TRABAJADORES

Los trabajadores aceiteros no dan el brazo a torcer ante Cargill

En enero comenzó el conflicto de los trabajadores de Cargill, en las plantas de Villa Gobernador Gálvez y Punta Alvear, de Santa Fe, y en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires: la causa fue el despido sin causa de 44 obreros. Resisten así contra el ataque de la multinacional, lanzando medidas de lucha que permitieron abrir una mesa de diálogo. El conflicto se desató cuando los obreros de la industria aceitera se preparaban para seguir avanzando en la lucha por la mejora de su salario, por consolidar los comités mixtos de seguridad en cada planta, por los cuerpos de delegados y para luchar contra la tercerización. Pudimos adentrarnos en la resistencia obrera que está en curso a partir de las conversaciones con el delegado de Villa Gobernador Gálvez, Marco Pozzi: “sumado al ajuste y al tarifazo, nos obliga a salir, a unirnos con otros sectores, organizarnos con los estudiantes, porque los golpes del otro lado son muy fuertes”.

Cargill es la cerealera que más facturó en 2017. El despido de los 44 trabajadores se hizo con la excusa de un “cambio de perfiles laborales”, como si los obreros fuesen fichas, sin responsabilidades con nuestras familias y como si fuese sencillo conseguir otro laburo en tiempos de ajuste. De los 44 sólo 10 aceptaron el retiro voluntario ofrecido por la empresa: el resto resiste hasta hoy, continuando fuera de la planta. A esos 34, deben sumarse dos compañeros que estaban en proceso de cambiar sus contratos tercerizados a planta permanente, y también fueron injustamente despedidos.

Ante la respuesta organizada de los trabajadores y su sindicato, hubo un llamado a conciliación obligatoria por parte del ministerio de trabajo de Santa Fe. La patronal no lo acató, y por lo tanto no retrotrajo los despidos a foja cero, como lo indica la ley para formalizar una mesa de negociación entre las partes. Recién días después, cuando el ministerio de trabajo de la Nación decretó la conciliación obligatoria, Cargill aceptó sentarse a dialogar. Aunque, según nos comenta Pozzi, “La empresa envía abogados a la misma, que nada tienen que ver con la producción”.

La conciliación terminó el 16 de Marzo, sin que la multinacional siquiera escuchase la propuesta obrera de “reincorporar y hacer un plan de trabajo de la producción en conjunto para las mejoras que quisieran hacer”. Pretenden mantener los despidos, y por eso los obreros siguen afuera, mientras el sindicato lanzaba medidas sorpresivas con los delegados y trabajadores que quedaron adentro. La multinacional respondió con un lock out patronal de 5 días.

El referente sindical Yofra (presidente de la Federación que aglutina a gran parte de los obreros aceiteros) sostiene que “la decisión de parar la producción no obedece a una razón productiva, sino a una maniobra empresaria en represalia del accionar sindical, que se inscribe en la constante persecución a los representantes sindicales y la creciente intimidación a los trabajadores aceiteros para que desistamos en nuestros legítimos reclamos”. Por eso denuncia “una nueva militarización de la planta en Villa Gobernador Gálvez con la presencia de fuerzas federales de seguridad, que actúan como un verdadero ejército privado de la empresa” (entrevista realizada por redacción Rosario).

En la misma línea Marco Pozzi nos sintetizaba el conflicto desde aquel 16 de marzo hasta el presente: “Hace ya más de un mes que estamos pegando, pegando, pegando, pegando. Hicimos 60 y pico de paros sorpresivos, la empresa hizo un lock out patronal, nos suspendió a todos los trabajadores, hizo persecución sindical adentro con tres compañeros con pedido de juicio de desafuero”. Ante nuestra pregunta, para que no queden dudas de la persecución sindical, nos aclaró: “el pedido de desafuero es para tres de los cuatro delegados de planta y para el compañero de la comisión, que además lo acusan de haber parado la planta”. Y agrega “toda nuestra vida sindical la venimos peleando y no vamos a cambiar ahora, nosotros terminamos con este conflicto cuando lo ganemos y vamos a seguir con las cuestiones de seguridad, vamos a seguir con la reincorporación de compañeros y por agregar más gente al plantel de la fábrica. Es más, estamos preparando cosas para cuando reingresen nuestros compañeros, nos estamos preparando para seguir avanzando tanto en la fábrica como con otros sectores”.

Mientras tanto, a las 6:00 hs de la mañana del día de hoy, 19 de abril, la empresa Cargill retomó la ofensiva y lanzó un nuevo Lock out  en las plantas Villa Gobernador Gálvez y Bahía Blanca, alegando que “no están dadas las condiciones para operar de forma segura”, y suspendiendo a todo el personal sin goce de haberes hasta el 30 de abril.

En todos los medios se anuncia que los aceiteros aceptaron el techo salarial del 15% y otras concesiones a las patronales, tirando por la borda importantes conquistas inscriptas en el Convenio Colectivo de Trabajo. Pero en realidad eso es lo que acordó, únicamente, el Sindicato de Aceiteros de San Lorenzo, dirigido por el referente kirchnerista Pablo Reghera, parte de la CGT San Lorenzo. Nuevamente queda en evidencia el papel que juegan estos sectores políticos, que dicen defender a los y las trabajadores/as, pero que terminan cumpliendo su papel al servicio del capital, con el objetivo de mantener a la clase trabajadora controlada y garantizar su explotación.

Adrián Dávalos, secretario gremial de la Federación, había planteado claramente que “La Federación Aceitera, Los Sindicatos, el Plenario de Delegados y las asambleas que se vienen realizando en todo el país, ratifican sostener el principio fundacional de nuestro sindicato “luchar por un salario mínimo vital y móvil, rechazando el tope salarial de un 15% que intenta imponer el gobierno”. En el marco de esa disputa con las cerealeras y Cargill, la actitud propatronal de la conducción del sindicato de San Lorenzo fue claramente parte de la ofensiva contra la construcción antiburocrática que dirige la Federación Aceitera, desde su recuperación hace ya 5 años.

Las organizaciones del pueblo trabajador debemos rodear de solidaridad y acompañamiento la ejemplar resistencia de los obreros en Cargill y en todo el sector, que no se doblegan ante la ofensiva del capital, luchando contra la punta de lanza de las multinacionales, y también contra el gobierno nacional que juega en la liga del ajuste y el disciplinamiento de la clase trabajadora.

Camilo Napalpí

Sin título-1

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