente Macri tuvo que escuchar las quejas de EEUU por la “voracidad China” pero, por el otro lado, aplaudir la ampliación de exportaciones desde Argentina para diversos productos al inmenso mercado de consumo chino. Macri apoya la agenda de política exterior yanqui, pero a la vez más se ve seducido por el mercado chino y sus potencialidades para los intereses de la burguesía agroexportadora. Las inversiones de EEUU todavía superan a las Chinas en Argentina, pero en el paso de los años podrían cambiar la proporción de las mismas.

Otro debate que subyace es ¿cuánto de Comunista le queda a aquella nación? y ¿qué perspectivas sostienen hacia la causa revolucionaria y socialista? Hace varios años que intelectuales y partidos de izquierda plantean que la RPC se alejó del objetivo de liberación del proletariado internacional y solo representa un nuevo proyecto nacionalista y de una nueva burguesía que se apoderó del Partido y del Gobierno.  Esto impulsaría a esa elite, que maneja los hilos del gigante Partido Comunista de China, a convertirse en una Clase con aspiraciones Imperialistas para resolver las desigualdades y privilegios de Clase generadas hacia dentro de sus fronteras. Al decir de David Harvey: “Lenin cita a Cecil Rhodes para decir que el colonialismo y el imperialismo son las únicas formas posibles de evitar la guerra civil. Las relaciones y la lucha de clase dentro de una formación social territorialmente circunscripta impulsan a la búsqueda de ajustes espacio-temporales en otros lugares”.

A partir de este breve repaso podemos concluir que es indudable la necesidad de profundizar en el estudio del papel que cumple la RPC en el escenario global y el desarrollo del Capitalismo, en su fase imperialista. Porque se desprenden las condiciones y las contradicciones en las que se desenvuelve la lucha de clases, las estrategias nacionales-continentales de la lucha por la revolución socialista y la supervivencia de la especie humana sobre nuevas relaciones más solidarias y justas.

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[1] Este documento fue elevado al II Congreso de la ORG para sumar elementos para el análisis de la situación internacional.

[2] David Harvey, El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. Socialist Register, 2004.

sendaguevarista

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