Cabe entonces preguntarse ¿Es una obviedad que el gobierno de Macri está en decadencia? Pareciera que sí ¿Y por qué aún se puede mantener en pie?
Son interrogantes que convocan a una importante proporción de la población, que no puede entender cómo un gobierno que ha logrado los peores resultados en materia económica de los últimos 15 años puede perdurar e incluso hablar de reelección.
El lanzamiento sorpresa de Cristina Fernández de Kirchner, a través de un peculiar video en internet, donde relega su candidatura a la Presidencia en favor de Alberto Fernández, rompió con todos los pronósticos, y sin duda está vinculado a los reacomodamientos por arriba, ante el descalabro del gobierno “del Cambio”.
La candidatura de un peronismo re-unido y “reconciliado” era el mensaje esperado por una parte importante de nuestro pueblo. El boom editorial de “Sinceramente” había vuelto a colocar a CFK en el centro político y había renovado las expectativas respecto a su candidatura. Hubo un pequeño detalle: la gran candidata, eligió un candidato…
Su ubicación en segundo término no es para nada casual. No se trata sólo de un “gesto de grandeza”. De alguna manera, la ex presidenta está otorgando su crédito político y su caudal electoral a un proyecto que no será conducido por ella misma, justamente con lo clave que es la conducción en la verticalista tradición peronista. En su texto lo dice expresamente: “no se trata de volver al pasado ni de repetir lo que hicimos del 2003 al 2015”. Sin embargo, hay muchos y muchas que (idealizando ese período) creen honestamente que algo así sucederá: “Vamos a volver”, dicen o cantan. Así, mágicamente, pareciera que se solucionarán los grandes problemas que padece nuestro pueblo.
Desde una perspectiva revolucionaria, que entiende que debemos ser los protagonistas de nuestra propia historia, sabemos que nada será tan fácil. Y que un triunfo electoral no garantiza nada. Y menos aún si analizamos las alianzas que se pretenden atar en el nuevo/viejo armado. No hace falta tener mucha destreza archivística para saber que “Alberto” no resiste ninguno. Sin embargo, no parece que eso vaya convencer a quienes querrán ver lo que ansían ver, en este momento.
Estamos convencidas/as que para derrotar al neoliberalismo recargado hará falta mucho más que votar. Mucho más que creer en un liderazgo supuestamente infalible, o en una aparente figura de consenso con los grandes empresarios, el establishment y la derecha peronista…
Antes de continuar, hagamos un repaso por la actual situación política.

Marzo y Abril, corolario de la catástrofe económica.
Cuando muchos ya habían empezado a creer nuevamente la promesa de “lo peor ya pasó”, la realidad volvió a superar al marketing. Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del congreso nacional gritaba, sobreactuando como quién quiere mostrar una autoridad que ya no tiene, que “Los argentinos estamos mejor que hace tres años y estamos listos para avanzar”; absurdamente también afirmó “la inflación ya empezó a bajar”.
A los pocos días ya se sabía que marzo sería un nuevo “pico” de inflación. Pero ese pico, del 4,7%, no fue una excepción… en abril no parece haber disminuido notoriamente: cerró en un 3.4%, con una inflación interanual del 55.8%. También volvió a dispararse el dólar, en relación al peso, y los datos de la economía confirman lo que ya es la historia repetida del gobierno Macri: la recesión vino para quedarse, con las principales ramas de producción en tendencia declinante, cataratas de despidos y el consumo que no deja de caer trimestre a trimestre.
El comando central de la economía argentina, el FMI que nos gobierna desde Washington, autorizó a comerse sus propias palabras y permitió a Macri intervenir con reservas del Banco Central para controlar el valor del dólar. Vale notar que las reservas han sido saqueadas desde el principio de éste gobierno, cuando el mal uso de las mismas había sido uno de los caballitos de batalla para fustigar al gobierno anterior. Por un lado se habla de eliminar subsidios, pero siempre han subsidiado la timba financiera con las reservas.
