EDITORIAL

Algunos elementos para pensar cómo ganó Cambiemos

 

 

El electorado está compuesto por simios con sueños racionales que se movilizan emocionalmente. Las elecciones se ganan polarizando al electorado, sembrando el odio hacia el candidato ajeno… Es clave estudiar al votante común, poco informado, ese que dice “no me interesa la política”… El papel de los medios es fundamental, no hay que educar a la gente. El reality show venció a la realidad…”

Jaime Durán Barba (principal asesor político del presidente Macri)

A pesar de que los resultados electorales del domingo no resultaron sorprendentes, caben varias preguntas y reflexiones sobre la política que nos toca enfrentar. ¿Cómo un gobierno que ajusta, empobrece y deja sin trabajo a miles supera con un candidato como Esteban Bullrich a CFK, uno de los mejores cuadros de la política peronista en décadas, con una importante referencia tras su paso por el gobierno? No sólo eso, sino que incluso le ganó en muchos distritos históricos del peronismo, entre ellos los más pobres. Brevemente podemos enumerar no sólo la potente influencia de los medios masivos de comunicación, su propaganda incesante y su trabajo de demolición, la importante despolitización en grandes sectores de la sociedad, sino también los manoseos, abusos, atropellos y corrupción a cara descubierta del kirchnerismo y el conjunto del peronismo en el poder durante años.

Sobre estos elementos evidentes y casi vertebrales de su quehacer político cotidiano, el macrismo trabajó y trabajó, para construir un anti kirchnerismo acérrimo en un sector importante de la población. Y no sólo entre sectores acomodados o de clase media, también logró penetrar en gran parte de los sectores más pobres.

El ejemplo del Pata Medina (Secretario General de la UOCRA), y también el de Milagro Sala son ilustrativos de la táctica del macrismo: el Pata Medina es un mafioso reconocido ampliamente por los trabajadores y la población en general en La Plata, Beriso y Ensenada, con la patota y la corrupción como recursos indispensables de su accionar. La base de su poder como burócrata sindical, eran las condiciones de trabajo y salariales de los obreros de la construcción en la región bajo su influencia. Las coimas cobradas a las empresas para cualquier construcción eran muy importantes, y el enriquecimiento del Pata y sus principales allegados, indiscutible -como el de Moyano digamos, por lo evidente-.

La corrupción es verdadera y los manejos mafiosos también, pero el objetivo de fondo es debilitar el poder sindical. El ataque al Pata Medina debe ser interpretado como una de las medidas preliminares o el paso a paso de la reforma laboral que se viene, que tiene como objetivo bajar lo más posible el costo de la fuerza de trabajo, es decir los salarios, mediante el desmantelamiento del andamiaje legal que tibiamente la protege de la voracidad patronal. Sin embargo, la medida no sólo fue ampliamente popular en La Plata -salvo entre una parte de los trabajadores de la construcción- sino que para los sectores de izquierda, aun sabiendo que significa un ataque contra las condiciones laborales y salariales de la clase obrera, porque es un personaje indefendible.

Por Milagro Sala se podría haber esperado una respuesta popular de masas importante en su provincia, si tenemos en cuenta el desarrollo del movimiento que encabeza, pero eso no pasó. El arco de las organizaciones de izquierda o sindicales combativas se vio en la contradicción de pedir por su libertad, conscientes de que significa un ataque ilegal y ejemplificador hacia el conjunto del campo popular y movimientos sociales, pero sabiendo y, en el caso de las organizaciones de Jujuy, sufriendo, las políticas mafiosas de la misma.

Con esta habilidad, cual jugador de ajedrez, explotando los puntos débiles y más impresentables del kirchnerismo, Cambiemos trabajó la polarización y le construyó un techo de “concreto”, por ahora al menos, a las aspiraciones de Cristina Fernández, y utiliza la misma polarización como cobertura política para la ofensiva contra los derechos ganados de las clase trabajadora y los sectores populares en general.

