EDITORIAL

No hay tiempo que perder ante el “reformismo de derechas”

Ante la evidencia de los acontecimientos políticos la realidad pareciera recaer solo hacia un costado: la derecha. Pero las fuerzas revolucionarias tenemos el papel de profundizar en la realidad, analizando sus causas coyunturales y orgánicas, para atravesar la muralla del pesimismo preponderante. Así debemos impulsar nuestro trabajo político, buscando llevar al máximo las reservas morales y éticas del pueblo trabajador, para afrontar la embestida contra nuestros derechos adquiridos y nuestras condiciones de vida. Enfrentar la idea de que estamos perdidos es el primer paso para relanzar la perspectiva de terminar con los males que aquejan a la gran mayoría sobre la que se sostiene el régimen capitalista en nuestro país.

Los principales frentes por delante son la feroz reforma laboral y sus consecuencias directas en varios aspectos del mundo del trabajo. Las reformas que le siguen empeorarían aún más las cosas, atacando el sistema previsional y la asistencia social. Por otro lado se perfilan las reformas del sistema de salud y el educativo, con el recorte de prestaciones mediante la “Cobertura Universal de Salud” (CUS) y las avanzadas mercantilistas y pro-mercado en las evaluaciones estandarizadas de los “operativos” “APRENDER” y “ENSEÑAR”.

 

Además de estos frentes está también el de todos los años, quizás el que más incidencia en lo inmediato tiene para el conjunto de la clase que vive del salario: las paritarias sectoriales. La perspectiva en este terreno es que el gobierno querrá imponer un techo del 10% en las negociaciones colectivas, en simultáneo con el ataque a las bases del derecho laboral,  como se pudo ver en el proyecto de presupuesto para 2018. Es una línea que va a la baja de los salarios, planteado durante el pacto fiscal negociado con los gobernadores y explicitado en el audio que se “filtró”, donde Macri habló del “desfasaje” de los salarios de los trabajadores del Estado con los privados, exigiendo a los serviles gobernadores que aprovechen esta oportunidad para imponer el ajuste y los recortes.

 

El plan de CAMBIEMOS no cierra si no es con ajuste

Luego de anular los impuestos a las ganancias extraordinarias de la burguesía agraria, las grandes exportadoras y mineras, de perdonar deudas millonarias a las generadoras de energía y miles de millones al grupo SOCMA (familia Macri), el gobierno tiene que resolver el deficitario presupuesto en el que resultaron sus decisiones. Sin estos ingresos, apeló a un endeudamiento récord de 40.000 millones de dólares para superar los primeros dos años, una deuda que, con suerte, terminarán de pagar los nietos de nuestros hijos e hijas dentro de 100 años. La mayoría de este dinero se fue en fuga al exterior y en pagos de gastos comunes, y no en inversión pública de infraestructura.

La lluvia de inversiones nunca llegó y lo único que hubo fue lluvia de despidos en el sector productivo y estatal. Por lo tanto el crecimiento de la economía es marginal y el capitalismo necesita seguir tomando deuda. Pero ya ni así cierra… Se les hace imprescindible profundizar los ajustes para pagar los intereses de esa deuda. Por lo tanto el único camino es hacerlo mediante un paquetazo de diversas medidas (tarifazos, recortes de asistencia social, manotazos a la caja de jubilaciones, etc…) para mantener el régimen de riqueza absoluta de unos pocos y todos sus privilegios de clase.  

 

Entre la desmovilización del pacto de gobernabilidad y la disposición a luchar

Desde hace meses venimos señalando que un amplio abanico de sectores políticos, tanto de la burguesía, la pequeña burguesía y de corrientes políticas más populares, enredados en sus contradictorias construcciones de poder, apuestan a una oposición pasiva que mantenga los canales políticos de participación en las esferas de la institucionalidad burguesa. Siempre asustados por el fantasma de la rebelión del 2001, que puso en jaque la dominación de la democracia burguesa y pateó el tablero de las roscas súper-estructurales, estos prefieren ese camino que el de la lucha en la calle, la del protagonismo de miles, actuando, reflexionando, construyendo desde las bases mismas.

En parte porque temen que ese camino ponga en cuestionamiento sus cuotas de poder, y los lleve por senderos que pongan en cuestión incluso el propio sistema social: el capitalismo, su propiedad privada y la explotación de los trabajadores y trabajadoras. Por ello sus discursos, sus alianzas y apuestas son acompañados de un discurso del pesimismo, de que nada puede hacerse más que aguardar a las próximas elecciones. Circunscriben la acumulación política a la lucha electoral, corriendose cada vez más a la derecha para intentar captar esa representatividad.

