ECONOMÍA

Un modelo para pocos

ALGUNOS APORTES PARA ENTENDER CÓMO SE PROFUNDIZA EL MODELO ECONÓMICO QUE ESTÁ ARRUINANDO EL PRESENTE Y EL FUTURO DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE NUESTRO PAÍS

La situación económica y cambiaria del gobierno de Macri lejos está de representar al “mejor equipo en 50 años”, como les gustaba definirse. El marco es crítico, y comprender qué está pasando es clave porque, como veremos, tiene consecuencias directas sobre la vida cotidiana de las y los trabajadoras/os que, como siempre, son los primeros perjudicados.

En general, la economía se nos aparece como una “ciencia incomprensible”. Los “expertos” debaten en la tele con términos que no entendemos y nosotros tendemos a cambiar el canal, después de algunos intentos de seguir el debate. Pero es muy importante contar con herramientas para entender qué esta pasando, puesto que influye directamente sobre nuestras economías y familias.
Para comprender los movimientos del dólar, la moneda nacional y la política financiera, es útil realizar el siguiente razonamiento: pensar que la moneda, como cualquier otro producto, tiene gente que la desea y gente que la produce (el Banco Central). Por eso hablamos de un “mercado de dinero”.

La gente y las empresas quieren mantener una moneda en sus bolsillos porque les sirve por tres razones: 1| para hacer transacciones (comprar y vender) 2| para ahorrar o 3| como reserva, para emergencias futuras. Mientras estas razones se mantengan, la gente está dispuesta a conservar parte de su dinero en la moneda de un país (en nuestro caso, el peso).

Para entender qué estuvo sucediendo en ese “mercado de dinero” (o financiero) vale remitirse a algunas políticas previas porque, como en todo, están íntimamente vinculadas con la situación actual.

En principio, recordemos el endeudamiento público y sistemático que este gobierno (con el apoyo de diputados de bloques opositores) viene encarando desde hace dos años. Una de las explicaciones que nos dieron fue que “tomar deuda” era necesario y que, después de eso, iban a “llover inversiones”. Pero los añorados capitales extranjeros nunca llegaron. La consecuencia la estamos viviendo por estos días: en un primer momento, la entrada de dólares (por la deuda externa) “tapó” las insuficiencias de una política que no invierte ni produce.

Pero ahora, pasada la euforia del endeudamiento, comienzan a quedar al desnudo las consecuencias de una política que desarma al Estado: no hay inversiones, y el déficit de la cuenta corriente (esto es, la diferencia entre “la plata que entra y la plata que sale”) es brutal. No entra dinero, pero sale de manera desmesurada y por varios canales: des-balance comercial, el pago de esa deuda, la “remesa de utilidades de los capitales” (es decir, las empresas extranjeras que llegan al país, invierten en los sectores más pujantes de nuestra economía, explotan nuestros recursos y giran las ganancias, dinero local, a sus “casas matrices” en el exterior) y la “fuga de capitales” (el “paso” de pesos a dólares por parte de los capitalistas financieros o la locación del dinero en cuentas extranjeras “off shore” para evadir impuestos).

Esta situación, sumada a la inflación elevada que lejos de ser “corregida” por el gobierno crece sin frenos, la falta de empleo (y, con ello, la falta de consumo), y los repudiados “tarifazos”, se va devaluando el peso. Si agregamos las situaciones generadas por el mercado externo, podemos explicarnos porqué, entre ayer y hoy, 1 dólar pasó a valer alrededor de los 23 pesos.

Una de las políticas monetarias que el Banco Central tomó por estos días fue aumentar, tres veces en una semana, la tasa de interés. ¿Qué significa esto? En términos simples, el Banco llama a los capitales extranjeros a poner dinero en el mercado financiero argentino a cambio de pagarles un plus: “ellos vienen y ponen 1000, nuestro banco les da 3000″… Sin embargo, hasta ayer, ni siquiera esta medida sirvió para contener la fuga, la depreciación del peso y la consecuente escalada del valor del dólar. A pesar de las relaciones carnales de este gobierno con el imperialismo, los grandes mercados internacionales están recomendando salir de la Argentina.
Esta mañana los ministros Dujovne y Caputo salieron a ratificar la política económica y anunciaron una nueva elevación de las tasas: esta vez, al 40 %. Con este tipo de medidas, el gobierno alienta la inversión financiera y no la inversión de capital. Para los grandes empresarios es “más rentable” invertir capital líquido, es decir dinero a cambio de dinero, antes que realizar inversiones “duras”, en maquinas, tecnología, fabricas e industria y trabajo.