 

La aparición del cuerpo de Santiago, una decisión fríamente calculada

Este blindaje mediático, y el aprovechamiento del antikirchnerismo en el que trabajó sesudamente, le permitió que ni siquiera la desaparición y asesinato de Santiago Maldonado afectaran su efectividad electoral. La cantidad de justificaciones y argumentos en favor del gobierno y de la gendarmería que pudimos escuchar en la calle estos días, reproducidas por gran parte de la población, dan una muestra cabal de la potencia del despliegue. Basados en el conjunto de datos de la causa, el encubrimiento entre funcionarios, las contradicciones con sus posteriores montajes gubernamentales y la línea discursiva del gobierno, nos parece evidente que la aparición del cuerpo de Santiago a pocos días de las elecciones fue una decisión fríamente calculada del mismo gobierno nacional, con encuestas en mano. ¿Qué fuerza le queda a la consigna FUERA BULLRICH después de la rotunda victoria electoral? ¿Y qué estado de ánimo cunde entre las fuerzas populares, progresistas, de izquierda, kirchneristas y activismo en general?

El triunfo electoral, no sólo tapa en las noticias el caso de Santiago y la búsqueda de verdad y justicia para su familia y el pueblo, sino que pretenden se pierda en los pasillos de la justicia dando un revés durísimo a los luchadores populares en general. Dividió en la acción a todos quienes se venían movilizando por su aparición con vida: si se moviliza o no antes de las elecciones, dónde poner la fuerza, el miedo, el terror… ganando terreno el gobierno…

El kirchnerismo otra vez mostró una de sus peores prácticas: viendo la maniobra del macrismo, que le restaba fuerza en el último y desesperado tramo final de la campaña, en vez de hacerse cargo de que prefería destinar su fuerza a repartir boletas y asegurar votos, coherente con su línea de sólo resistir en las urnas, inventó una novela de internas y salió a meter miedo para levantar la movilización. Hablaron de una posible brutal represión, de un estado de sitio y de una especie de golpe al parlamento y suspensión de las elecciones… todo pidiendo por favor a la gente que no vaya a las movilizaciones. Lamentablemente sus bases y gran parte de su influencia social realmente se lo creyeron, pero no tenemos dudas que su dirección no.

Resultado: Bullrich parece intocable ahora, el gobierno más fuerte que nunca, una parte del activismo con más miedo, muchos desmoralizados y desorientados, y un porvenir en lo inmediato poco alentador.

Está claro que la propuesta de resistencia pasiva que nos propone el kirchnerismo, reducida a solo votar cada dos años, no nos lleva ni a la esquina. Los pocos frenos o condicionamientos que se le han impuesto a los embates de Cambiemos han sido a través de grandes movilizaciones: esto es un claro dato de la realidad y no una postura dogmática.

Ahora vienen por grandes reformas antipopulares en el régimen laboral -que pueden llevarse a cabo desde los convenios colectivos o en el parlamento, según la correlación de fuerzas en general y por sector-, reformas en educación y salud, aumentos de tarifas, nafta, etc. ¿debemos esperar dos años hasta las próximas elecciones para intentar frenar esta batería de medidas? El miedo a la respuesta popular en las calles, es un miedo de todas las clases dominantes y sus personeros políticos, incluidos el peronismo y el kirchnerismo, aunque hoy estén en la “oposición”. Una oposición mucho más que responsable…

 

Ciclo del endeudamiento y déficit de divisas

En los últimos dos años, el gobierno aumentó la deuda externa de 73 mil millones de dólares a 128 mil millones aproximadamente, y con condiciones impensadas como la deuda a pagar por 100 años. El endeudamiento ha sido, hasta ahora, la forma de mantener cierta estabilidad de la economía. La poca reactivación del consumo de los últimos meses y la cierta estabilidad del dólar han sido en base al endeudamiento y no en base a la inversión en la producción. De hecho prácticamente no ha habido inversiones, o son casi insignificantes, al contrario, más del 40 % de las divisas que ingresan por deuda se van en fuga de capitales. Los empresarios de todas las ramas piden una fuerte “flexibilización” (o supresión) del derecho laboral y una importante baja en los costos de mano de obra como condición para hacer alguna inversión.

Es más que probable que si logran sus objetivos, igual no hagan ninguna gran inversión productiva, porque ya habrán logrado un fuerte aumento en sus ganancias, y no tienen la costumbre de asumir riesgos. Pero el endeudamiento crece aceleradamente y con él las cuotas, suavemente llamadas “servicios de la deuda”, que se deben pagar. Por lo tanto pagar el alquiler con créditos de un “Dinero ya” no puede terminar más que en una bola de nieve, de deuda en este caso, impagable incluso con el más brutal ajuste que quieran llevar adelante. Eso más o menos pasó en el 2001, pasó en Grecia hace un par de años, y parece ser el final del túnel de Michetti.