 

Por otro lado existe un amplio y diverso, aunque aún disperso, campo de organizaciones de todo tipo que tienen alguna experiencia en la lucha social y política. Son grupos con militancia de fuerza popular real que entienden que la oposición a este “reformismo permanente” de Macri, reaccionario y conservador, sólo puede ser desequilibrado si abonamos a todos los campos de acción, y no solo al electoral. Por tanto debemos poner mucho más peso en la lucha callejera, en los lugares de trabajo y en los medios de educación-información a nuestro alcance. Ese es el terreno fundamental para vencer, sobre todo en esta re-colonización del campo electoral por una derecha modernizada que le fue encontrando la vuelta al sistema democrático burgués y pone gran empeño en los aparatos de comunicación modernos, con su inmensa eficacia en la construcción de sentido común.

 

El PROgrama ante la Crisis de la tasa de ganancia y la recesión mundial capitalista

En un contexto de crisis desatada por el estallido financiero de fines de los 90, el movimiento social, centralmente la masa de desocupados y excluidos del sistema productivo, derrotó la continuidad de la primer gran oleada neoliberal. Tras el 2001 surgió en Argentina el neodesarrollismo, apoyado en el auge de las commodities, y presionado por la masa popular tomando las calles y repudiando la política que los había llevado a la carestía. En toda Latinoamérica se vivió un período de crecimiento capitalista, con diferentes enfoques según cada proceso particular en cada país, pero en general con el denominador común de tener su origen en grandes movilizaciones populares, muchas de ellas de carácter insurreccional.

Las contradicciones del sistema imperialista se continuaron agudizando y las tensiones entre los países centrales y dependientes, como el nuestro, se profundizaron. La debacle del kirchnerismo no sólo fue fruto de la corrupción o la verborragia de una líder que a muchos/as irritaba. Su derrota fue la de una utópica teoría, que sostiene como posible y deseable formular un proyecto capitalista independiente, con autonomía relativa, sin poner en cuestión el mismo sistema imperialista.

 

Ante la debacle de aquel proyecto que intentó sostenerse sobre el consumo interno, Cambiemos llegó para liberar todas las fronteras y aceptar la plena imposición del poderío yanqui. Es un neocolonialismo tan explícito que Macri ni siquiera se anima a quejarse ante ataques brutales de EEUU, como la restricción a la exportación de biodiesel argentino. Es que, como el sistema sigue en crisis, la única resolución para ellos es apoyar una enorme transferencia de riqueza desde quienes la generan, los/as trabajadores/as, hacia los que se la apropian sin trabajar, la burguesía, y desde los países dependientes (como el nuestro), hacia las potencias imperialistas. De acuerdo a sus planes esto no cambiará, como mínimo, durante los próximos 10 años, ya que la recesión mundial vino para quedarse. O sea, si no revolucionamos las cosas, serán los pueblos quienes sufrirán las crueles consecuencias de este proceso.

 

Nuestro deber, nuestras tareas

Sabemos producto de la historia de nuestro pueblo, que de generación en generación vamos realizando experiencias e intentando liberarnos de las cadenas de opresión que cada etapa histórica contiene. Esa es la fuerza que debe alimentar nuestra moral y es la experiencia que debe nutrir nuestras ideas. Comprender la etapa que vivimos nos permitirá ver la coyuntura como un episodio de esa historia que nosotros mismos construimos, y que no está escrita de antemano.

El camino revolucionario comprende saber superar las dificultades de cada periodo. Hoy debemos consolidar las organizaciones en todos los planos y aspectos, pues la batalla por delante no es simple ni rápida. Debemos comprender que no son tiempos donde podamos crecer rápidamente, pero sí donde tenemos que impulsar políticas de alianza y unidad en la lucha. El campo de acción no está del todo claro, más allá de las obviedades como los sindicalistas empresarios que hoy dirigen la CGT, pactando la entrega de los derechos laborales, o los amagues de oposición de muchos sectores políticos que terminan votando las leyes regresivas del gobierno.

La tibieza y pasividad del kirchnerismo es evidente, y expresa dónde la ex presidenta quiere construir y para quiénes es su proyecto. Debemos dar el debate con sus bases y demostrar en la práctica el camino para derrotar el programa neoliberal y enfrentar al imperialismo.

La izquierda  trotskista está todavía contando los votos que sacó en las elecciones y sigue en su auto referencialismo recargado, convocando a actividades para auto-afirmarse como única izquierda “seria”, en vez de convertirse en eje convocante de los que estén dispuestos/as a luchar.

Está claro que debemos seguir alentando en cada lugar a organizarse para resistir. Impulsando los debates y no cayendo con recetas proféticas. Haciendo un llamado a la dignidad de nuestros trabajadores y trabajadoras para que no perdamos conquistas que han costado vidas a las generaciones pasadas. Debemos ampliar nuestro campo de intervención llegando al sector industrial, que tiene un rol fundamental, sin descuidar el terreno ni dejar de consolidar lo construido.

 

No hay posibilidad de ganar las batallas por delante sino construimos organización para luchar, ideas para cohesionar y una moral para marcar el camino.

 

Y SEGUIMOS EXIGIENDO:

Justicia por Santiago Maldonado: el Estado es responsable

Libertad para todas y todos los y las presos/as políticos/as

No a la criminalización de la protesta social

Unidad de los/as  trabajadores/as y el pueblo contra la reforma laboral

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