EDITORIAL

Diciembre, otra vez…

Senda Guevarista #5, nov-dic 2018

Construir nuevas alianzas por abajo, para volver a poner en pie el pueblo insurrecto
El planeta tierra se acerca a su posición orbital más cercana a la estrella solar, estación de ese ciclo al cual llamamos verano, y la temperatura en nuestra región se incrementa. Este ciclo se repite por miles de millones de año, pero dentro de las sociedades humanas no siempre se repiten los acontecimientos de la misma manera.
En Argentina, desde el 2001 ha quedado marcada a fuego en la memoria popular, y de las clases dominantes, aquella insurrección popular que impulsó la renuncia y desalojo de un presidente y puso en crisis la legitimidad burguesa, al menos durante un tiempo. Luego de que el poder burgués reconstituyese su legitimidad, a fuerza de concesiones, reformas y represiones, en este momento sentimos nuevamente el desgaste de la democracia representativa y podemos vibrar con la bronca de nuestras clases populares y trabajadoras, casi como en aquel 2001.
Esto lo entiende el gobierno de Macri, pero su crisis lo obliga a seguir profundizando el brutal paquete de ajuste y endeudamiento al cual está sometiendo al pueblo. Pese a que hoy pareciera haber sorteado, coyunturalmente, su peor momento gracias a que los colaboracionistas “opositores” han ayudado a que “haya 2019”, el fantasma de la insurrección popular de diciembre no deja de asustar al régimen burgués. Analicemos cuáles son las claves de la situación y la perspectiva para los próximos meses.
El control de la corrida cambiaria
El gobierno transpiró la gota gorda durante mes y medio en lo que fuera una clara demostración de quienes gobiernan en Argentina y al servicio de quién está el gobierno de los CEO’s: el capital financiero. Los especuladores empujaron una brutal devaluación de la moneda argentina, evidenciando su desconfianza en el proyecto del gobierno. El “modelo” macrista se entregó servilmente a los especuladores, impulsando una nueva suba de la tasa de interés del Banco Central, pretendiendo calmar a las fieras de la timba internacional. Como consecuencia se agudizó la recesión económica, el desempleo y la pérdida de poder adquisitivo de los/as asalariados/as. Además de que llegó la “ayuda” del FMI, arrastrando consigo al ministro de finanzas “Toto” Caputo, que osaba querer hacer las cosas un poquito distinto a las órdenes que daba el fondo. Con cada día que pasa se va resquebrajando el slogan marketinero del “mejor equipo de los últimos 50 años”.
En este contexto la realización de la reunión del G20 en Argentina es más bien anecdótico, pero no deja de ser una oportunidad para demostrar el repudio al sistema mundial imperialista y a las catastróficas consecuencias, sociales y ambientales, a las que nos conducen las burguesías mundiales.

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No hay oposición real
El sentido común indicaría que con semejante descalabro de las condiciones de vida de las masas trabajadoras la respuesta social debiera ser contundente en todos los frentes. Pero dos de los principales mecanismos para contener las luchas populares, la religión y las burocracias sindicales, vienen cumpliendo muy bien su papel. Incluso en las últimas semanas se las pudo ver unidas, con el peregrinaje y misa en Luján de gran parte de la dirigencia sindical y social, en su mayoría de origen peronista. A días de lo que fue la aprobación en la cámara de Diputados/as del presupuesto nacional de ajuste 2019, dictado por el FMI, todas las vertientes burocráticas de la CGT y CTA, movilizaron para “rezar a Dios para que haga entrar en razón a Macri”. ¿Qué mejor forma de dilapidar recursos y fuerzas populares y desviar la atención? En el Congreso nacional la oposición burguesa sigue partiéndose en pedazos, re-acomodando fichas en torno a los delfines que se van lanzando a la aventura presidencial, presentando variantes y probando discursos.
El círculo del colaboracionismo se va cerrando hacia fin de año, con un ridículo bono de fin de año repartido arbitrariamente en los sectores del trabajo, con la bendición de la cúpula entreguista de la CGT.

El papel de las fuerzas alternativas
Por abajo también se están reubicando las fuerzas organizadas del pueblo que no tienen compromisos con la burocracia y el establishment. Pero aún no logran tener la fuerza para plantear una alternativa al liso y llano colaboracionismo, o al oportunismo y seguidismo de algunas izquierdas. La apuesta a incrementar la lucha popular en las calles y lugares de trabajo y estudio, ha sido desigual y discontinua. Por lo tanto no fueron suficientes para sobrepasar el accionar de las burocracias y los partidos tradicionales. Ésto permite que el gobierno pueda seguir maniobrando, a pesar de las dificultades, sin grandes desafíos en lo inmediato.
El desafío para los siguientes meses es entablar las relaciones políticas y sociales que permitan ir aglutinando fuerzas de legítima y real oposición al proyecto capitalista en curso. Que permitan disputar, o al menos condicionar, el lugar de oposición y alternativa al programa gubernamental. Desarrollar nuevas alianzas es vital para lo que viene, porque está claro que hay que derrotar este plan de hambre y mayor sumisión al imperialismo, pero sin dejar de plantear firmemente una alternativa revolucionaria como resolución real de la miseria, explotación y falta de perspectivas para las amplias masas del pueblo trabajador.

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