El gobierno ya perdió el control de la economía y no hay norte posible más que seguir conteniendo la explosión con la enorme espalda de EEUU a través de Trump y el FMI, convirtiendo a Macri en un claro delfín de los intereses del imperialismo norteamericano.

La oposición se reagrupa en torno a CFK
Luego de meses de desfile de candidatos para ponerse la banda presidencial, como dice el dicho popular, “se van acomodando los melones en el carro”. A la par de la evolución de las encuestas, donde se miden las distintas figuritas, la clase dominante va construyendo consenso sobre de qué manera se puede salir de una situación como la actual, temiendo que una escalada de la crisis social pueda favorecer la emergencia de un bloque social antagónico a sus intereses. A pesar de que la oposición siempre garantizó la gobernabilidad y el recambio institucional (esa es una de las razones claves de la permanencia del gobierno Macri), el descontento no ha dejado de crecer. Las cúpulas de las organizaciones sindicales y sociales lo saben y por eso han convocado a un paro nacional el 30 de abril, aunque sin plan de lucha. El más rancio sindicalismo empresarial, como la Unión Tranviarios Automotor (UTA) tuvo que convocar a un paradójico paro el 1° de mayo, y ahora vuelve a parar ¡el 25 de mayo!
El regreso de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner al Partido Justicialista, luego de muchos años, asistiendo a la reunión de la comisión directiva y la mesa de acción política nacional, fue evidentemente donde el acuerdo electoral terminó de negociarse. El cónclave pejotista anunció que trabajaría por un “Gran Frente Patriótico” y que “antes del 31 de mayo estará conformado este gran frente electoral”. Por las escenas que se vieron daban cuenta de lo que ya se venía visualizando en las elecciones de varias provincias: Cristina venía bajando sus candidatos/as ante las del PJ. En Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, uno de los núcleos electorales más importantes después de CABA y provincia de Buenos Aires, el kirchnerismo apoyó a las figuras del PJ, todos menemistas reciclados y vinculados al desguace del estado y las privatizaciones, más que a supuesto un ideario “nacional y popular”.
Aunque aún no se sabe qué harán los bloques peronistas de Urtubey y Lavagna, quienes aún tienen aspiraciones presidencialistas, parecen ser más cartas de condicionamiento y contención política que verdaderas opciones de gobierno. En síntesis, la oposición burguesa y burocrática cierra filas en torno a una gran coalición, o bolsa de gatos, que encolumne detrás de la candidatura con mayor caudal de posibles votantes. En ese marco debiera comprenderse la, aparentemente, astuta fórmula que la ex-presidenta anunció a través de un video personal con su voz en off.

¿Qué programa representa Alberto Presidente y Cristina Vice?
A priori, parece claro que el programa político de ese bloque no tiene grandes definiciones, más que generalidades que no se sabe cómo se pueden cumplir, si no se resuelven temas fundamentales. Más bien denota una idea de resolver problemas electorales y dar una imagen moderada, o más bien directamente conservadora. Aunque la ex-presidenta ensaya críticas a los males que padecen las masas humildes y trabajadoras del pueblo, como el tremendo endeudamiento y el “caos” que genera el programa de Macri, no hay rastros de cómo ese armado, con el ex-cavallista, Alberto Fernández a la cabeza, los va a enfrentar.
¿Cuáles serán las definiciones en relación al endeudamiento y el acuerdo con el FMI, la fuga de capitales, el control de las exportaciones, la timba financiera, la inversión privada y pública, y la alta tasa de informalidad laboral? Ni hablar de ¿cuál será el modelo de desarrollo? El neodesarrollismo ya se estrelló con la realidad de la dependencia del capitalismo en Argentina, y su matriz productiva totalmente subordinada al capital transnacional.
Parece imposible que esa estructura pueda siquiera ser modificada, en una alianza integrada por personajes como el actual presidente del PJ José Luis Gioja, ligado al modelo minero extractivista en San Juan; o Gildo Insfrán, impulsor del modelo de desmonte y sojización; o el mismo Alberto Fernández, amigo y beneficiario de las aseguradoras y financieras. No creemos que desde ese polo alternativo burgués, se pueda, o se quiera, enfrentar realmente el programa de ajuste y saqueo actual.