La medida tiene como intención la meta a corto plazo de “desinflar” el dólar (porque vuelve más atractivo el peso argentino). Sin embargo, en el mediano y largo plazo, este tipo de medidas son profundamente alarmantes y tienen consecuencias recesivas para la economía nacional. ¿A qué nos referimos con recesión económica y cómo se vincula con el aumento de las tasas de interés? En términos generales, la recesión significa la disminución de la actividad económica de un país.

¿Cómo relacionamos esta situación con el aumento de la tasa de interés? Simple: al aumentar la tasa de interés, las empresas y los consumidores disminuyen el consumo: ya no utilizan tarjetas de crédito, no solicitan créditos de vivienda ni de vehículos (porque los intereses subieron y es difícil pagar) y toda esta situación repercute directa y negativamente sobre el sector industrial y productivo.

Otra de las medidas que vienen anunciando es la reducción del gasto público. Frase que las y los trabajadores conocemos de sobra. Re-traduciendo, esa reducción implica que el Estado se recorta: ¿dónde? En el gasto en obras e infraestructura que el pueblo necesita (y el gobierno ha prometido en campaña), inversiones varias (salud y educación, por ejemplo) además de la pérdida de trabajo que puede significar que el Estado deje de invertir en obras.

Por último, a pesar de que en lo inmediato lograsen que el dólar no siga subiendo (algo que parece muy difícil), en verdad ya ha llegado a picos máximos y este movimiento no es gratuito. Lejos de algunas frases poco felices de los funcionarios de este gobierno, la suba del dólar afecta directamente al bolsillo de las/los trabajadores. Una de sus consecuencias es la “devaluación (es decir, la pérdida de valor) del peso”. Con la devaluación del peso respecto del dólar los exportadores –fundamentalmente agropecuarios y alimenticios- se benefician con un dólar muy alto al vender sus productos en el exterior (recordemos que este gobierno le quitó las retenciones al campo, por lo que los grandes empresarios y productores agropecuarios se quedan con las enormes ganancias que producen).

Esta “ventaja comparativa” habilita la especulación: esos productores trasladan el valor de sus productos en dólares, al mercado interno (pesos). La lógica es más o menos la siguiente: “si vendo una res de carne en el exterior, me pagan X cantidad de dólares, y como el dólar esta 23 puntos respecto del peso, cuando ingreso el dólar al país multiplico mi ganancia. Si tengo que vender mi res de carne en el mercado interno, pierdo plata. Por lo tanto: o vendo todo lo que tengo afuera (y que el pueblo no coma, no me importa) -eso es lo que los economistas llaman: desabastecimiento interno-, o traslado los precios de afuera, es decir, su valor en dólar, al precio interno. Esto último es un punto clave, puesto que es una de las causas de la inflación: los precios suben porque los empresarios trasladan los precios internacionales al mercado interno (y que el pueblo se joda).
Como vemos, la otra consecuencia directa de la corrida cambiaria es la inflación. Y la inflación no sólo se explica por la especulación de los exportadores. Este gobierno viene tomando medidas político-económicas que tienen por consecuencia el aumento de los precios internos. Una de ellas, por ejemplo, es abrir la economía al mercado externo:

¿Qué significa esto? Que el país deja entrar productos importados sin ninguna restricción. La consecuencia más profunda de este tipo de políticas es la desindustrialización. Por la brecha tecnológica, nuestro país no está en condiciones de competir con productos extranjeros ni en la cantidad ni en la calidad de lo producido. Por ello, cuando el mercado interno se abre indiscriminadamente, las industrias nacionales comienzan a cerrar. La consecuencia inmediata es que en el supermercado hay menos productos nacionales y más productos importados… y los productos importados se venden al precio dólar: si el dólar sube, sube el valor de esos productos. Además, el valor de productos secundarios (como el combustible) influye sobre los precios de los productos primarios (como el alimento o la ropa) ¿por qué? Porque al productor le “cuesta más caro” producir y hacer circular lo producido y ese “costo” también se traslada a los precios.

No hay soluciones fáciles ante este marco tan complejo. Pero, para que alguna vez como pueblo conquistemos esas necesarias transformaciones de fondo, debemos empezar por comprender lo que pasa, sus causas, sus consecuencias, y los intereses que están detrás de esto. Esta nota pretende aportar a ese fundamental proceso.

 

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