 

¿No tiene límites?

Ante un escenario tan desalentador, donde ni siquiera la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado torció la opinión de gran parte del electorado, todos nos preguntamos si hay forma de ponerle freno a esta ofensiva.

Cambiemos logró instalar masivamente que el ajuste es indispensable para que la economía argentina reciba inversiones y salga adelante. Esta idea  del “ajuste doloroso pero necesario + esperanza”, que levantaron por igual en sus tiempos Carlos Saúl Menem  y Fernando de la Rúa, se ha instalado nuevamente y ha sido hasta ahora un hueso duro de roer para las organizaciones y sectores que intentan frenar el ajuste. Este discurso no ha resultado nunca con eficacia permanente en nuestro país para ningún gobierno. Probablemente sea eficaz un tiempo, pero su propia política de miseria y hambre le pondrá límites. Los globos, promesas y sonrisas no se comen, ni pagan el alquiler. Pero el pueblo desesperado y sin alternativas puede terminar en soluciones más a la derecha, como la historia ya se ha encargado de mostrar en algunos casos.

Cualquier gobierno, incluso uno que arranca con gran apoyo popular va sufriendo en el transcurso del tiempo un desgaste. Pero no estamos como para esperar un desgaste natural… Será central que ante cada iniciativa anti-obrera y anti-popular, la resistencia le infrinja los mayores costos posibles al gobierno directamente o a sus colaboradores de la burocracia sindical. Resistir lo más agrupados que podamos, desgastarlo en cada lucha y acumular fuerza propia para revertir en el mediano plazo o lo antes que se pueda, la correlación de fuerzas. Polemizar y traccionar a la calle a los sectores que dudan, sobre todo kirchneristas o filo-kirchneristas, que asumen la resistencia pasiva. Es para tener en cuenta que este sector sólo se movilizaba ante conflictos vinculados con los Derechos Humanos, hasta la aparición del cuerpo de Santiago. Evitando por todos los medios movilizar en sectores de trabajadores, mucho menos en aquellos vinculados directamente a la producción, porque el kirchnerismo busca ratificar hacia el conjunto de las clases dominantes, que son una propuesta con más cintura, viable, capitalista, y los mejores garantes de la gobernabilidad.

Los límites del macrismo, tanto en la profundidad de sus reformas reaccionarias, como de su estadía en la Rosada, se van a definir por las consecuencias del ajuste brutal, en combinación con  la velocidad con que las fuerzas populares se construyan, recuperen sindicatos, y se desarrolle una progresiva resistencia en las calles, en simultáneo con una batalla de ideas que haga frente al discurso que el gobierno ha logrado instalar. El momento es de resistencia, de sostener las organizaciones políticas y sociales, que debemos adecuarnos a la nueva situación y aprender a enfrentar más eficazmente las políticas de gobierno, no solo de reformas anti populares sino sus políticas culturales, su discurso, su construcción sobre el sentido común. Que responde con sonrisas y “disculpas” ante denuncias gravísimas, o cuando queda en evidencia en medidas que generan fuerte rechazo popular, mientras fogonea desde los medios de comunicación el odio, el miedo, y las mentiras más descaradas.

Debemos aprovechar todos los medios al alcance para desplegar un fuerte batalla cultural y de ideas, pero no podemos caer en adaptarnos o mimetizarnos con los tiempos que corren, o precisamente con los discursos que corren. Debemos hacer la diferencia, con nuestra identidad, con nuestras banderas en alto, y con nuestros argumentos e ideas políticas más precisas, profundas y a la vez accesibles a la clase trabajadora y al conjunto de los sectores populares.  Debemos instalar y masificar nuestras propias ideas fuerza, nuestras propuestas artísticas y culturales, nuestros discursos. Esforzarnos por llegar a las masas con nuestra propaganda no puede ser vaciar de contenidos ni adoptar la “cara de felicidad” como estrategia comunicativa. Insistimos, debemos hacer la diferencia.

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