Ser o no ser…una fuerza transformadora
El verdadero dilema para el campo del pueblo trabajador que no se identifica con aquellas vertientes políticas que se dicen “opositoras” al programa de ajuste, es ¿qué papel podemos tener en este momento?
Venimos construyendo organización, aprendiendo a hacer otra política democrática y desde abajo. Construyendo nuevas identidades que están ligadas a la transformación verdadera de nuestra cotidianidad, desde una perspectiva revolucionaria, de acción independiente de los bloques sociales ligados a la explotación, el patriarcado, el saqueo y la destrucción del medio ambiente.
Pero nuestras corrientes políticas no son, aún, suficientemente fuertes para presentarse como una alternativa concreta de poder hacia nuestro pueblo. Esto no sería un dato nuevo, pero la gravísima crisis del capitalismo dio posibilidades para avanzar en la construcción de una referencia anticapitalista, con verdadero apoyo popular. El sectarismo que reina en la izquierda tradicional, y los debates que aún no se han saldado sobre las formas de consolidación del bloque revolucionario, nos ha mantenido en el lugar de expresiones políticas que aún disputamos un espacio relativamente marginal, con todavía mucho camino por recorrer y aprender.
Desde esa situación, que obviamente no es la ideal, igual podemos cumplir un papel clave en la realidad actual. Tenemos influencia en las bases, porque somos parte de ella. Tenemos la posibilidad de impulsar la lucha y esa es nuestra fortaleza. Por lo tanto, el papel debe ser el de catalizador de las luchas y las rebeldías, sostener la resistencia social, multiplicar el activismo de base, y condicionar los bloques dominantes con acción y programas desde cada frente.
Sin desconocer que la contienda electoral ha logrado predominar por sobre la lucha directa de masas, debemos seguir subordinando la misma a fortalecer la organización popular y de las/os las/os trabajadores con sus luchas actuales. Sus alcances, por el momento, están condicionados por la recomposición de los partidos del sistema; en ello tiene su responsabilidad el sectarismo de izquierda que no se abre a nuevos frentes que superen la sola participación propagandística y auto-referencial. Ese sectarismo impide que surja un bloque político con profunda y verdadera vocación de disputa del poder burgués. No negamos que actuar en el frente electoral sea importante, pero entendemos que al gobierno sólo se lo consiguió frenar cuando el movimiento obrero y popular ganó la calle y la lucha política se referenció en ella.
En estos días la CGT convocó a una huelga nacional el próximo 29 de mayo, luego de meses de hacerse los distraídos. Esa fecha coincide con el 50° aniversario de uno de los acontecimientos más importantes de la historia insurgente de Argentina: el Cordobazo. No sabemos si la fecha es casual o la cúpula sindical teme que la situación crítica coincida con los distintos eventos que se venían preparando para evocar aquella gesta popular de 1969.
El Cordobazo tuvo un carácter semi-insurrecional, bajo la dirección de la clase obrera que acaudilló al movimiento estudiantil y los habitantes de los barrios populares. Esa lucha le puso freno a la dictadura militar de Onganía y, sobre todo, abrió una etapa revolucionaria, que sólo fue derrotada por la brutal dictadura militar de 1976, a través del terrorismo de estado y el genocidio.
La estocada final a este gobierno ya parece estar dada. La cuestión es cómo le damos la estocada al programa de ajuste y saqueo del gran capital contra nuestro pueblo: esa ruptura sólo puede provenir de la rebelión popular, de nuestro pueblo insurrecto. Retomando las grandes luchas del correntinazo, el cordobazo, los rosariazos, el mendozazo y, más cercano en el tiempo, el argentinazo del 2001. Son distintos tiempos, diferentes condiciones y circunstancias, pero todas aquellas gestas de rebeldía obrera, estudiantil y popular, marcaron un horizonte avizorado por todos y todas: que el futuro digno y solidario sólo puede ser con la fuerza del pueblo que vive de su trabajo y no delega en nadie su propio destino.